16 de noviembre de 2012

Los escaparates

Hoy nos hemos ido de excursión. Temíamos que nos fuera a llover, porque la idea era comernos el bocadillo en el campo, cuando termináramos la vista al Museo de las abejas, en Poyales del Hoyo. Pero ha hecho un día fantástico, un día de otoño, con cientos de tonos de colores en el campo y pequeños arroyos que se abrían paso a través del verde intenso de la hierba. La mujer que nos ha recibido, nos ha enseñado cosas interesantísimas de la vida de las abejas -una vez más, una auténtica lección de otros animales, distintos a nosotros, que saben cómo organizarse para vivir en sociedad-.

Pero a mí lo que más me ha gustado no ha sido eso. Al despedirme de ella:

— Muchas gracias por todo. Ha sido muy interesante; hasta los pequeños te han estado escuchando.

— Gracias a vosotros. La verdad es que da gusto con un colegio así. El otro día vino uno que....

Y eso, aunque los maestros disimulemos, nos encanta que nos lo digan. Es como cuando yo le digo a mi moto que es la mejor de todas. Le encanta que se lo diga (y es verdad).

Después, mientras comíamos tranquilamente el bocadillo sentados en una tapia de piedra, alguien me ha preguntado:

— Profe, ¿vas a escribir en tu blog este fin de semana?

— Pues no lo sé, la verdad. El caso es que tengo una historia sobre los escaparates...

Hemos vuelto al cole, sin novedad (contando enfermizamente a todos, antes y después de entrar en el autocar (e incluso durante el trayecto...). Hay que entender que llevamos niños de todas las edades, incluidos los de tres años; aún así, excepto alguna pregunta de "¿Cuándo viene mi mamá?" de vez en cuando, incluso ellos han disfrutado de un día en el campo, y han visto a la abeja reina. Y ahora saben que es más grande que las otras, las obreras (por no mencionar la vida de los zánganos, que se queda para los medianos y mayores...).

Así que aquí tenéis lo que se me ocurrió el otro día con lo de los escaparates.

Los escaparates han sido muy importantes en mi vida. Pero no me había dado cuenta hasta hace muy poco tiempo, apenas unos meses. Aquí, donde vivo, no hay apenas escaparates, y los echo de menos. El único escaparate que merece la pena es el del Reviejo, una ferretería del pueblo que te atiende de verdad, a la antigua usanza, entendiendo y resolviendo tu problema (trata de explicarle al chino, en español, que lo que necesitas es, por ejemplo, un paquete de pelos de segueta). Aún así, debería cambiarlo de vez en cuando, ahora que no me oye. Aunque fuera con las mismas cosas, pero cambiadas de sitio. La Dremel, a la izquierda, y la máquina esmeril, a la derecha. Así yo tendría excusa para quedarme más rato allí, mirándolo. Porque me he pasado más de media vida mirando escaparates. Os podría contar muchas historias mías, historias sobre escaparates, pero se me me ha ocurrido contar las dos primeras que recuerdo, es decir, mi dos primeros escaparates, y el último.

Mi primer escaparate

Estaba en la calle Rafaela Ybarra, casi esquina con Marcelo Usera. Era un tienda de deportes que también tenían juguetes. Tenía dos escaparates enormes, uno a cada lado de la puerta. En el de la izquierda tenían el traje de la selección española (sin estrellita, para la estrellita quedaban aún más de cuarenta años). A la derecha, delante de mis narices, y a la altura de mis narices, había una cartuchera plateada, con una pistola a cada lado. Sólo faltaba el sombrero de cow-boy, pero eso ya lo tenía. Quería tener aquellas pistolas. Y cada día, al ir, pero sobretodo al volver del colegio, me paraba delante de las pistolas, porque de forma inocente pensaba que si lo deseaba mucho, mucho, al final terminarían en mi cintura. Me las compró mi tía Cari. Y fui enormemente feliz aquel día. Ojalá pudiérais verme caminar con las piernas arqueadas por Marcelo Usera, con las manos en las cartucheras, listo para la acción.

Fue la única arma que he tenido. Nunca más me dio por tener otra.

Mi segundo escaparate

El segundo escaparate que recuerdo realmente no era mío, quiero decir, no me paraba yo a mirarlo, sino que era mi padre quien se paraba. Y yo de la mano con él. Estaba en la Gran Vía, y tenía una moto enorme. Una moto que no se veía por la calle, algo tan espectacular, que parecía mentira. Pero era una moto de verdad, con todos sus detalles, a menos de un metro de nosotros. Estoy seguro de que ni siquiera era una tienda de motos. La moto estaba allí, en el escaparate, tratando -y consiguiendo- llamar la atención de los que caminaban por allí. Aquella moto estaba allí para que la gente se parara a verla. Para eso están los escaparates, para que la gente se pare a verlos. Mi padre y yo pasábamos mucho rato allí - aunque parezca increíble, en aquellos años era normal ir de vez en cuando por la Gran Vía- y cada vez que pasábamos yo sabía que nos pararíamos a verla. Él quería verla, y yo también. Me fascinaba aquella moto, con esos enormes reposapiés, aquel faro redondo y aquel asiento de cuero de color blanco. Nunca supe a quién nos gustaba más, si a mí, o a él.

El último escaparate

El último que recuerdo, fue mucho antes de venirme aquí a vivir. Está en la calle San Bernardo, y es una tienda de motos. Allí vi a La Goldwing por primera vez. A un metro de mí. Nunca más habrá algo tan bonito en un escaparate.

Ya no hay escaparates. Odio los centros comerciales.








16 de octubre de 2012

Google y Apple maps

Solo tengo un alumno que me pregunta todos los días si he escrito en mi blog. Pero solo por un alumno merece la pena hacer el esfuerzo. Tengo un lector. Así que aquí estoy, escribiendo el día del fallo del Premio Planeta. Un año más que me quedo sin recibirlo, y sin merecerlo.

La tristeza

Hay una cosa que no viene en el libro de Cono, en la unidad de la que tenemos el examen el próximo jueves: la reproducción humana. Cuando en el libro se menciona que en la pubertad comienza a aparecer vello en las axilas y todo eso, también hay una cosa que sucede, tanto a los chicos como a las chicas: a veces nos ponemos tristes. Y no solo eso, sino que a veces, solo a veces, nos ponemos tristes aposta. Eso no lo pone en el libro, pero lo sé yo, porque me acuerdo. Lo sé por propia experiencia.

Coincidía normalmente con la llegada del otoño, con el campo de fútbol lleno de hojas, cuando las chaquetas se olvidan en el colegio porque por las mañanas hace frío y por las tardes calor. Era en esa época donde los nombres de los amigos que habíamos conocido durante el verano empezaban a desaparecer de nuestra memoria, de nuestro disco duro. Se te olvidaban algunos nombres y caras, pero tenías muy presente alguna cara, y algún nombre. Aunque no volvieras a verla hasta el verano siguiente.

Comenzabas a darte cuenta de que es precisamente en el verano cuando de verdad aprendes las cosas importantes, no en el cole. Las cosas verdaderamente importantes para la vida ocurren siempre durante el verano, no se trata solo de lamentarse del colegio. En el colegio aprendes lo de los sinónimos, lo del cigoto, o lo de I don't like mushrooms. Y durante el verano aprendes a vivir.

Yo siempre me ponía, y aún lo hago (cuando estoy solo), una canción, para estar más triste aún. Me la ponía aposta. Era una canción que había conseguido traducir, que decía "Tienes un amigo". Ya la conocéis, porque la cantamos en el Festival de Navidad del año pasado. Esa de "Winter, Spring, Summer or Fall, all you have to do is call..."

Y miraba al globo terráqueo, buscaba el Océano Pacífico, y navegaba hacia alguna isla desierta. Mi dedo seguía lentamente el rumbo, por los cuarenta rugientes. Yo iba firme al timón, dispuesto a ser el primero en pisar aquella remota isla. Nada más llegar, construiría una cabaña de troncos, y nadaría junto a los delfines durante todo el día. Me alimentaría de cocos, y de peces. Principalmente de salmonetes. La llamaría la Isla del Barón-Varón. Como Bora-Bora.

El caso es que a veces, te pones triste. Y a veces sin saber por qué.





20 de septiembre de 2012

Remiendos de canciones

Esta mañana me preguntábais en clase si había escrito en mi blog. Ya os he dicho que no, que no me había dado tiempo. Pero es precisamente de eso de lo quiero hablar, es decir, escribir: del tiempo.

El tiempo atmosférico

Septiembre es un mes maravilloso. No hay turistas en el pantano (y, por tanto, no hay graves accidentes), y casi no pasan coches por la carretera. Estoy sentado en la terraza de casa, escribiendo con el IPad; la temperatura es perfecta, y la luz también. Son las 19:45 pm, y la tarde comienza su lento final. Esperad, hago ahora mismo una foto (con el Ipad) y cuando termine esta entrada os la pongo. Ya me quedan pocos días para comer en casa, pronto volveré a la fiambrera (al menos a mí no me cobran por llevarla), por eso

El tiempo no atmosférico

... es muy importante que aprendáis a disfrutar de vuestro tiempo. Sí, ya sé que eso no tiene sentido. Cuando me lo decían a mí a vuestra edad, también me sonaba a chino. "¿Que quiere decir eso? ¿Cómo se hace? ¿Como voy a disfrutar de mi tiempo, si tengo mogollón de deberes? Disfrutaré de mi tiempo, cuando tenga tiempo. Ahora no tengo tiempo de disfrutar de mi tiempo."

Y es que eso no lo sé explicar. Que os lo expliquen vuestros padres (si es que pueden).

De manera que la historia esta que voy a contar, no es para vosotros (aunque podéis leerla, claro). Es para las personas de mi misma generación, de mi tiempo. Les escribo a ellos porque, como son de mi tiempo, me entienden bien, y no es necesario que me ponga a explicarlo en la pizarra (digital y analógica, que en mi cole tenemos las dos).

Esta mañana, como no soporto las noticias, le he dicho a Aleatorio que pusiera música. No lo podía soportar, hablaban de que algún político había criticado a Santiago Carrillo. Un señor que murió ayer. Y Aleatorio, que algunas veces me da hasta miedo de lo bien que me conoce, me ha puesto una canción en inglés, de Bob Marley. Redemption song. Una auténtica maravilla de canción. Un poema.

Ah, qué tiempos. Volvía a casa, por Marcelo Usera, cuando vi un montón de coches, tocando el claxon, con banderas por fuera de las ventanillas. Paraban, se bajaban de los coches, daban abrazos a los desconocidos y volvían a subir a sus coches. No era el fútbol, aquella fue la primera vez en mi vida que era testigo de una alegría colectiva, más allá de algún acontecimiento deportivo. Por alguna razón que aún no logro explicar, llegué a casa y no se lo conté a mi madre, de manera que tardé mucho tiempo en saber por qué aquella gente estaba aquel día tan contenta: aquel día se legalizó el Partido Comunista.

Como cuando llegaron a mi altura, yo también choqué la mano, y también saludé como lo hacían ellos, siempre pensé que ya me había afiliado. Tendría diez años, la edad de mis alumnos. Qué tiempos.

None but ourselves can free our minds.

Have no fear for atomic energy,

'Cause none of them can stop the time.

How long shall they kill our prophets,

While we stand aside and look? Ooh!

Some say it's just a part of it:

We've got to fullfil the book.

Won't you help to sing

This songs of freedom-

'Cause all I ever have:

Redemption songs;

Redemption songs;

Redemption songs.

 

13 de septiembre de 2012

Mi verano

Como director del mejor periódico del mundo –me mola un montón este cargo, pero porque me he nombrado yo–, he intentado evitar que los temas "Mi verano" se repitieran. Nos debemos a nuestro público, y si queremos tener más lectores –yo sí, porque por eso soy el director–, no podemos aburrirlos con lo que se ha hecho este verano (a no ser que te hayas ido con tu chico a Thailandia y Birmania). Además, y ahora os lo digo como periodista de internet, escribir sobre lo que ha pasado durante dos meses es muy difícil. Al final acabas contando sólo lo que hiciste el primer de día de vacaciones... y el último. Y no se te ocurre escribir de casi nada. El truco está es no intentar contarlo todo, concentrarse sólo en una cosa, aunque quizá no haya sido la mejor, ni la más importante.


Morgana, Lucera y La Goldwing, en ese orden, por una carretera entre árboles muy frondosos (entre frondosos árboles, vaya) a la derecha y a la izquierda. En pleno mes de agosto, veo un río a la derecha. Un río con agua. Con un montón de agua. Vamos despacio, La Goldwing, a puntita de gas.

La Goldwing:
— Mira, un río. Pedazo de río.

Yo:
— A ver, espera un poco que crucemos ese puente. Seguro que ahí pone el nombre. El Porma. Que maravilla. Te digo una cosa, yo veo a Lucera y a Óscar cada vez mejor, de verdad. Los veo que se miran y eso. Cuando paramos y cuando arrancamos.

La Goldwing:
— Buá, ¿y ahora te das cuenta? ¡Pero si se tiran media hora para aparcar! Cada vez que paramos... ¿tú te has dado cuenta? Ahora te pongo aquí, pero no, mejor aquí. Que te pongo la pata de cabra, que no, que mejor no, que mejor el caballete. ¡No ha sacado la bayeta porque estábais Alberto y tú!

Yo:
— Tú te llevas bien con ella, está claro que sois Honda.

La Goldwing:
— No empieces con eso. Yo no voy de "Triumph por la vida", más preocupada de cómo sueno de ver cómo ando. Yo soy una Goldwing. No necesito decir nada más. Si Lucera es el IPhone de las motos, estás subido en el Mac.

Yo:
— Tienes razón. Ah, espera que voy a apoyar los riñones.. ah... ya. Bueno en fin, lo de Morgana y Alberto... eso está ya clarísimo. Ya, ni lo disimulan. Si hubiera un MOTOCICLISMO con sección de corazón, ellos habrían salido en portada.

La Goldwing:
— Bueno, lo que me contaste del traje blanco ese, como el de Richard Gere, que viste en su armario es alucinante. Oficial y Caballero en León. No te digo nada.

Yo:
— He llegado a pensar que eligió a Morgana por esa peli. No es ninguna barbaridad. Somos lo que vemos. Yo sigo hablando del reverso tenebroso en clase (es mi discurso de apertura. Un discurso para el curso).

La Golwing:
— Empieza el Puerto de Pajares. ¿Por qué no pones un poco de música? Hace un día increíble. Temperatura perfecta. Asfalto perfecto, cero baches.

Yo:
— Buena idea. Para eso llevas un Ipod. Mi Ipod. Mi música. Aleatorio, dale.

(y aleatorio pincha...

Tu madre no lo dice, pero mira mal,
quien el chico tan raro
con el que vas.
Cuando yo estoy delante,
me trata muy normal,
y a solas te imagina un novio más formal.
Cualquier noche, los gatos
de tu callejón,
maullarán a gritos esta canción....)

La Goldwing:
— Porque yoooo, tengo una bandaaaaa de Rock and Roll. ¡Dale Lucera! ¡Enséñale a esa inglesa cómo se sube Pajares!




12 de septiembre de 2012

A ver quien es el primero que lo cuela

Este blog, que no tiene muchos lectores pero sí muchos años (al archivo del blog me remito), nunca ha pretendido llamar la atención sobre la actualidad, sino más bien ser uno más de esos blogs que escriben los maestros –me consta que ya somos muchos–, sobre su propio trabajo. Es ese tipo de blog donde se evita polemizar, no tanto por el miedo a hacerlo, sino por la sensación de que resulta inútil. Podría comentar lo del tupper, la ausencia de becas de libros de texto, o mil cosas más. En el fondo, y hablando de mi caso particular, no quiero comentar todas esas cuestiones aquí porque, de vez en cuando, mis alumnos leen esto, y ellos son los únicos que no tienen culpa de nada.

Así que, siguiendo la vieja máxima del maestro –quizá la única que de verdad funciona–, voy a predicar con el ejemplo. En mi clase, la clase de los mayores, vamos a empezar escribiendo nuestro primer artículo. Antes incluso que la primera lección de Lengua. Tanto los antiguos medianos (que se han convertido en mayores) como los mayores (que ya están en 6º, último año como periodistas) ya están preparando su primer artículo del año. Haremos el número 16, desde que empezó. En números romanos –ya os lo enseñará Fernando, aunque deberíais saberlo–, se pone así: XVI. Dieciséis números del mejor periódico del mundo, quién lo diría. Hay ya artículos vuestros donde podemos ver cómo crecéis tan solo viendo la foto que aparece cada año.

Como sabéis, hoy he tenido que ir a Leganés, a una reunión con los jefes. Espero que os hayáis portado bien en mi ausencia: mañana me enteraré. Después de comer he ido a un centro comercial que tiene una tienda de Apple. Tenía sólo diez minutos, lo justo para entrar en la tienda, abrir un navegador en uno de los Macs grandes que tienen, y dejar nuestro periódico a toda pantalla. Lo hago siempre. Un día soñé que estaba en el despacho de la Casa Blanca, con el presidente de Estados Unidos, y le decía:

— Señor Obama, ¿ha visto esto? Es un periódico en internet que tienen los niños de un pueblo de Madrid, en España.

Luego he salido y he preguntado en la tienda Adidas que cuánto valía el balón de la Champions. Diecinueve eurazos. Lo he comprado, así que por favor tened cuidado con  él. A ver quien es el primero que lo cuela.

¡Buen curso a todos!

21 de junio de 2012

Los cordones

A pesar de que, a mi edad, debería contar con muchos más años de experiencia como maestro, comparado con los compañeros de trabajo de mi generación aún soy nuevo en esto... aunque ya no tanto. Aun así, y teniendo en cuenta que estoy mucho más cerca de la edad de la jubilación que de aquella primera vez en el Pan Bendito, comienzo a ver algunas cosas muy claras de esta profesión.


Yo tenía apenas veintidós años cuando terminé mis estudios de Magisterio; veintitrés recién cumplidos cuando desde Vitrubio me enviaron al CEIP San Cristóbal, en el Pan Bendito, " a cubrir una baja a una maestra con baja médica, por ansiedad". La  plaza era como interino profesor de inglés, lo que, en aquel colegio y en aquel ambiente, era toda una paradoja (The Holly Bread, lo llamábamos). Tengo ahora, como mis alumnos saben, cincuenta y uno, de manera que ya aquellos días quedan muy lejos. España no era un país con autonomías, sino con provincias. Aute triunfaba en el grupo de amigos, donde se escuchaba con devoción a Vainica Doble, Alberto y Claudina Gambino, Luis Pastor, Pablo Guerrero, Olga Manzano y Manuel Picón, Javier Krahe... España perdía siempre al fútbol (y a casi todo) y los trabajos para la escuela de Magisterio tenías que escribirlos en aquella Olivetti, usando unos papelitos especiales (Tippex) para borrar los frecuentes errores. Trabajos de Lengua, de Ciencias Naturales, de Expresión Plástica, de Matemáticas, de Pedagogía, de Psicología Infantil...

Hoy ha venido el mago. Hemos reunido en mi clase a los niños de La Casita, -sentados con sus educadoras en colchonetas-, los pequeños, los medianos, los mayores y los profes. Para celebrar el fin de curso, y como último acto subvencionado con el dinero del premio, hemos contratado a un mago, en una sesión sólo para nosotros: los del cole. Y ha sido genial, absolutamente genial. Me temo que el año que viene no habrá dinero para contratarle, pero estoy seguro que se ganará muy bien la vida. Se llama Enrique García Vivanco, un joven artista que es músico, y mago (aunque quizá sea músico porque es mago). Es la primera vez en mi vida que contrato una actuación -y tal y como están las cosas, me temo que también la última-, pero me alegro mucho de haberlo hecho. Me alegro de haber compartido con mis compañeros de trabajo (incluidas las de La Casita) y mis alumnos (tengo a todos, pequeños, medianos y mayores) el espectáculo de un artistazo.

Señores Inspectores de Educación, Directores Territoriales, Responsables de Formación... aunque sea para los sexenios, lo que debe aprender uno en Magisterio, desde el primer año, es a hacer magia. Si además tocas el violín (y suena una ambulancia, o los bomberos, o un pájaro...), pues mejor que mejor.

Ha salido de clase, cuando ya estaba preparado, de forma que he entrado, y haciendo de director del centro -que me encanta-, he dicho con voz muy alta:

- ¡ALUMNOS Y ALUMNAS DEL COLEGIO CARLOS RUIZ! 

(Pausa. Los pequeños de La Casita -los superpequeños- mirándome absolutamente alucinados.)

- ¡CON TODOS VOSOTROS... ENRIQUE GARCÍA VIVANCO... EL MAGO!

Y Enrique ha entrado tocando un extraño violín (un violín eléctrico), al tiempo que distraídamente le ha dado a un mando a distancia para que comenzara la música. Mientras tocaba, los niños -de todas las edades- no paraban de abrir la boca mientras trataban de saber de dónde salía aquel sonido, aquella música. De repente, con la natural inclinación que tengo yo para no relajarme y disfrutar, sino hacer lo contrario, veo que el mago lleva los cordones desatados, como Juan...

(El otro día, por enésima vez, tuve que parar el partido por los cordones de Juan. Creo que el problema ya es mío, no de él. Veo cordones desatados incluso cuando estoy en mi cama durmiendo)


... y pienso rápidamente:

- ¿Qué hago? ¿Paro el espectáculo, y le aviso de que lleva los cordones desatados?
- No, Ángel, estáte quieto. No pasa nada, no se va a caer, ya es mayorcito.
- Ya, pero... pobre chaval. Imagínate que se cae, delante de todos estos...
- ¡Que no se va a caer! ¡Calla y disfruta, que es un mago! ¡Y a ver si, de paso, aprendes algo!
- Bueno, vale, tú mismo.


Y el mago, deja de tocar el violín, que coloca con cuidado en su maletín, y de pronto se mira el zapato.

- Uy, se me ha desatado el zapato.

Y delante de todos nosotros, con un movimiento rápido del pie, los cordones se han atado solos. Delante de nuestras narices.

A que ha molao, ¿eh, Juan?

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Feliz verano a todos. A los que leen esto, a mis alumnos, y a sus familias.
Mañana, ya sabéis, no viene Bruce Springsteen, pero estrenamos escenario y equipo de sonido. Y vamos a darle caña.

El trigo entre toas las flores, ha elegido a la amapola...




7 de junio de 2012

Mi primera canción

Chicos, esto no es la novela. Es una cosa para Fernando.

(pero lo podéis leer vosotros, ya sabéis lo que he dicho esta mañana en la fila)

Calculo que tendría 12 años. Vivíamos en casa de mis abuelos, porque el piso de arriba, que era de mis padres, era tan pequeño que ni siquiera tenía cocina. Pero a partir de los 12 años mi madre me puso mi habitación en aquel piso. Para irme a dormir tenía que salir a la escalera del edificio, subir un piso, y abrir la puerta con la llave; pero no me importaba: allí fui muy feliz. Me recuerdo perfectamente a mí mismo escuchando los únicos tres discos que tenía: los grandes éxitos de Carpenters, Mediterráneo, de Joan Manuel Serrat, y los grandes éxitos (greatest hits, en inglés) de Simon & Garkfunkel. A ellos los debo mucho de lo que soy -entre otras cosas gracias a ellos aprendí que eso de la letra & equivalía a "y"-.

El disco venía con un libreto con todas las letras, y con una foto preciosa de ellos dos, paseando por algo que siempre me pareció un "puente sobre aguas turbulentas". Muy poco a poco, usando un pequeño diccionario como único recurso, fui traduciendo aquella canción. Cuando entendí lo que aquella canción quería decir, después de un considerable esfuerzo sólo alentado por mi propia curiosidad, mi satisfación fue doble, o triple. Recuerdo incluso que traté de hablar de ello con mis compañeros de San Viator, que inmediatamente confirmaron, una vez más, que definitivamente yo era un poco raro. Como a estas alturas ya sabes a qué canción me refiero, porque afortunadamente has aprendido de tu padre, - y sé que tú harás lo mismo con tu futura hija -, vayamos directamente a la traducción.


When you're weary
Cuando estés triste
Feeling small
y sientas que eres muy poca cosa
When tears are in your eyes
cuando las lágrimas aparezcan en tus ojos,
I will dry them all
yo me encargaré de secarlas.
I'm on your side
Estoy a tu lado
When times get rough
cuando vengan mal dadas
And friends just can't be found
y los amigos hayan desaparecido
Like a bridge over troubled water
como un puente sobre aguas turbulentas
I will lay me down
me tenderé para que lo cruces...
Like a bridge over troubled water
I will lay me down
When you're down and out
Cuando veas que no encajas
When you're on the street
cuando sientas que estás en la calle
When evening falls
cuando se te haga de noche de repente
I will comfort you
estaré contigo
I'll take your part
Te llevaré un momento aparte
When darkness comes
cuando se haga de noche
And pain is all around
y la pena te rodee por todos lados
Like a bridge over troubled water
como un puente sobre aguas turbulentas
I will lay me down
yo me tenderé...

Luego vinieron muchas más (casi cuatro mil tiene mi IPod), pero aquella fue la primera.

Un abrazo.

3 de junio de 2012

Extraños sonidos

Ha aumentado la velocidad del vehículo; diría que ahora vamos circulando por una autovía. Lo compruebo en mi mando de control: selecciono "GPS" y... ahí está. Estos son los datos:



Ignoro dónde nos dirigimos. Allí arriba, a través de la gruesa capa de metal del vehículo puedo escucharles. ELLOS no paran de repetir un extraño y largo sonido. No es un sonido desagradable, como los gritos que proferían aquellos seres tan parecidos a mí, sino más bien una especie de extraña llamada... como la que tienen algunos otros mamíferos del planeta, como los delfines o las ballenas.
Quizá sea una nueva forma de comunicación, algo desconocido entre NOSOTROS. Es muy posible que esté a punto de descubrirlo.

No sé aún lo que significa, pero no paran de repetir:

Ángel se hizo pis en el saco de dormir,
¿quien yo? ¡Yo no fui!
¿Entonces, quien?
¡Fue Óscar!
Óscar se hizo pis en el saco de dormir...

FIN DE LA TRANSMISIÓN


28 de mayo de 2012

Escape

Me he escapado.

Ayer por la noche, cuando las voces de ELLOS se apagaron, comencé a trenzar una cuerda usando las largas hojas de los sauces que crecen dentro de nuestra jaula. Después de muchos intentos, y de evitar los empujones de estos seres, conseguí enganchar la cuerda a una farola cercana. Lo demás fue fácil: fui dando saltos hasta la puerta de entrada, donde cada día entran y salen cientos de ELLOS.

Una vez fuera del recinto, me escondí bajo un árbol del aparcamiento. Estaba fuera, por fin. Lo había conseguido. Aparté con cuidado el pelo de mi brazo izquierdo, y pulsé el botón de SOS en mi mando de control. Afortunadamente, aunque aquellos seres tan parecidos a mí me lo habían visto, había logrado conservarlo en mi poder. Aquel mando de control era mi única posibilidad de sobrevivir; sin él, no tardaría ni cinco minutos en ser descubierto por alguno de ELLOS.

Gracias por el traje de invisibilidad que me enviasteis. Con él ya puedo estar tranquilo, y caminar por donde quiera. Nadie en el planeta puede verme, y eso facilita mucho mi trabajo de investigación. Reconozco que estuve a punto de abortar la misión, pero ahora puedo decir, con seguridad, que me siento perfectamente capaz de llevar a cabo el trabajo que me ha sido encomendado. El estudio del comportamiento de la especie más numerosa de este planeta, que conocemos por el nombre de ELLOS, puede seguir su curso.

Para continuar con mi análisis, pensé que lo mejor sería elegir a un grupo y seguirles hacia donde se dirigieran. Aún escondido bajo aquel árbol, vi algo que me llamó la atención: mientras la mayoría de grupos de ELLOS se dirigían hacia la entrada, un pequeño grupo salía del recinto y se disponía a subir a un gran vehículo. Aquella era mi oportunidad; salí despacio de mi escondite, y antes de que las puertas de equipaje de aquel vehículo se cerraran, me acomodé entre las mochilas y los sacos de dormir.

Y aquí estoy aún. El vehículo se ha puesto en marcha hace apenas media hora, y no sé cuánto tiempo durará el viaje, ni sé cuál es nuestro destino. Sólo puedo estar seguro de una cosa: allá donde vaya este pequeño grupo de ELLOS, iré yo.

FIN DE LA TRANSMISIÓN

4 de mayo de 2012

SOS (Save Our Souls)

AVISO
Si queréis seguir leyendo la novela, tendréis que leer también esto. Pienso ir colocando textos de vez en cuando, como si fuera publicidad. Más bien, como si fueran las noticias. La novela es la peli, y esto que estáis leyendo es el Telediario, que va antes.
La canción que vamos a cantar en el Festival de Fin de Curso es esa, la que habéis elegido vosotros. Yo iba a proponer SOMOS, de José Antonio Labordeta, pero CONTAMÍNAME está muy bien.
¿Sabéis una cosa? La canción se le ocurrió a Pedro Guerra cuando estaba leyendo a Carlos Fuentes, un escritor que hoy ha muerto. Contamíname con tu cultura. A propósito, ya sabéis que a partir de hoy queda abierto el II CONCURSO DE EXPOSICIONES MULTIMEDIA del CEIP Carlos Ruiz. Habrá un premio para todos los participantes.
Durante las Jornadas Culturales, que coincidirán con el Festival de Fin de Curso —y así matamos dos pájaros de un tiro (frase hecha, Andrés)—, habrá más cosas. Entre otras, la II VBR (Vuelta en Bici a Rozas). Tenemos que hacer la publicidad en Plástica. Decídselo a Fernando (por si se me olvida decírselo yo).


Bueno, y ahora la peli.


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Acaban de abrir la verja. Espero a que salgan los más fuertes, y en cuanto veo un hueco, aprovecho para salir. Llevo aquí más de una semana, soportando el mal olor, y la falta total de dignidad de estos seres vivos. Su estado primitivo está tan lejos de mí, que ni siquiera puedo reconocerlos como de mi propia especie. Son muy parecidos a mí, eso está claro, pero NO SON COMO YO.

Ayer, justo cuando faltaba poco tiempo para que abrieran la verja, fui testigo de una violenta pelea, que terminó con el vencido muy cerca de la muerte. Estuve a punto de pulsar el botón de SOS, para que vinierais a rescatarme, pero logré contenerme.

Algunos de ellos, de eso estoy seguro, se han acercado a mí para establecer algún tipo de relación, pero hemos sido incapaces de entendernos. En cada intento, tanto ELLOS como ELLAS, terminan con una serie de gritos, saltos y movimientos violentos con los brazos. Nada más. Soy incapaz de hablar con ellos. He probado en inglés, en francés, en español, en chino, hasta he probado con silbo canario. Nada. He tratado de comunicarme haciendo dibujos en las paredes, pero nada. He tratado de usar aquellos conocimientos sobre Mimo que se supone que adquirí en un curso hace años. Nada. Les he enseñado a construir una antena con ramas y piedras, pero son incapaces de entenderme. CORRECCIÓN: Soy incapaz de explicarme.

He intentado imitarles, para ganarme su confianza. Pero, aunque me respetan -o me temen-, ninguno de ellos ha establecido conmigo un vínculo que fuera más allá de lo afectivo. Me abrazan, pero no sé si me quieren. Para saber eso, creo que tendría que estar aquí tres millones de años. Para ustedes sería poco tiempo, claro, pero les ruego que se pongan en mi lugar. Estar aquí durante tanto tiempo sería horrible, además de aburridísimo. Si al menos pudiera probar fuera de este lugar tan extraño... pero es imposible. LOS OTROS no lo permiten.

No sé muy bien qué hago aquí. Después de una semana, soy incapaz de comunicarme con ELLOS. Me rindo. Espero instrucciones.

16/5/2012 19:47 FIN DE LA TRANSMISIÓN.

1 de mayo de 2012

En el zoo

Oigo voces. Abro un ojo, y miro a través de la claraboya. El sol aún no ha entrado. Parece que los chicos se han adelantado hoy. Pego la cabeza a la reja, y escucho:

— No paran de cagar estas bestias. Vaya una mierda de empleo.
— Dani, tal y como está el patio, más vale que nos demos por satisfechos. La tele no para de hablar de lo mal que está todo.
— Y peor que se va a poner. Algunas veces pienso que éstos tienen mucha más suerte. Míralos, la zampa asegurada, paja fresca todos los días, y sin hipoteca. 
— No digas tonterías, Dani. Al menos tenemos curro, y nuestro curro no sólo consiste en limpiar mierda de mono. Anda, date prisa, porque están abriendo las puertas.
— Oye, ¿no me dijiste ayer que venía un colegio entero a quedarse a dormir en el acuario?
— Sí, pero un cole pequeño, de esos de pueblo. Es tan pequeño que sólo hay tres clases para todas las edades.
— ¿Solo tres clases? Como debe molar, ¿no? Yo aún me acuerdo de mis compañeros de clase. ¿Qué habrá sido de Areces? Aquel niño era un experto dibujando animales. 
— ¿Areces? ¿No se apellidaba Areces el dueño de El Corte Inglés? Lo mismo ahora es un tío millonario...


Se alejan las voces. Pronto abrirán la reja, y podré salir al exterior a respirar aire limpio. Y, con un poco de suerte, podré ver la luna. ¡Ah, la luna!

AÑO 2012, 1/5 19:22 h. FIN DE LA TRANSMISIÓN.

La ciencia ficción

Esta es, queridos lectores, la primera entrada (el primer capítulo) de un libro que voy a ir escribiendo aquí, en el blog. Con el teclado del móvil -Android, horrible-, con el del Ipad -genial, como siempre-, o con el teclado de mi MacBook Pro. Un libro que aún no tiene título porque lo decidiré más tarde, según vaya avanzando la novela, o el cuento, o lo que sea. Espero que sea la propia historia la que decida la forma de contarlo: breve y dirigido principalmente a niños, o con todo detalle, y dirigido a todos los públicos. Eso tampoco lo he decidido aún. Lo único que puedo decir, hasta ahora, es que será una historia de ciencia ficción; porque de todas las historias, de todas las que he leído y de todas las que me han contado, de todas las del mundo, incluidas las mil y una noches, las mejores son, sin duda alguna, las historias de ciencia ficción.

He decidido empezar a hacerlo, sin saber siquiera si sabré terminarlo, por varias razones, que voy a exponer aquí, y que darán forma al primer capítulo.


RAZONES PARA LEER ESTE LIBRO


  1. Porque antes de escribir las razones que el lector podría tener para leer este libro, están las razones que tengo para escribirlo. Las razones para leerlo sólo podrán conocerse una vez que alguien lo haya leído. Así que empecemos por el principio. 
  2. Hace unos seis años que comencé a escribir aquí. Se me ocurrió crear un  blog porque algunos de mis amigos y compañeros de trabajo ya lo tenían. Aún trabajaba en la empresa privada -aún no me habían despedido- y por tanto, aún no había vuelto a mi trabajo de maestro. Nunca, hasta ahora, he escrito algo que fuera más allá de unas pocas líneas (esta entrada es la número 259). Algo para leer en cinco minutos. Si suponer que alguien te dedica cinco minutos de su tiempo es propio de Antoñita "La Fantástica", proponerte que lo hagan por entregas es pura ciencia ficción. 
  3. El otro día, uno de mis alumnos escribía sobre algo que yo dije en la fila: me escuchó contar la vieja idea de que el ser humano está aquí para plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro (Javier Krahe analiza este tema en una fantástica canción: El tío Marcial). Mi alumno comenta que yo les dije que ya había hecho las tres cosas, y es verdad... a medias. Escribí una historia, la maqueté y preparé un PDF listo para autoeditarlo, pero no llegué a hacerlo. El año pasado se me ocurrió leer a mis alumnos un poco del primer capítulo, y, a juzgar por las caras que pusieron, no les interesó demasiado. Desde entonces, y hace ya seis años de eso, no lo he vuelto a intentar. Tengo alumnos cuya evolución, y no quiero ponerme dramático, pende de un hilo. Como no consigan leer con frecuencia, y disfrutar haciéndolo, la ESO se convertirá en una dura cuesta arriba. Algunos de esos alumnos, alguna vez, leen mi blog. Cuando llueve, se tienen que quedar en clase, y me tienen de guardián para evitar que jueguen "a los marcianitos" -una expresión muy de ciencia ficción- echan un vistazo a mi blog, aunque sólo sea porque no hay nada más que hacer. Así que, con el tiempo -con el mal tiempo-, quizá consiga que lean. Voy a tratar de contar una historia que sirva para leer por entregas, como ocurría con Los Guardianes del Espacio, o con Perdidos
  4. No creo que vaya a resultarme muy difícil, porque no va a ser nada original. La idea es recuperar todas las grandes ideas de las historias de ciencia ficción -novelas, cómics, películas, series de televisión- y volver a aprovecharlas. 
— "¿Es artificial?"

— "Naturalmente."

(Blade Runner)

20 de abril de 2012

Salimos en la tele

Aunque lo nuestro es salir en internet.


video

(gracias a David por el vídeo)

18 de abril de 2012

Al que cierne y masa de todo le pasa

Pasado mañana, viernes, examen de Lengua. Unidad 11. Los refranes, las frases hechas. 
Esta mañana Óscar y yo, mano a mano, explicando (quizá debería decir tratando de explicar) el significado de "Haz el bien y no mires con quien", o "No hay mal que por bien no venga". Difícil.

Como no sé si al final lo habéis entendido, he pensado que os voy a contar aquí una historia. Así, de paso, tenéis algo para leer (aunque no soy tan bueno escribiendo como Roald Dahl).

Hace varios años, yo aún no había vuelto a trabajar de maestro; trabajaba haciendo programas de ordenador. Un día, volvía de Almería de hacer una demo (una demostración del programa) a unos posibles clientes y cuando el avión aterrizó en Barajas, cogí un autobús hacia Zaragoza. Era un viernes por la tarde, y yo quería ir a Zaragoza a ver a Ache, que aún vivía allí.

Después de más de tres horas de autobús, llegamos a Zaragoza. Me bajé del autobús, y me encaminé al maletero a recoger mi equipaje. Llevaba una pequeña mochila con ropa para el fin de semana, el ordenador portátil de la empresa y un videoproyector portátil (un aparato como el que teníamos antes colgado en el techo de la clase, pero mucho más pequeño). Cogí la mochila, pero... las bolsas del ordenador y del videoproyector no estaban. Me di cuenta enseguida de que me las habían robado en Madrid, justo antes de que el autobús se pusiera en marcha.

Enormemente preocupado, le dije a Ache que teníamos que ir a la comisaría de policía a denunciar el robo. Una vez allí, un amable policía iba escribiendo en una máquina de escribir todo lo que me había sucedido (no lo escribía en un ordenador, era una máquina que no se enchufaba a la electricidad, recordadme que os enseñe mañana alguna en el google). Cuando terminé de explicar a aquel señor a qué me dedicaba, y por qué llevaba conmigo el ordenador y el videoproyector, me miró dulcemente y me dijo:

— Al que cierne y masa de todo le pasa.

Yo miré a Ache, sentada a mi lado. Era como si alguien me acabara de hablar en alemán. Ella miró al policía, y comprendiendo perfectamente la situación, le dijo:

— Disculpe, es que él es de Madrid.

Y después, mirándome a mí, mientras el policía escuchaba, Ache me explicó el significado de aquella frase hecha.

— Quiere decir que ha sido un accidente. A la gente que trabaja le puede pasar. No te preocupes, porque tú estabas cumpliendo con tu labor.

Todo eso quiso decir aquel policía aragonés, con solo una frase. Para eso sirven las frases hechas, para explicar cosas muy complicadas con pocas palabras. Desde entonces, esa frase se me quedó grabada en la memoria para siempre.


13 de abril de 2012

Ser famoso

Aunque no os lo creáis, todo el rollo que soltaré ahora no tiene nada que ver con la televisión basura. Tiene que ver con mi trabajo, y con internet. De eso ha ido siempre este blog.

En alguna ocasión (desde luego, en más de una) he pedido aquí por favor ayuda para mis alumnos, los periodistas de El Correo de Rozas de Puerto Real. Vosotros, quiero decir, los lectores asiduos que no sois ni padres de mis alumnos, ni padres de mis ex-alumnos, ni alumnos, ni ex-alumnos, ni familiares, ni amigos, es decir, vosotros, queridos lectores, si es que existís, sabéis que cuando se os puede ver (es decir, cuando se os puede leer) es cuando se produce la verdadera satisfacción.

Pero, una vez más, nos sentimos solos. Creemos en nosotros mismos, o por lo menos lo intentamos. Siempre existe la posibilidad, aunque sea remota, de que haya un único lector, y que ese lector le diga a un amigo que conoce a un tío que es maestro en un pueblo que escribe en internet, y que ese se lo diga a otro. Los escritores sólo existimos si hay lectores, porque no sólo escribimos para no olvidar. También escribimos para que nos lean, cuanta más gente, mejor.

Un alumno del periódico (no pongo el link aquí porque creo que es mejor que hagáis el esfuerzo y leáis todos los artículos), ha escrito un artículo detallando con toda exactitud quienes somos los "comentaristas". La palabra, como tiene que ser, la ha usado el autor del artículo con toda propiedad. De comentarios, comentaristas (a ver quien dice lo contrario). Y somos cuatro gatos. Eso sí, nos gusta hacerlo, nadie nos obliga.

La utilidad, el objetivo, el fin, la meta, la aportación didáctica de usar la idea de un blog para animar a escribir (es decir, a leer) a un niño de Primaria, era que sintiera el placer de escribir, porque uno aprende mucho mejor si disfruta aprendiendo. (Por poner un ejemplo, cuando aprendí a programar en Hypercard, aquel programa de Bill Atkinson). Si eres maestro, y tienes una herramienta así, es como darle una motosierra a un leñador con hacha. Por eso lo hice por primera vez, y por eso lo seguimos haciendo.

No lo hacemos por vosotros, queridos lectores. No lo hacemos por ser famosos. Lo hacemos porque nos gusta.

No obstante, si tenéis un ratito...

11 de abril de 2012

Para Águeda

Seguro que os enteráis antes aquí, pero de todas maneras, os lo digo yo: Águeda está mucho mejor, aunque aún permanece en el hospital con su madre. He hablado con ellas esta mañana, y están las dos bien. Como la echamos de menos, he pensado que quizá pueda leer esto desde algún móvil (tengo que adaptarme a los nuevos formatos). Va por ti. Y por todos lo que, como nosotros, estamos operados de apendicitis.

Hacer el ridículo


¿Qué es hacer el ridículo? En vez de explicarlo, es mejor contar una historia. Una historia de las muchas que yo podría contar cuando hice el ridículo.

Era la primera (y única vez en mi vida) que iba a volar en primera clase. Y además a San Francisco, a un congreso al que acudíamos el director general de Anaya y yo.
Primero estuve un ratito esperando en un restaurante precioso con magníficos sofás y taburetes mullidos. Había bandejas llenas de bollos de todo tipo: donuts, donuts de chocolate, pepitos de crema, pepitos de chocolate, palmeras, palmeras de chocolate... Y podías coger todo lo quisieras, porque era un restaurante self-service, que significa "sírvete tú mismo". Una agradable música acompañaba aquel ambiente. Un ambiente magnífico.

Al rato, una azafata nos pidió por favor que la acompañáramos al avión. Por supuesto, nuestras maletas fueron transportadas también al avión, pero por alguien a quien ni siquiera vimos.

Nada más entrar por la puerta de aquel avión, un Boeing 747, otra azafata muy amable nos indicó que subiéramos por las escaleras. Nunca en mi vida había visto un avión que tuviera escaleras por dentro. Ni siquiera sabía que existían aviones así. Una vez en el piso de arriba del avión, me indicaron mi asiento. Eso no era un asiento. El sofá de mi casa, donde nos sentamos Ache y yo, es casi más pequeño que aquel asiento. Además, tenía dos enormes brazos a los lados, para poner el walkman o lo que quisieras. ¿Cómo? ¿No sabes lo que es el walkman? Es como un emepetres, pero antiguo. Bueno, el caso es que me siento, y al poco rato se escucha por los altavoces:

- Señoras y señores, bienvenidos al vuelo 26789 de TWA con destino Nueva York (primero fuimos a Nueva York, y desde allí a San Francisco). Antes de despegar, serviremos un aperitivo de bienvenida.

Yo pensé: "genial, porque tengo hambre". Mientras miraba distraído por la ventanilla, vi que otra azafata, vestida como una maitre de restaurante de lujo, caminaba con una enorme olla de plata en las manos. De aquella olla salía humo, de forma que pensé: "eso está caliente. Será un pincho de algo caliente". La azafata sacó algo de aquella olla, usando lo que me pareció que eran unas pinzas de cocina (como las pinzas que hay en algunas casas para servir los espaguetis) y se lo ofreció al señor que estaba a mi derecha. Afortunadamente, yo iba en segundo lugar en la fila de asientos. Justo cuando estaba a punto de abrir la boca para coger aquel pincho y comérmelo, vi por el rabillo del ojo que el señor lo cogía, lo desplegaba... y se limpiaba las manos. Era un trapito. Un trapito caliente para limpiarse las manos. Y no me lo metí en la boca por sólo un segundo. Creo que me lo habría tragado.

Tu profe.

26 de marzo de 2012

El columpio

Es nuestro, de todo el cole. De los pequeños, de los medianos y de los mayores. Ah, y de los profes también.
Gracias a todos los que nos han seguido, y a los que aún nos siguen, porque no pensamos parar. Hasta el infinito y más allá.


22 de marzo de 2012

La familia BIC

Hace mucho, mucho tiempo, el bisabuelo de la familia Bic, Eduardo Bic, tuvo una idea:

" Fabricaré un bolígrafo que sea barato, que todo el mundo pueda usar, y que se pueda comprar en cualquier parte. Y me haré rico. Mis herederos no tendrán que trabajar nunca. Podrán dedicarse a disfrutar de mi fortuna. "

Y creó el bolígrafo. Le puso de nombre BIC (Bolígrafo Internacionalmente Conocido).

Muchos años más tarde, su nieto, Eduardito Bic, (su padre también se llamaba Eduardo), estaba un día escuchando música, y se le averió el casete. Cogió un boli BIC y se puso a rebobinar el casete haciendo girar rápidamente su muñeca. Había inventado un nuevo uso del boli. Además de para escribir, a partir de aquel día también serviría para rebobinar las cintas de casete.

Es inútil. Me ha vuelto a pasar; hablo de cosas que no sabéis que existieron, como cuando me da por hablar de las pesetas...

Durante mi infancia, allá por los años sesenta del siglo pasado, la siguiente generación de la familia Bic, el tataranieto de Don Eduardo Bic, al que sus padres le pusieron de nombre Eduardo, tuvo otra idea.

"Bic naranja escribe fino, BIC cristal escribe normal. Pero... ¿por qué no fabricamos un boli que tenga cuatro colores?

- ¿Cómo? ¿Cómo podemos hacer eso? ¡Es imposible!"- contestó el Jefe de la Fábrica BIC-.

Y entonces apareció una joven ingeniero, que llevaba poco tiempo en la fábrica. Era una chica joven, que siempre había pensado que las cosas sencillas eran realmente las más complicadas de realizar. Y, sin pensarlo dos veces, interrumpió a sus jefes:

- Ejem, disculpen, si me dan una semana de tiempo, les traeré los planos de fabricación del mejor bolígrafo del mundo. El bolígrafo de cuatro colores BIC.

Y así fue como, gracias a aquella joven, ahora todos los maestros del mundo podemos cambiar rápidamente de rojo a negro, a azul, o a verde, sin cambiar de bolígrafo.

Luego vinieron Steve Wozniak y Steve Jobs, pero esa es otra historia.

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Las historias inventadas molan más que las de verdad.


18 de marzo de 2012

He suspendido Cono (por vuestra culpa)

¡Y no se dice "suspendido general", sino "suspenso general"! "Suspendido" quiere decir otra cosa: que está flotando en el aire. No ha habido suspenso general, pero hasta las mejores notas no han sido esta vez tan buenas.

Alguno de vosotros ya lo sabíais, porque en fila escuché "profe, te vas a cabrear...". Se notaba en el ambiente que el resultado de este examen, el último de este trimestre, no iba a ser muy satisfactorio, por decirlo de una manera elegante. La eterna quimera, la de irnos todos al patio si no hay ningún examen suspenso, tendrá que seguir siendo eso, una quimera, una utopía. Pero, lo peor de todo, aunque no os lo creáis, aún no os lo he dicho. Todos vosotros, al menos eso espero, recordaréis la charla del viernes. Sí, cuando os dije que era injusto; que me parecía injusto por vuestra parte, porque yo no paro de trabajar, de preparar exámenes, de corregir exámenes, de explicar las cosas en clase de la mejor manera de la que soy capaz... Y ya veo que mi capacidad es muy limitada, a juzgar por los resultados generales.
Pues sí, aun me falta algo por decir. Os lo voy a decir por aquí, y el martes lo leeremos en nuestra pizarra digital (el lunes es fiesta).


  • Lo peor de todo no es que me siento muy inútil cuando hay tantos suspensos.
  • Lo peor de todo no es que no tenga a nadie, excepto a Fernando, que me anime y me diga que lo estoy haciendo bien (aunque no sea del todo verdad).
  • Lo peor de todo no es que haya suspendido yo, en mi nota media (ya lo sabéis, la suma de todos los exámenes dividida entre los 10 de la clase) 
  • Lo peor de todo no es que no haya conseguido animaros para que trabajarais un poco más, para que dierais un último empujón a la cuesta del largo trimestre.
  • Lo peor de todo no es todo eso.
Lo peor de todo es que esta unidad de Cono, la de Las fuentes de energía, era la más importante de todas. Y ya no podemos repetirla, porque no nos dará tiempo a estudiar las demás, que también son importantes, aunque no tanto. 

Las fuentes de energía se clasifican en dos: renovables y no renovables. Y las no renovables son las que no se pueden renovar. Las que se están agotando, porque no damos tiempo a que se regeneren, como el petróleo. 

(No sé, lo mismo si se agotara del todo, lo entenderían a la primera... Como entienden lo de los dinosaurios...  En fin, más vale que prepare un examen de recuperación, y deje de perder el tiempo.)

Ah, por cierto, se me olvidaba. Los de las greguerías de Ramón Gómez de la Serna, que me preguntabais el otro día. Son pequeños juegos, chistes que se hacen con las palabras. Y lo de las metáforas igual. Son juegos. Siento no haber estado suficientemente rápido para poneros un ejemplo. Pero el otro día, viendo en la tele un reportaje en el canal Viajar, se me ocurrió una metáfora:

Los interinos son los sherpas de la escuela pública.

11 de marzo de 2012

Here comes the sun (again)

Como no estoy dispuesto a que la radio y la tele me estén recordando permanentemente lo mal que está todo (incluida la sequía, que me aterra), voy a intentar levantar el ánimo del personal (y el mío), escribiendo sobre otra cosa.

Desde hace dos semanas, los almendros que veo cada día durante mi viaje en moto al cole, están ya en flor. Es un auténtico espectáculo, mientras pienso "...además, quizá éste sea ya el último depósito de gas-oil para la calefacción...". Y ahora, domingo por la mañana, voy a tratar de contaros lo mal que está todo:

Estoy, por primera vez desde el mes de septiembre, en la terraza. Tengo una Mahou servida en una copa de cristal, a mi Ipod encima del altavoz Bose, mi chica con el dominical de El País, y yo leyendo un artículo muy emocionante de César Molinas titulado "Consecuencias actuales de la guerra del Peloponeso". Unas aceitunas La Española, y a Los Secretos diciéndome "Todas las noches sueño que todo va bien".

Saco mi Mac sin cable y sin nada, y me pongo a escribir mientras Lorenzo me calienta gratis la calva.

Ya puedo volver a ponerles la canción. Sí, la de todos los años. Si yo tuviera un destino normal -y esto no es una queja-, cada año tendría alumnos nuevos, y podría repetir las canciones sin problemas. Sería la lista de reproducción del curro. Pero en este cole, los alumnos son los mismos, un año mayores. Además, también en San Viator cantábamos todos los años las mismas.A la llegada de la primavera, la reina de las estaciones, siempre cantábamos "Venid y vamos todos...".

En la escuela pública que dirijo, el maestro de Inglés, que soy yo, está de acuerdo con el de Lengua, que también soy yo. Ya podemos ponerles la canción. Sí, la misma. Que la escuchen, y la traduzcan una vez más. Como si fuera lo de equis es igual a más menos raíz cuadrada...me da lo mismo. No hay ninguna otra canción en el mundo que cuente mejor lo de la primavera. Ánimo a todos, especialmente a aquellos que cruzan Madrid de norte a sur y de este a oeste en bici para dar clases particulares de Física y Mates.

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Here comes the sun (doo doo doo doo)
Here comes the sun, and I say
It's all right

Little darling, it's been a long cold lonely winter
Little darling, it feels like years since it's been here
Here comes the sun
Here comes the sun, and I say
It's all right

Little darling, the smiles returning to the faces
Little darling, it seems like years since it's been here
Here comes the sun
Here comes the sun, and I say
It's all right

Sun, sun, sun, here it comes
Sun, sun, sun, here it comes
Sun, sun, sun, here it comes
Sun, sun, sun, here it comes
Sun, sun, sun, here it comes

Little darling, I feel that ice is slowly melting
Little darling, it seems like years since it's been clear
Here comes the sun
Here comes the sun, and I say
It's all right



¡Salud!

3 de marzo de 2012

La poesía

Además de la camiseta oficial del F.C. Cartagena, el cómic de Carlos Giménez que me faltaba, y los calzoncillos largos para la moto (magníficos, por cierto), también me han regalado por mi cumpleaños un libro de poesía.

Y ahora que ya ha pasado una semana de mi cumpleaños (ya tengo más de medio siglo), y que sé que no hay peligro de que nadie me lo compre, me lo he comprado yo: acabo de bajarme legalmente en la Itunes Store (en El Tiemblo no hay tiendas) el último disco que han escrito, compuesto y cantado Serrat y Sabina (10 €). Por supuesto, lo que más me interesa son las letras, que leo en internet mientras escucho. La poesía.

Y ayer, en clase:

- Sí, el tiempo atmosférico es weather y el tiempo que pasa es time. Son dos palabras distintas para dos cosas distintas.

- Profe, anda que para hablar todo en inglés, ¡hay que ser un genio!.

- Bueno, no tanto. Si en lugar de nacer en Rozas, naces en cualquier pueblo de Inglaterra, es muy fácil.

Y, como en otras muchas ocasiones, levanto la voz, imitando el estilo del gran Fernando Fernán Gómez en la genial Venganza de don Mendo, recito de memoria a Nicolás Fernández de Moratín:

Admiróse un portugués
de ver que en su tierna infancia,
¡ todos los niños de Francia
supiesen hablar francés !

Arte diabólica es,
-dijo torciendo el mostacho-
que para hablar en gabacho,
un fidalgo en Portugal,
llega a viejo y lo habla mal
¡ y aquí lo parla un muchacho !

(Se me quedan mirando, como si acabara de hablar en alemán y Juan Antonio dice:)

- Profe, ¿que eso del mostacho?

- Bigote, un mostacho es un bigote. Anda, seguid con los ejercicios. 

La poesía.

1 de marzo de 2012

La placa del Premio Crearte 2011



¿A que mola?

25 de febrero de 2012

Una reflexión muy seria

Hoy, como es sábado, os voy a hablar de otras cosas. Cosas que no sean del cole.

Algunas madres me han contado que en lugar de hacer los deberes, quedan en el ciber y empiezan a chatear en el twitter. Unos en la planta de arriba y otras en la de abajo. Y uno se pregunta... ¿por qué? Ellos saben que una de las reglas de seguridad (que no la única), es chatear sólo con quien conoces. Pero, si además, estás chateando con alguien que está a pocos metros de ti... ¿no sería mejor hablar directamente? ¿no sería mejor disfrutar ahora, que las tardes son más largas, de un ratito de conversación, sea antes o después de hacer los deberes?


El otro día, algunas de mis alumnas, a las que les gusta revolotear a mi alrededor mientras estoy sentado en el banco del patio:

(Un momento, una cosa: A mí me encanta que revoloteen a mi alrededor. Es lo mejor del recreo del comedor.)


- Con lo bonito que es hablar... no entiendo por qué perdéis el tiempo en el twitter.

(Me miran inmediatamente. He captado rápidamente su atención. Y ellas se han dado cuenta rápidamente de que alguna madre "sa chivao".)

- Ya, profe, pero...

- ¿Pero qué?

- Pues que... que el twitter también mola.

- Ya, lo que pasa es otra cosa. Lo que pasa es que hay cosas que no os atrevéis a decir directamente, porque os da vergüenza, y por el twitter no, ¿a que sí?

- Sí, claro. Pero si yo no lo uso... casi.

(ahora interviene mi otra alumna):

- Pues Pilar (nombre ficticio) tiene facebook, y twitter, y además el otro día estuvo hablando con nosequién en el mundogaturro. 

- Yo sólo digo que hablar mola mucho también. Y que ahora ya se puede estar en la plaza un ratito, antes de irse a casa, porque no hace tanto frío. Yo odio el facebook, ya lo sabéis. Y el twitter ese también. Y eso que nosotros estamos en internet con nuestro periódico antes de que el twitter ese se hiciera famoso. Una cosa es nuestro periódico y otra muy distinta el facebook.

(Mi escucho a mí mismo, yo, que, además, inventé un facebook para niños antes de que el Zuckerberg ese tomase su primer biberón. Y no bromeo.)


Por cierto, hay una iniciativa preciosa para hacer que los alumnos aprendan biografías de los grandes personajes de la historia. Consiste en imaginar cómo hubiera sido su página en facebook.

Me enteré el otro día, por el twitter.





21 de febrero de 2012

SP

Este año, en los Carnavales de nuestro cole vamos a disfrazarnos de los servicios de emergencia del 112.

Son los siguientes:

  • El personal sanitario: El Servicio de Urgencias Médicas de Madrid (SUMMA), el SAMUR (Servicio de Atención de Urgencias y Rescate) y la CRUZ ROJA ESPAÑOLA. Todos estos servicios cuentan con personas muy capacitadas en cada una de sus responsabilidades, y de un gran número de voluntarios que desean colaborar en la atención al ciudadano, y, de paso, aprender un oficio para el que se necesita estar muy preparado.
  • El personal de seguridad: La policía local (en nuestro pueblo no tenemos, pero todos sabemos qué es la policía local), la BESCAM (Brigadas especiales de Seguridad Ciudadana), la GUARDIA CIVIL, y la POLICÍA NACIONAL. Todos ellos trabajan para garantizar el orden y el cumplimiento de la ley, pero también desempeñan otras funciones muy importantes para la sociedad.
  • El personal de auxilio y rescate: los Bomberos de la Comunidad de Madrid y los profesionales de INCENDIOS FORESTALES (ya os he contado alguna vez cómo hace prácticas el hidroavión en el pantano de El Burguillo). Como todos sabéis (lamentablemente el año pasado tuvimos que ir a buscarlos, debido a un desgraciado accidente en el pueblo), los bomberos no sólo se dedican a apagar incendios, sino que prestan otros servicios de auxilio y rescate muy importantes y necesarios.
  • El personal de Protección Civil: personas que se encargan de diseñar y poner en marcha planes de protección ante riesgos que puedan afectar masivamente a una gran cantidad de ciudadanos. Trabajan para que esos riesgos no se conviertan en una realidad, y para que, en esos casos, las consecuencias entre la población sean las mínimas.
Por eso, en la matrícula de nuestro Camión de Bomberos, hemos colocado la placa de SP. Significa "Servicio Público", y lo pagamos todos nosotros con nuestros impuestos. Como la educación pública.


12 de febrero de 2012

A escribir

A todos mis alumnos:

A partir de ahora, vamos a cambiar de metodología para hacer nuestro periódico, ya sabéis, el mejor periódico del mundo. En vez de esperar a que yo os diga cuando se abre el plazo para el siguiente número, que cada uno escriba cuando quiera. Yo, durante los recreos, estoy a vuestra disposición para echaros una mano con la ortografía (sólo con la ortografía, no con la redacción, ni mucho menos con la elección del tema). Ache está ya terminando de maquetar el siguiente número, y lo imprimiré la semana que viene. Pero una cosa es la periodicidad de nuestra versión impresa, y otra muy distinta nuestro periódico en Internet. Quizá en el futuro no todo lo que aparezca en la pantalla se mostrará más tarde en papel. Yo no sé si el papel tiene futuro, pero os aseguro que vosotros sí.

A mi compañero de curro:

Lo bueno que tiene escribir aquí, en Internet, es que escribes en la nube. No importa si tu windows se estropea. Ya decidirás, por ti mismo, cuándo quieres que la gente lea lo que escribes. Incluso, puedes elegir tú mismo a tu lectores. No soy quien para sugerirte temas -no lo hago ni con mis alumnos-, pero tu teoría sobre los superhéroes y los maestros no es ninguna tontería. Lasseter o J. K. Rowling partieron de mucho más abajo.

A mis otros compañeros TIC de todos los coles:

He criticado mucho el Premio Educared, y a Telefónica. Y sigo pensando que tengo razón; aunque reconozco que me dio mucha rabia no ser invitado (luego fuimos recompensados con un premio más importante). Aún así, y sólo porque estos cantantes y actores se lo merecen, aquí tenéis una referencia en mi blog. Atención a los tanguillos finales:

Los más grandes profesores
que nos ha dado nuestra nación
estaban viendo el evento
de la nueva educación,
y desde el aula del cielo
han hecho una petición.

Don Miguel de Unamuno,
Antonio Machado,
Don Giner de los Ríos,
Dámaso Alonso
y María Zambrano,
Aranguren, Ortega,
Menéndez Pidal
junto a Severo Ochoa
Ramón y Cajaaaaal,

Todos han pedido un cursillo versátil
porque están pensando comprarse un portátil,
que mejora mucho la pedagogía,
aprendiendo un poco de tecnología.

Y es que los tiempos que corren,
no les vale lo que saben
si no manejan un software
no aprobarán ni un examen.
Y aunque escribieron la historia
con papel, pluma y tintero,
para educar hoy en día
quieren ratón, teclado y puntero.
¡Que viva la educación
y los profesores dos punto cero!


¡Que viva la educación
y los profesores dos punto cero!

11 de febrero de 2012

Mi clase

Hoy voy a hablar de mi clase.

En los pocos años que llevo de maestro, tanto antes como después de mi larga excedencia, nunca he sentido que yo tenía una clase. Cada año iba a una clase distinta, aunque todas eran iguales. La pizarra, y estas mesas de este horrible color verde.

Pero, de un tiempo a esta parte, me estoy dando cuenta, poco a poco, que tengo una clase. Me estoy dando cuenta de eso porque:

1 - Cuando este año hemos comprado la rotuladora Dymo (la dymo de-toda-la-vida, pero más grande), y tuve que hacer una etiqueta de prueba, escribí mi nombre y mi apellido. Y luego pegué la etiqueta en la puerta. Es algo parecido a:

ANACLETO
AGENTE SECRETO

pero con mi nombre, y con "EDUCACIÓN PRIMARIA" debajo.

2 - El verano pasado construí un marco de madera (sí, yo solito, y con mi lijadora sin cable) para enmarcar una foto del National Geographic. Sí, la foto del árbol gigante. Es lo único mío que tengo colgado en la pared.

3 - El curso pasado recibí un escrito de La estrella de la muerte (la delegación de educación) donde, por primera vez, constaba mi nombre con plaza definitiva en este cole.

4 - En mi clase, mis primeros alumnos, es decir, los mismos que tengo ahora, pero hace tres años,  colorearon, recortaron y pegamos en la pared la estrofa final de la Elegía a Ramón Sijé. Y debajo pone "Miguel Hernández". Y cada vez que hay reunión de padres, mi clase es el salón de actos. Y los padres pueden leer los versos (bueno, lo admito. Y también una cosa de Steve Jobs).

4 - No sólo me como el coco con los alumnos de mi clase. También lo hago pensando en lo que me espera cuando éste o aquel pequeño o mediano llegue a mi clase. A la clase de los mayores. A la clase de Ángel.

Así que, o es eso, que tengo una clase, o que me estoy haciendo mayor. O las dos cosas, claro.

2 de febrero de 2012

Nuestros lectores

Sí, ya sé que no os lo creéis, pero es verdad. Nuestros lectores están por todo el mundo, y no lo digo sólo porque nuestra compañera Lariessa -y su madre- nos lean desde Brasil. Tenemos lectores en España, en Alemania, en Austria, en algunos países latinoamericanos... Lo que pasa es que no escriben comentarios; eso no quiere decir que no les guste nuestro periódico. Les gusta mucho, y lo leen. Pero no escriben comentarios.


— Profe tú,... más o menos... ¿cuántas personas crees que leen nuestro periódico?

— No lo sé, sinceramente. Podría investigar un poco, pero... ¿qué más da? A nosotros nos gusta hacerlo, ¿no? Pues eso es lo importante, no la cantidad de comentarios que cada uno tenga. Os pasáis el rato hablando de cuántos comentarios tiene éste o el otro, como si estuviérais en una competición, pero no se trata de eso. Tened en cuenta que la historia está llena de grandes hombres y mujeres cuyo reconocimiento sólo comenzó a existir muchos años después de haber muerto de viejos. El mismo Van Gogh...

— Ya profe, pero ¿a que a ti te mola que te envíen comentarios a tu blog?

31 de enero de 2012

Nos vamos al zoo

A todas las madres, padres y abuela, gracias por venir hoy a la reunión (y si, además, leéis esto, muchas más gracias aún).

Este artículo está redactado para nuestros cuatro alumnos de Primero de Educación Primaria. Va por ellos.

Aunque otro periodista se me ha adelantado, y ha contado en un artículo que nos vamos a dormir con tiburones, quiero contarlo yo aquí.

Sí señor, que lo sepa toda España.

Nos vamos a pasar el día entero al Zoo de Madrid, a comer, a cenar, a dormir y a desayunar.

Y volveremos al cole al día siguiente.

Y se viene Óscar, el profe de Reli.

Y también se viene Elena, la profe de apoyo, que como es la única profe chica, irá con las chicas al baño.

Los pequeños pasarán el día con nosotros y se volverán por la tarde al cole con Carlos, pero los medianos y los mayores...

... cuando todo el mundo que haya ido al zoo ese día tengan que irse, porque haya llegado la hora de cerrar el parque a las visitas...

... nosotros nos quedaremos. Y haremos una excursión nocturna por todo el zoo, acompañados por expertos del parque. Y luego, cuando ya sea muy de noche, sacaremos los sacos de dormir, y nos tumbaremos boca arriba. Y por encima de nosotros pasarán los tiburones -si no se han ido ellos a dormir, claro-.
Y, por primera vez, dormiremos todos juntos. Los compañeros y los profes...
¡Yo ya estoy nerviosito!

Nota:

Estamos ya tramitando lo del columpio. Pero teníamos que hacer algo que les gustara a todos, que disfrutaran todos. Al fin y al cabo, se lo han ganado. Son los periodistas del mejor periódico del mundo, y además Premio Nacional Crearte 2011.

29 de enero de 2012

La música no es una afición

Como cada domingo, echo un rápido vistazo a lo que me espera en el dominical de El País. Esa es, por así decirlo, la lista obligada de lectura de la semana. Y en esta ocasión me espera algo que seguro que han escrito pensando en mí: una vez más, Serrat y Sabina juntos.


Se me ha ocurrido contar aquí aquella vez, no hace muchos años, que estuve en el concierto de apertura de la histórica gira Dos pájaros de un tiro. Yo ni estuve en Woodstock, ni en el Central Park, con Simon y Garfunkel, pero sí estuve en aquel concierto. No paré de cantar -de gritar- cada palabra de cada canción, casi hasta el punto de olvidarme de dónde estaba. 

Zaragoza, Pabellón Príncipe Felipe.

Parece que tardan. Aún no hay nadie en el escenario. De pronto, las pantallas situadas a los lados del enorme escenario muestran las noticias de la tele, en directo. Creo recordar que fue Iñaki Gabilondo quien leyó la falsa noticia de que los dos cantantes habían tenido que suspender el concierto "por problemas de salud...". Y poco después, salieron al escenario.


No era sólo música. No eran sólo poemas. Era la felicidad. Un ratito de simple, pura, de precio razonable e inequívoca felicidad. 

y me envenenan los besos que voy dando...

22 de enero de 2012

Marchando una de animación a la lectura

¿Por qué queréis siempre que sea yo el que os lea en voz alta el libro de Las Brujas, de Roadl Dahl?:

  • Porque el libro mola mucho
  • Por escucharme a mí
  • Porque escuchar es más cómodo que leer

Al terminar la lectura de este artículo podréis responder de forma anónima -no voy a saber quién ha respondido-. Pero, antes de conocer vuestras respuestas, voy a tratar de imaginarme vuestras razones.

1. Porque el libro mola mucho.

(En clase, en la hora de lectura)

- Bien, podría ser esa la razón, pero ¿no estaría el libro igual de bien si lo leyera cada uno, individualmente? Ya os he dicho muchas veces que es mi escritor preferido, pero hay miles de escritores más.


- Ya, pero el libro que estamos leyendo ahora no mola, profe. ¡Yo no me entero de ná!

2. Por escucharme a mí

(En el patio)


- Profe, di otra vez lo de "malditos rrrratones asquerrosos...", habla como La Gran Bruja, anda.

- Yo no hablo como La Gran Bruja. Me limito a leer en voz alta el libro, Águeda... yo no tengo la culpa si pone lo de ¡querridas brugas!...

- ¡Jajajajaja!

3. Porque escuchar es más cómodo que leer.

En mi familia, mis dos hermanas recuerdan muy bien el hambre que nos entraba con sólo escuchar una poesía que mi madre nos contaba. Una historia sobre un pobre pastor, su amada y "un almuerzo muy rico...". No es que pasáramos hambre, era la forma de contarlo. Me encantaba aquella historia; era una de mis preferidas, aunque tenía muchas más. Teníamos un libro, titulado Flor de leyendas, de Alejandro Casona, donde venían muchas historias increíbles (El anillo de Sakuntala, Los nibelungos, El destierro del Mio Cid...)


Era mi madre quien leía. Yo únicamente escuchaba.



19 de enero de 2012

Aprender a perder

Cuando el Madrid pierde, como ayer, suelo decir siempre que el fútbol no tiene interés para mí... pero sí lo tiene. Si el Madrid ayer hubiera ganado, hoy habría cogido la moto para venir al colegio mucho más contento, porque cuando gana mi equipo, tanto en fútbol como en baloncesto, me pongo contento.

De manera que, si pierde, trato de olvidarme diciéndome a mí mismo que el fútbol es una tontería. Una tontería, la del balón de fútbol, con la que llevo toda mi vida, y ya tengo -como bien sabéis- medio siglo de edad. Cuando veo un balón de fútbol nuevecito, siempre me dan ganas de jugar. Quiero que sepáis que, cuando mi profe me preguntaba a vuestra edad lo que quería ser de mayor, yo siempre decía que quería ser futbolista; lo de maestro fue mucho después, cuando me hice mayor.

Había una canción, una especie de baile, parecido al que hace Cristiano Ronaldo ahora, que decía:

La raspa la inventó
Amancio con el balón,
Amancio tira a Pirri,
y Pirri tira a Muñoz,
Muñoz se tira un pedo,
y atufa al portero,
y aquí se acaba la historia,
ganando uno a cero.
Lalalala, lalala, lalalala.....

El Barcelona jugó, una vez más, mucho mejor al fútbol. No nos dejó tocar la pelota -los del Madrid siempre usamos el plural, como si también fuéramos parte del equipo-, y Pujol volvió a hacer lo mismo que en el Mundial, aquel fantástico cabezazo, pero esta vez contra Casillas. El Barça volvió a demostrar que es mejor equipo que el Madrid.

Algunos madridistas, como yo, nos avergonzamos del ejemplo que dan a los niños, es decir, a mis alumnos, es decir, a vosotros, algunos integrantes del actual equipo. A algunos madridistas nos gustaría que el entrenador se comportara en público como lo hace el entrenador del Barcelona. Si no lo hace el Madrid lo haré yo: quiero pedir perdón a Messi por el comportamiento indigno de algún jugador de mi equipo.

¿A qué no sabéis que canción es esta?

En las glorias deportivas,
que campean por España,
va el Madrid con su bandera,
limpia y blanca que no empañaaaaaa....

14 de enero de 2012

Prietas las filas

¿Por qué en nuestro cole hacemos la fila al entrar?

Bueno, lo primero que hemos de tener en cuenta es que no siempre hacemos la fila. Ya sabéis, porque no hace falta decirlo, que cuando hace mucho frío -como en estos días-, entráis a clase según vais llegando. Pero cuando los factores meteorológicos no lo impiden, en nuestro cole se hace la fila a la entrada. En este artículo, que servirá como base para la modificación paulatina de nuestro Reglamento de Régimen Interno (el RRI), aprenderéis las razones que hay para esta norma. Algunos entendidos, cuando yo estudiaba Magisterio, lo llamaron el valor de la norma.

Cada nuevo día, es un día que celebrar, y mucho más si no llueve, o el frío es soportable. Nos saludamos, nos reímos, hablamos un poco de lo que pasó ayer, y entramos todos juntos al cole (bueno sí, todos juntos pero de uno en uno, David). Los padres (es decir, las madres) a un lado y vosotros a otro. Son sólo tres minutos, justo el tiempo de que sea la hora (o de que llegue Juan corriendo con la mochila en el brazo...), pero en ese tiempo pasan siempre muchas cosas.

Por ejemplo...

(9:30 a.m. Salgo del despacho y me pongo la bufanda y el sombrero -este año he cambiado la boina por un sombrero-).

- BUENOS DÍAS.
(Los padres y algunos pocos niños contestan).

- ¡A ver, a la fila! Vamos.

(Doy unas palmadas, y los niños que están jugando al fútbol se acercan a la fila. Es en esos momentos cuando más me acuerdo del dinero del premio, y del pedazo de equipo de sonido que nos vamos a comprar para poner música a la entrada. Ya tengo hecha una lista de reproducción para mi Ipod que se llama "Canciones para entrar al cole". Gaudeamus igitur incluida, claro está.)

-Sheila, deja a la abuela y ponte en la fila ¡YA!

Un padre:

- Dile al profe que van a volver a palmar con el Barça....

Su hijo/a, sonriendo:

- Es verdad, profe, vais a perder otra vez, jejeje.

- Bueno, eso ya lo veremos, el futuro es im-pre-de-cible y enigmático (me resulta muy fácil ponerme enigmático con ellos, basta con una palabrita de este tipo).

- Profe, ¿qué es anigmático?

- Enigmático. Que es un enigma, un misterio. Algo que nadie sabe, hasta que sucede. 


Si ese día hay algún cumpleaños, es el momento de cantar Cumpleaños Feliz -en inglés y en español-, para que el homenajeado pueda escuchar la canción por parte de todo el cole, incluidos los profes y los padres (aunque los padres nunca cantan). También es el momento de saber si alguien está enfermo: solo con echar un vistazo a las dos filas sabes si falta alguien.

- ¿Y Juan Antonio?

- Está en el médico con su madre, profe. Los he visto antes.

Después, si hay algún triciclo, pelota, pala, rastrillo, o cualquier otra cosa - es decir, un averroncho- que los pequeños hayan dejado en el suelo, los medianos y mayores lo recogen, y ya estamos listos para entrar.

Venga, ¿estamos todos? ¡Pues a currar!
- ¡Medianos, para dentro!
- Mayores, ¡adelante!

(Alguna madre espera a que la fila se ponga en marcha para dar un último beso-en-marcha a su hijo, interrumpiendo el ritmo y provocando peligro de colisión)

Cuando construyeron nuestro cole, hace muchísimos años, pensaron en estos arcos y estos escalones para hacer la fila. Y aquí se ha estado haciendo la fila desde entonces. La fila es nuestro ritual diario. Los pequeños no hacen la fila porque no se enteran de nada. Lo de hacer la fila es muy difícil, requiere mucha práctica. Fijaos vosotros, los mayores. Estáis ya en mi clase y nunca está la fila recta. Cuando los pequeños sean medianos empezarán a hacer la fila. Quien sabe si, con el tiempo, algún día, aprenderán a hacer la fila recta. No hay que perder nunca la esperanza.