23 de enero de 2008

Mi clase, castigada

Sí, esta mañana toda la clase se ha quedado sin recreo, pero no he sido yo quien ha impuesto el castigo. Yo estaba dando inglés en la clase de al lado, en 6º (los de sexto...)

El asunto ha sido así:

(espero contarlo bien, porque me consta que hay madres y padres de alumnos que leen mi blog, y también mis compañeros de trabajo)

Al comenzar la mañana, ya he contado que salimos al patio a buscarlos, donde se supone que hacen fila (y también os he contado que lo de la fila no lo han visto ni en pintura). He salido, junto con otra compañera, y he entrado en clase con los de sexto. Hoy tenía dos horas seguidas con ellos -I don't like wednesdays-. Cuando he terminado, he entrado en mi clase, y me he enterado de lo que había pasado. Según parece, la profesora que tenía clase con los míos no ha podido acudir. Un grupo -sólo diré un grupo, aunque mentiría si dijera que no sé quiénes- quería salir a avisarme de que estaban solos. Otro grupo -también mentiría si dijera que no sé quienes- ha convencido a todos de que no dijeran nada. Se han organizado para no hacer ruido, y así no llamar la atención de ningún profesor. Lo más paradójico, al menos para mí, es que no han estado alborotando. Unos se han puesto a terminar los deberes, y otros a charlar, pero teniendo cuidado de no elevar el tono de voz para no ser descubiertos. La jefa de estudios, junto con la directora, han decidido imponerles a todos el castigo: todos sin recreo.

Y hay varias cosas ciertas.

La primera, que no me he opuesto al castigo. No lo he hecho porque, después de pasar tantos años en la empresa privada, creo que mi cerebro está tan acostumbrado a acatar las decisiones que ni siquiera es capaz de reflexionar un momento ante una situación así. Y no lo he hecho porque, tratándose de una infracción leve -aunque no quiero ni imaginarme qué hubiera ocurrido si hay un accidente-, la pena impuesta no era exagerada (los espabilados han aprovechado el tiempo para hacer los deberes). Pero no cuento esto para justificarme. Lo cuento para...lo cuento porque hace tiempo que me dije a mí mismo que contaría aquí lo que me pasara en el cole. Y esto es lo que me ha pasado hoy.

Entre el grupo de alumnos que querían avisarme, el castigo les ha parecido un acto injusto. Y lo ha sido. Sólo se me ha ocurrido decirles que la próxima vez no se dejen llevar por las opiniones de otros. Que si tienen un criterio propio -y lo tenían- lo mantengan. Pero me temo que esta experiencia, la de sentirse tratados de forma injusta, por una decisión de grupo, no será la última vez que la sientan.

No sé si era la mejor forma de aprenderlo. Hay cosas que se aprenden. Otras se enseñan.

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Perdón, estoy pensando... voy a imprimir esto, y mañana lo leo en clase.
NO TENGO CONEXIÓN A INTERNET. ¡Y LO NECESITO PARA TRABAJAR!

7 comentarios:

Anónimo dijo...

Lo que me gustaría saber, Ángel, es por qué se les ha impuesto el castigo: ¿por quedarse solos? ¿por no avisar a alguien? ¿por alborotar? ¿por hacer la tarea? ¿por...?
Y otra cosa: ¿por qué esos niños estaban solos, es decir, de quién era la responsabilidad de que se hubieran quedado solos?

Mújol dijo...

No me gustaría polemizar sobre este asunto. Acabo de leer el artículo en clase, y creo que ha quedado claro (al menos eso espero).

Aun así, contesto:
El castigo lo impuso la directora, por no avisar a algún profesor. No estuvieron alborotando. No creo que conduzca a nada bueno decir aquí de quién era la responsabilidad. Creo que es mejor que cada uno saque sus propias conclusiones, y tratar de no darle más importancia al asunto.
Y una última cosa: gracias por el interés en mi diario.

mjq dijo...

Creo que la que debería haberse quedado sin recreo es la profesora que no ha venido, si es que no ha avisado ,o si lo ha hecho, la directora y la jefa de estudios por no organizarlo mejor; aunque tienes razon no hay que darle mayor importancia, despues de todo, los que pierden son siempre los más debiles y si no que se lo digan a los niños a los que amenazaron con pegar si iban a avisar a alguien, pero eso es otra historia.

Mariano Zurdo dijo...

A veces estaría genial castigar conjuntamente a los niños y a los adultos, en este caso alumnos y responsables educativos, en otros hijos y padres.
Yo creo que sería más eficaz educativamente hablando. El castigo está muy denostado y es cierto que es una herramienta pedagógica útil, pero usada con prudencia y criterio.
Y me parece genial que les hayas leído la entrada. Les ayudará a entenderte.
Besitos/azos.

alba dijo...

Yo soy 1 de las que quería abisar. No entiendo lo del castigo.
Nadie tuvo la culpa.
Además, ¿¿si no hemos hecho ruido, ni hemos molestado a nadie???
¿¿¿para qué nos han puesto el castigo??

Anónimo dijo...

Es una pena que se les castige por una cosa que nada tienen que ver con ellos, van ha dar clase todos los días y creo que en vez de informar ellos de la ausencia de un profesor deberían ser ellos los informados, porque ellos han asistido,no deben de dar más explicaciones, seguro que aprenden no sé si para bien o para mal lo que deben de hacer en esta o otra sitiacón similar. No estoy de acuerdo con el castigo

clandestino dijo...

Yo, evidentemente, tampoco estoy de acuerdo con el castigo, que además de injusto, a mi sí que me parece desproporcionado. Y yo también creo que la culpa es de otros, que son los verdaderos responsables de que una clase de niños no se quede sola.