4 de enero de 2017

El sueldo del maestro

Buenas. Feliz año. No os escrito desde que nació mi nieta; supongo que por dos razones, porque he estado atento a otras cosas, y porque no tenía nada que deciros. Ademas, yo sólo escribo en vacaciones. Siempre me acuerdo de lo que decía Javier Krahe cuando le preguntaban por qué no daba conciertos en verano: "yo no trabajo en verano".

Pues hoy me ha dado por hablar del sueldo del maestro, incluido todo, las vacaciones de maestro también. Pero tranquilos, esto no va del rollo "ganas menos que un maestro de escuela" ó "¡qué bien viven los maestros!" (ambas frases las escuchamos los maestros con frecuencia). Cuando ya estoy más cerca de la edad de jubilarme que de cuando empecé, y teniendo en cuenta los veinte años que me pasé fuera del cuerpo —me encanta esta expresión, siempre la uso cuando cuento mi historia—, he llegado a ciertas conclusiones, o al menos a adoptar un criterio propio, al respecto del sueldo de los maestros de la pública (que se dividen entre interinos y funcionarios).

En la nómina, hay conceptos que no salen reflejados, porque son cosas de Photoshop, no de Excel. Los maestros, —me niego a escribir "los maestros y las maestras"; como dice mi compañero, yo tampoco tendría ningún problema en escribir las maestras, si todo el mundo me entendiera—, funcionamos casi todos por un mecanismo conocido como "hago lo que puedo, pero nunca es suficiente." Supongo que eso es lo que nos mantiene atentos y concentrados. Lamentablemente, nunca es suficiente se traduce, con los años, en "y además, nunca lo sabrás".

Quizá un día cualquiera vendrá a saludarte una antigua alumna. Ese día, te irás a casa tan contento, porque, aunque sea sólo muy de vez en cuando, sabes que aquella vez sí fue suficiente.

El reconocimiento no es una moneda. Forma parte de otro universo.  Es el sueldo del maestro.

Sólo somos finalistas, no quiero hablar de eso.