23 de septiembre de 2016

El acoso escolar

A las cosas hay que llamarlas por su nombre, y si no existen, o existen pero aún no tienen nombre, hay que ponérselo, porque es la única forma de entendernos, de saber de qué estamos hablando. De nada sirve, y mucho menos a los que nos dedicamos a esto de la educación,  escuchar lo de "eso ha pasado en el cole toda la vida". Es posible que tengan razón. Posiblemente haya pasado en la escuela toda la vida, pero, para la supervivencia de nuestra especie, convendría hacer lo posible para que no siguiera pasando. Los maestros no tenemos la clave del problema, pero forma parte de nuestro trabajo. Enseñar el mapa de España (hasta ahora, con Cataluña), pero también estar atentos y saber qué está pasando. Forma parte de nuestro trabajo.


Todo esto no lo digo aquí, públicamente, porque yo no tenga ningún problema en este aspecto y además me permita hablar de ello.  No quisiera dar la impresión de que sé de lo que estoy hablando, y dar consejos sobre cómo resolver el problema. Tan sólo quiero expresar públicamente mi opinión, porque, escribiendo sobre esto, sé que queda escrito. Y de eso se trata, de distinguir lo que se dice, de lo que se escribe. Cuanto antes entendamos la diferencia, mejor para todos. La escuela debe asumir esa idea, e incorporarla a sus objetivos pedagógicos.

En el acoso escolar, además del nombre, deberíamos ponernos de acuerdo en su clasificación, porque cuanto más lo conozcamos, y lo clasifiquemos, más fácil será detectarlo, que es el primer paso para tratar de impedir que siga creciendo. Aunque hay otros, yo estoy hablando aquí del acoso digital, y usando la misma herramienta, o parecida, que usan los acosadores/as: internet. (whatsapp es internet, "va por internet"). 

Los romanos, de los que en España aún conservamos muchas cosas que podemos ver en muchos pueblos, escribían sobre piedra para que lo escrito perdurara en el tiempo, y no se perdiera. Para que todo el mundo lo leyera, generación tras generación. En los Toros de Guisando aún se puede leer lo que escribieron.

Escribir aquí, en internet –o en el guapap–, es lo mismo. Es escribir en piedra. A las palabras no escritas se las lleva el viento.

Prohibir el uso de móviles es parecido a prohibir el uso de ordenadores, o de calculadoras. Antes de prohibirlos, tenemos que aprender a usarlos.