17 de mayo de 2007

Mi herencia

Andaba yo el otro día bastante triste pensando qué poco van a poder heredar mis hijos cuado me muera. Si lo comparo con lo que mi padre me dejó, no hay que hacer ninguna hoja excel para darse cuenta de que las generaciones, en mi caso, van cada vez peor.

Y entonces pensé en mi colección de discos. No tengo ningún disco rarísimo, ni ninguna copia firmada por McCartney, ni nada de eso. Pero tengo muchos. Casi todos los que tuve en vinilo los volví a comprar, poco a poco, en CD. Es una colección bastante grande, y muy ecléctica. Nunca he rechazado ningún tipo de música, excepto el rap. En una estantería que ocupa una pared entera, se mezclan los discos de zarzuela con la canción de autor -soy un gran aficionado-, o viejos oldies de auténtico y puro rock and roll. En fin, lo que quería comentar aquí, aunque parezca mentira, y como siempre, tiene que ver con la tecnología.

Desde que me tomé en serio, hace unos meses, mi base de datos ITunes, he ido clasificando escrupulosamente cada canción, autor, álbum, recopilaciones, colaboraciones, géneros, etc, etc. Y pienso seguir haciéndolo. Los viernes por la noche, me gusta sentarme de mi Mac y seguir clasificando mi música, haciendo increíbles obras maestras en forma de listas de reproducción, jugando a ser el dueño de una discográfica.

Y lo más paradójico de todo es que ese disco duro de mi Mac tiene mucho más valor que toda la estantería. Porque contiene la estantería entera, y un programa estupendo para coger los discos que quieras, y que mágicamente siempre estén en sus estuches.

Supongo que la gente joven comenzará a heredar este tipo de cosas. A heredar bits. Mola.

26 de marzo de 2007

Wikipedia

Desde que comenzó a tener cierta relevancia, me interesó el proyecto de la Wikipedia. Mi interés estaba no el resultado del proyecto, y en imaginar cómo evolucionaría, sino en observar cuál era la reacción de los usuarios. En principio, contar con la posibilidad de que se convirtiera en un instrumento académico de consulta parecía -y aún me lo parece -un poco utópico. Pero por otro lado, había algo romántico en la idea. Una enciclopedia escrita por los propios lectores. ¿Qué pasaría con el rigor necesario? ¿Terminaría siendo un sitio donde escribir palabrotas, pintar bigotes en las caras de los cuadros y aprovechar el anonimato para decir, simplemente, tonterías? ¿Realmente funcionaría? Al fin y al cabo, se trata de ver si eres optimista respecto al término "gente", o si eres -como soy yo- ciertamente pesimista. Cuando queremos poner de manifiesto un comportamiento incorrecto -como, por ejemplo, la forma de conducir de algunos- solemos decir "la gente conduce fatal". Bien, pues, ¿cómo se comportaría la gente si tuviera un muro gigantesco para escribir? ¿Cuál sería el resultado? ¿Millones de borrones tipo grafitero-con-exceso-de-autoestima?

Como digo, nunca fui demasiado optimista con este tipo de iniciativas, aunque insisto en que me interesan porque ponen a prueba la capacidad colectiva de un grupo numeroso de seres humanos. Y el otro día, hablando con mi hijo, me quedé bastante sorprendido. Le contaba que había encontrado en la Wikipedia una traducción al castellano de un tema que me interesaba, y que afortunadamente después encontré en inglés.

-"La traducción es lamentable"-, le dije. -"Es una pena que la Wikipedia tenga ese tipo de artículos."-

-"Pues edita esa entrada y mejora la traducción, papá"- me contestó.

20 de marzo de 2007

Acrónimos

Los acrónimos son palabras formadas por siglas, y en informática, de toda la vida, se han venido usando y, lo que es más divertido, creando. Cada vez que se precisa denominar algo -un protocolo, un proceso, una aplicación, cualquier cosa- la forma más usual, sencilla y rápida es recurrir a juntar las primeras letras de cada palabra que lo define. En inglés es mucho más habitual que en español. Recuerdo que hace años, antes de que Windows empezara a joderlo todo -lo que marca claramente un antes y un después en la historia- a mí me gustaba coleccionar acrónimos. Cosas como ASCII, TCP-IP, MS-DOS, MAC-OS, ISP, etc.

Pero recuerdo el acrónimo más divertido de todos. Durante el proceso de creación del Apple IIc (antecesor del Mac, en 1982) Steve Jobs, Steve Wozniak, Bill Atkinson y otros genios estaban enfrascados en la arquitectura de hardware y software de aquel ordenador que, en palabras del propio Steve Jobs, cambiaría el mundo. Y había un chip que Wozniak había diseñado para controlar la lectura de disquetes (disquetes de 5 1/4, que muchos nunca han visto ni verán). Bien, pues todo el mundo en Apple hablaba de aquel chip como el IWM. Y pasó bastante tiempo hasta que a alguien se le ocurrió preguntar de dónde venía el nombre. Nadie lo sabía. Excepto el propio Wozniak: Integrated Wozniak Machine.

19 de marzo de 2007

Alta Velocidad

El viernes pasado tuve que viajar a Sevilla para hacer una demo. Les comentaba a mis compañeros de trabajo (Mariano, Mexileña) que recordaba una vieja canción de Javier Krahe que era tan absurda como nuestro viaje. Ir a Sevilla y volver a Madrid en el AVE.
Aquí está la letra:

Me monto en el AVE
que rápido y suave
me lleva a Sevilla.
Ya estoy en Sevilla.

No vine a Sevilla
a ver la Giralda
sino a verte a ti.
Y le alzó la falda.

¡Chaf, chaf, qué bien,
cuánto amor! Aaaah.

Me monto en el AVE
que rápido y suave
me vuelve a Madrid.
Ya estoy en Madrid.

27 de febrero de 2007

Tal día como hoy

Nací. Hace 46 años. Crecí, aprendí a montar en moto, tuve dos hijos y me saqué el Título de Patrón de Embarcaciones de Recreo. Ah!, y el de Profesor de Educación General Básica. Toma currículum.

26 de febrero de 2007

Windows Vista

El otro día me llamó un cliente para decirme que el programa que hago no le funciona en Windows Vista.

Y como estoy hasta las narices, me váis a oir. A leer, quiero decir.

Cuando creamos en mi departamento el primer CD-ROM educativo multiplataforma en España (para Macintosh y para Windows), nos costó mucho trabajo hacer que funcionara en aquellos PC's que seguían teniendo DOS, y luego escribías "win". Pero tuvimos que hacerlo porque los comerciales nos decían que o funcionaba en los PC's, o no lo pondrían a la venta.

Luego creamos un servicio en internet para niños, La Aventura Educativa (he mencionado esto en alguna otra entrada, pero no es nada comparable a las veces que lo mencionaré en el futuro). Como Microsoft tenía entonces una versión de Explorer que era tan primitiva como su Windows, lo hicimos todo para que funcionara en el único programa estable y serio que había para navegar por internet: Netscape. Y al poco tiempo, los comerciales nos dijeron que para que el servicio tuviera una cobertura nacional e internacional era imprescindible que funcionara en Explorer. Otra vez corrigiendo código y maquetación, en vez de seguir aportando creatividad.

Ahora, aquel CD-ROM para niños -que obtuvo, entre otros, el premio Möebius internacional al mejor programa educativo-, es un disco que tengo en casa. Y que sólo lo puedo enseñar cuando viene algún amigo en un viejo portátil con Windows 95 que conservo sólo para eso. Dejó de funcionar en Windows 2000.

La Aventura Educativa dejó de estar on-line hace años. Y sólo conservo una versión "enlatada" para poder mostrarla a los mismos amigos que vienen a casa, y que se interesan por ello (incluso a muchos que no se interesan por ello también).

Me rindo. No tiene solución. Haremos todo lo que Gates quiera, estamos condenados a ello. Podremos escribir contra el monopolio, contra la tiranía, contra la ineptitud. Pero bajo Windows, como estoy haciendo ahora.

19 de febrero de 2007

Decomisos

Cuando era pequeño, iba con mi padre a ver las tiendas que había en la calle Arenal. Era un edificio antiguo -ya en esa época era antiguo-, lleno de pequeñas tiendas donde se vendían aparatos electrónicos. Los primeros casetes, máquinas fotográficas, proyectores de Super8, tocadiscos, etc. Para los madrileños de entonces, era como la Feria de la Electónica de El Corte Inglés, pero sin feria y sin corte inglés. Era todo japonés. A todo el mundo nos fascinaba la tecnología japonesa. Hacían las cosas muy pequeñas, y sorprendentes. Recuerdo, por ejemplo, una máquina de fotos instantánea (sí, aquellas en las que salía por una ranura un papel que, pasados unos segundos, se convertía en una foto... de calidad discutible).

El argumento de venta era que los artículos que se vendían era de "decomisos". Yo siempre pensé que ese era el nombre del grupo de tiendas. Decomisos. Suena tan raro como Carrefour. Es más, Decomisos suena mejor. Y con la idea de que aquellas tiendas estaban al menos en el borde de lo legal, la gente compraba allí sus artilugios tecnológicos.

La informática aún no existía. Ni Steve Jobs había inventado nada, ni Gates había copiado nada aún. La última tecnología estaba en la calle Arenal, procedente de Japón. O de Canarias, que era el otro destino interesante tecnológicamente hablando.

Así que en mi familia, gracias a la pasión de mi padre, empezamos a coleccionar diapositivas, proyectores de diapositivas, películas de Super8, proyectores de Super8, etc.

Después tuve que pasar aquellas pelis a Beta. Y después a VHS. Y después a DVD. Y ahora a IPod.

Y cuando pienso en todo ello, se me pone cara de estar haciendo el gilipollas.

29 de enero de 2007

El ministro peruano

Como Telefónica de España no sabía qué hacer con nuestro proyecto de La Aventura Educativa, pero les sobraba la pasta -ahora les sobra más-, decidieron por aquel entonces enviarnos a Perú, para presentar allí el proyecto. Se trataba de hacer una demo de verdad conectándonos en directo desde allí al servicio para niños que habíamos creado. En muchas aldeas aún no llegaba la línea telefónica, pero en Lima los afortunados peruanos que trabajaban en la compañía española habían oído hablar de internet, aunque no sabían muy bien para que servía.

Antes de la gran demo a un grupo de diplomáticos, ministros, alcaldes y maestros, tuve una entrevista personal con el que entonces era Ministro de Educación. Le expliqué brevemente en qué consistía el proyecto, insistiendo en la capacidad que tenía para promover el intercambio cultural entre niños y docentes hispanohablantes.

Lo siento, pero no recuerdo su nombre. Siempre he sido muy malo en eso.

Después de escucharme atentamente -era la primera y única vez que he hablado con un ministro-, sacó de un cajón de su mesa una pequeña casita hecha de maderitas y cartulina. Como los trabajos manuales que llevan los niños al colegio.

Y entonces me contó su proyecto. Y me di cuenta que era una mezcla de proyecto y sueño idealista.

En las aldeas más inaccesibles de la selva del norte del país, allí donde no podían llegar ni siquiera los libros para las escuelas, se instalarían construcciones así, alimentadas por placas solares, y con conexión a internet por satélite (estamos hablando, para que os hagáis una idea de la mezcla realidad-ciencia ficción, del año 1.999).

Señalando con el dedo hacia arriba, me dijo: "No podemos llevarles libros, pero los libros están todos allí arriba."

No sé si lo consiguió, y ya digo que no recuerdo su nombre, y le pido disculpas. Pero lo que no se me olvidará en mi vida son sus ojos. Me lo contó lleno de entusiasmo.

23 de enero de 2007

Gratis total

Hoy he leído que se cumplen 10 años desde que empezaron a irse a la mierda las primeras grandes iniciativas de empresas de internet. No quiero hacer la cuenta, pero me parece increíble que haya pasado tanto tiempo.

Dirigía una maravillosa iniciativa de internet para niños, que llamamos La Aventura Educativa. (ya me gustaría poner aquí la dirección, pero si váis a www.aventuraeducativa.com no os encontraréis nada, dejó de existir). Formábamos un equipo de gente apasionada por dar a conocer -y principalmente aprovechar- las posibilidades de internet como plataforma de comunicación entre niños y niñas de todos los lugares del mundo.

Llegaron las primeras reuniones con los grandes elefantes blancos de Telefónica (la última compañía española en enterarse de que internet existía), y empezaron los grandes especialistas del Excel a hacer magníficas cuentas de resultados. Ganaríamos nosécuántos millardos al año. La cuota de conexión a internet -que pretendían cobrar-, la cuota de conexión al servicio -una vez más, sólo los niños ricos podrían usarlo-, la cuota de consumo de línea... vamos, un chollo.

En una de las últimas reuniones con todos estos ejecutivos dije que debería ser gratis. Y, claro, fue la última reunión a la que asistí. Empezaron a crear empresas (Infoeduca), a hacer más hojas Excel, a tener más reuniones donde se masturbaban en grupo viendo las cifras futuras de crecimiento del negocio.

Hasta que todo se fue a la mierda. ¿Y han pasado ya 10 años? Y ahora, ¿quién se acuerda de eso? ¿A que no hay nadie aquí que se acuerde? Joder, ¡si ni siquiera existía el Explorer!

22 de enero de 2007

Antes de Windows

Antes de Windows estaban los Macs. El MacWrite para escribir, El MacPaint para dibujar, el Mac Draw para diseñar...

Antes de Windows yo era mucho más joven, quiero decir, mucho más joven. Me había leído "De Pepsi a Apple", de John Sculley, y yo también quería cambiar el mundo. Yo también soñaba en trabajar en Apple, una compañía de apasionados.

Antes de Windows trabajaba enseñando a los demás a manejar ordenadores, ordenadores Mac. Y la gente pasó de hacer galeradas, con las máquinas enceradoras, a maquetar en Quark (primero en Page Maker, el "masturbeitor"). Y los periódicos, las editoriales y las imprentas arrinconaron poco a poco los cuartos oscuros, las cámaras, los laboratorios de revelado...

Y entonces hicimos el primer programa en CD-ROM para niños. Pero los comerciales nos pidieron que funcionara en esos otros ordenadores que tenían algunos, esos de IBM.

No recuerdo el día, pero en algún momento decidí cambiar mi Mac por un PC. No os hacéis una idea de cómo la cagué.

18 de enero de 2007

La filosofía Napster

La primera vez que vi cómo funcionaba me impresionó. Seguía siendo protocolo internet, pero por encima de las consideraciones técnicas, en aquel sistema "peer to peer" había algo más. Era todo un nuevo planteamiento filosófico. Si una de las principales bases del crecimiento hasta entonces de internet era la idea de compartir, aquel sistema lo planteaba de forma definitiva. Y recuerdo cómo por entonces -Ecuality ya se iba a la mierda, y todos lo sabíamos-, las reacciones de la gente que lo veía por primera vez eran bien distintas.

La ventana principal del programa se dividía en dos (luego, después de Naspter, vivieron muchos más), una parte mostraba lo que estabas copiando y otra lo que te estaban copiando.
Por primera vez en internet, aquellos apasionados de cierto tipo de música podían encontrar fácilmente lo que buscaban, y compartirlo con otros usuarios desconocidos, pero unidos por el mismo interés. Pero digo que las reacciones eran distintas porque recuerdo gente que, al poco tiempo de disfrutar del programa -y de un ancho de banda quetecagas que teníamos-, cerraba su ventana cuando veía que algún usuario copiaba alguna de las canciones que tenía (y que él a su vez había copiado).

Otros intentamos valorar lo que iba a suponer esa forma de funcionar, tanto en el ámbito empresarial como, y eso es lo que a mí más me interesa, en el filosófico. En el comercial, preguntadle a Steve Jobs, y el IPod. En el filosófico, Napster creó una herramienta que es en sí misma internet en estado puro. Una herramienta para compartir, y disfrutar haciéndolo.

15 de enero de 2007

¿Para qué escribimos?

Me refiero a los que tenemos un diario en internet. Como no lo tengo claro, quizá sea mejor empezar por saber para qué no escribimos.

  1. No escribimos para ganar pasta, aunque a todos nos gustaría que nos pagaran por escribir (El fulano de la Miss intelijente lo consiguió, ¿por qué no yo?)
  2. No escribimos porque nos lo mandan, lo hacemos porque queremos.
  3. No escribimos porque tenemos un gran número de lectores que esperan ansiosos nuestra columna diaria (aunque nos encantaría)
  4. No escribimos porque nos consideramos escritores, sabemos todos -incluido el zurdo- que no llegamos a ese nivel, ni lo pretendemos.

Esta mañana mi hija me ha enviado un artículo (usando evidentemente este sistema genial de escribir "Mira esto... y luego la dirección del sitio), y ha resultado ser una entrevista con Javier Marías. Él dice que "quizás escribo porque escribir es una forma de pensar que no tiene rival, una forma muy activa de pensar".

Es mu listo este tío. Por eso tiene tantos lectores, y tanto reconocimiento en todo el mundo. Yo no, yo sé que quizá nadie lea esto -o muy pocas personas cercanas-, pero mis motivos son los mismos.

Ahora bien, ¿y lo que mola que alguien te haga una entrada diciendo que le ha gustado?

9 de enero de 2007

Los libros permanecen, los bits desaparecen

Hace tiempo que quiero escribir sobre lo que ha desaparecido, por culpa del soporte en el que se creó. Nadie, excepto las personas que colaboraron, de una u otra manera, se pueden hacer una mínima idea de la cantidad de contenido multimedia creado, redactado, corregido, editado y programado que dejó de existir. No es que no esté on-line, sino que no está. Que ya no existe.

Eso en lo que respecta al material publicado en internet, pero, además, existen otros muchos trabajos publicados en soportes físicos -CD-ROM, principalmente- cuyo contenido nunca veremos, ni escucharemos, ni leeremos, simplemente porque dejó de funcionar en alguna de las versiones del maldito Windows.

Es algo sobre lo que me gustaría reflexionar algún día con más profundidad. Si no somos capaces de almacenar y reproducir lo que creamos, ¿tiene sentido esta evolución tecnológica? ¿Alguien puede garantizarnos que lo que escribimos podremos leerlo bajo Windows 2.100? No. Pero sí parece más claro que esto del papel -o, algún día, material sintético que lo sustituya-, es un sistema más perdurable. Al fin y al cabo, el que crea algo, por insignificante que parezca, producirá emociones pasados algunos años.

Los bits no. Los bits no producen emociones, porque desaparecen por culpa de la supuesta evolución de la tecnología. Aquella película de papá, en la nieve, con la cámara de Superocho comprada en Decomisos, dejó de funcionar. Y nunca se pasó a Beta. Y tampoco a VHS. Y tampoco a DVD. Una gran oportunidad de enseñar a los niños lo que era la nieve. Porque entonces caía del cielo, no de los cañones artifciales.

5 de enero de 2007

El título del blog

Cuando era pequeño, en el pueblecito donde veraneábamos (veranear, qué bonita expresión, única en su género, y distinta a otoñear, inviernear o primaverear), se usaba un sistema muy eficaz para la venta ambulante, que era a grito pelao. Y uno de los que más gritaba era un pescador que vendía peces -mújoles, una especie en extinción, como el resto de las especies- típica de la región de Cartagena. Digo Cartagena, y no Murcia, porque mi familia es de Cartagena, no de Murcia.

Los pescadores del Mar Menor, que desaparecieron hace muchos años, utilizaban un sistema para pescar un tanto curioso. En las entradas del Mediterráneo al Mar Menor construían una especie de dique clavando cañas en el suelo, para que los peces quedaran atrapados. Eran los mújoles de la encañizá.

Como no tengo intención de comprar ningún dominio, tuve que elegir un título para el blog para que el gran hermano, el algoritmo de búsqueda del dios guguel, pudiera encontrarme. Y, mira tú por dónde, si has llegado a leer esto quizá ha sido así. Hasta ahora, aparezco en primer lugar si escribes el título.

4 de enero de 2007

Los auriculares de mi madre

Como está muy sorda, le compré unos auriculares inalámbricos para ver -y oír- la tele. Los compré más que nada para que cuando voy a su casa, y se oye su televisión antes de llegar al portal, si me cruzo con algún vecino no tenga que esconderme. Y está encantada. Dice que es el mejor regalo que le han hecho en muchos años. Ahora puede ver la tele en su habitación, y a cualquier hora del día o de la noche -las personas mayores cada vez duermen menos- sin molestar a nadie.

Pero el otro día pasó algo. Y tiene que ver con la tecnología, por eso lo comento aquí. Llegué a su casa, y una vez más la tele se oía desde fuera del portal. Esta vez el volumen era acojonante. Eran más de las 11 de la noche. Estaba viendo la tele en su cama, con los auriculares puestos.

- MAMÁ, ¿QUÉ HACES??
- EH??
- ¡LA TELE! SE ESTÁ OYENDO!! (ella sabe que cuando enchufa los auriculares sólo se oye por ahí)
- ¿SE OYE LA TELE?
- ¡CLARO QUE SE OYE, SE OYE EN TODO EL BARRIO!

El cable de los auriculares estaba aparentemente en su posición, pero alguien lo había sacado un poco, justo para poder oír la tele sin auriculares. Y ella, con ellos puestos -son de esos grandes, que te tapan toda la oreja-, había subido el volumen para poder escuchar la tele, pensando que sólo ella lo estaba oyendo. Lo tenía a tope.

Es, como dirá algún arturo, bostonconsultiano, o similar, "claramente un problema de usabilidad"

Eso se lo dejo a los técnicos

Traducción: "No tengo ni puta idea de lo que pasa, pero como soy muy importante, y estoy por encima del bien y del mal, nadie se va a sorprender de que no sepa nada de nada. Ya vendrá alguien que sí sabe, y que está a mi cargo -por tanto, ganando mucho menos pasta que yo-, a arreglarlo, o al menos a decir por qué no funciona."

3 de enero de 2007

Simplemente no está, no existe

- Hola, perdona que te llame tan tarde, pero es que no sé qué ha pasado, pero se me ha ido todo.
- ¿Cómo? ¿Que se te ha ido todo? ¿Todo de qué?
- Del ordenador. Estaba escribiendo en el uord, y se ha ido todo. Me ha salido no se qué de "aceptar" y le he dicho que sí, que palante. ¿Y ahora, dónde está lo que llevo escribiendo una hora?

Es muy difícil explicarlo. Todo ese trabajo. Todos esos trabajos. Todas esas horas, que sumadas entre todos, suman meses, incluso años. No están. Ese texto que escribiste, no está. Quizá sea mejor decirte, para que lo entiendas, que nunca lo escribiste. Que fue fruto de tu imaginación.
Pero "dale a guardar" de vez en cuando. Para que exista.

2 de enero de 2007

Escribir en la pizarra

El sábado pasado estuve charlando con una pareja que aún no tiene ordenador en casa. Son más jóvenes que yo, pero ni él ni ella han mostrado ningún interés por la cosa de la informática, o la cosa de los ordenadores, o la cosa de la internet.

Y hablando de todo esto, él me preguntó que para qué servían los blogs. Estábamos en un bar, con mucho ruido, y no era momento ni lugar para contar una batatilla del abuelo cebolleta. Así que le dije que un blog era como escribir en la pizarra. Le pregunté si recordaba aquella sensación de escribir en la pizarra, cuando el profesor no estaba. Le pregunté si lo había hecho alguna vez. Y me dijo que no. Me dijo que nunca había tenido interés alguno por escribir en la pizarra.

21 de diciembre de 2006

¿Es compatible con SoundBlaster?

Estábamos haciendo una demo multitudinaria del último CD-ROM que habíamos terminado. Era un producto para niños, basado en el cuento de Oscar Wilde, El Príncipe Feliz, y al congreso aquel acudían profesores de Educación Primaria, y por la tarde los niños y niñas de varios colegios.

Antes que nada, y sabiendo -por la media de edad- que aquellos profesores quizá no habían visto un ordenador en su vida, tuve la precaución de hacer una especie de Visita Guiada a la informática. Imaginaos, yo con un PC y el videoproyector, y cada profesor sentado en su pupitre con su respectivo PC. Justo después de decir algo parecido a "y observen que si mueven el ratón, una flechita se desplazará por la pantalla...", una señora mayor me llama:

- Oiga joven -cuando alguien te llama así, mal rollo-.
- Dígame.
- Este ordenador que me ha tocado a mí debe estar roto, porque yo muevo el ratón, pero la flechita no se mueve.

La señora estaba moviendo el ratón en el aire, como si fuera el mando a distancia de la tele.

Por la tarde, aparecieron los niños. Yo traté en vano de que antes de que empezaran con el programa, explicarles de qué iba la cosa. Todos estaban usándolo, y cada uno había ido al sitio que le había parecido más interesante.

Nadie mi hizo ni puto caso. Sólo hubo un niño que levantó la mano, al poco rato:

- Profe
- Sí, dime
- ¿Esto es compatible con SoundBlaster?

19 de diciembre de 2006

Soy maestro

Antes que nada, y antes de contaros esta batallita, he de deciros que soy maestro. Lo de la informática vino después. Además, no soy informático. Desconfío de la gente que responde a la pregunta de "¿A qué te dedicas?" con un rotundo "Soy informático". Es tan absurdo como decir "Soy electrónico". En mi caso, el primer contacto con la cosa de los ordenadores -los primeros tiempos de los Spectrum- me vino a través del Ministerio de Educación.

Llegó un día un inspector al colegio donde trabajaba, y preguntó si alguno de nosotros sabía inglés, porque estaba intentando organizar un curso para maestros con una señora americana y unos ordenadores que había traído. La señora se llamaba Mrs. Thompson -ya en aquel entonces tendría unos 60 años-. Y el curso era una especie de lenguaje de autor, para preparar preguntas y respuestas, basado en ordenadores Apple IIe. Sí, aún Steve Jobs y Steve Wokniak no habían inventado el Macintosh. Lo harían poco tiempo después, justo tres meses después, con aquel histórico anuncio en la SuperBowl, basado en el libro de Orwel. Era 1984. ¿Cuántos lectores de esto no habrían nacido?. Con razón me llaman "el abuelo" mis amigos blogeros.

En España, aparte de unos cuantos Spectrum en el mercado doméstico, y sólo para jugar, prácticamente no existían los ordenadores personales. Pero terminó aquel curso, y yo me quedé con las ganas de seguir practicando aquello. Mrs. Thompson, al despedirse, me dió un disco con el programa. Era mi primer programa. Mi primer disco. Y yo sin ordenador donde meterlo. Era un disco 5 1/4, un disco flexible. Un "floppy".

Llegamos mi padre y yo a una tienda que había en Madrid -hace años que desapareció- con el disco de Mrs. Thompson, y un papel donde yo había escrito Apple IIe. El sistema operativo del Apple IIe era tan horroroso como el MS-DOS. Algo terrible. Pero así eran los ordenadores.

- Buenas tardes, queríamos ver si tienen este ordenador.
- A ver... sí, el Apple IIe, aquí lo tiene.

En aquel momento, al lado del Apple IIe, había alguien sentado delante de otro ordenador, mucho más pequeño, pero con una cosa unida al monitor por un cable. Y aquel tío movía la cosa, y el trazo se reproducía en la pantalla. ¡Estaba dibujando! Dibujando "a mano alzada" con un ordenador. Mi padre -que durante toda su vida fue un apasionado de la tecnología-, y yo nos quedamos petrificados.

- ¿Y éste? ¿Cuánto cuesta?
- Ah, este acaba de salir, pero no funciona como el Apple IIe. Es "incompatible".

Era la primera vez que yo escuchaba la palabra "incompatible".

- ¿Quiere decir que el programa que traigo no funciona en ese?
- Sí, eso es. Los programas del Apple Macintosh no son iguales. Ni siquiera los discos son iguales. Son más pequeños.

Mi padre, -no yo-, gastó todos sus ahorros en aquel Mac. Un Macintosh 512, sin disco duro -no se había "inventado" aún- que aún conservo.

Vinieron después muchos años, cambié de profesión. Abandoné mi condición de funcionario del Ministerio de Educación, porque quería formar parte de aquello. Me leí el libro de John Sculley, De Pepsi a Apple, y me volví absolutamente loco. Yo quería ser como Steve Jobs. Yo también quería cambiar el mundo.

Y, después de tantos años, ¿sabéis lo que os digo? Que aún me emociono al pensarlo. Mi ilusión por cambiar el mundo no ha cambiado. A Steve Jobs le ha ido un poco mejor que a mí. El lo cambió con el Mac, con Next, con Pixar, con el IPod...

Pero yo también lo cambié con Explorama, El Príncipe Feliz, El traje nuevo del emperador y con La Aventura Educativa.

Ya sé que no sabéis de qué hablo. Pero ese es el espítiru de un blog. Quizá alguien lo sepa.