16 de abril de 2008

Pablo Neruda y Manuel Picón

A Pablo Neruda lo conocéis. A Manuel Picón lo conocí yo. Tuve ese privilegio cuando estudiaba Magisterio, hace más de... veinticinco años. Manuel Picón era un cantante, guitarrista y compositor uruguayo que, entre otros discos, publicó junto con su mujer, Olga Manzano, un maravilloso disco de poemas de Pablo Neruda: Los versos del Capitán. Un día apareció por clase, invitado por uno de mis profesores. Nos habló de la poesía, animándonos a hacer lo mismo cuando estuviéramos delante de nuestros futuros alumnos. Hoy, en clase de Lengua y, a última hora, en Expresión Plástica, hemos escuchado la voz de Pablo Neruda en clase. Una voz compuesta de dos voces, la de un hombre y una mujer, que nos han hablado de lo importante que era para el poeta la risa. Hace tiempo que escuchamos a Miguel Hernández decir "tu risa me hace libre, me pone alas"; hoy nos ha contado Pablo Neruda:

"Ríete de la noche,
del día, de la luna,
ríete de este torpe
muchacho que te quiere.
Niégame el pan, el aire,
la luz, la primavera,
pero tu risa nunca,
porque me moriría".

Hemos escrito el poema en lugar del dictado que venía en el libro, como en ocasiones anteriores, pulsando el botón de "pausa" en el Itunes, para tener tiempo suficiente de escribirlo todo. Luego, a última hora, mientras construían un farolillo de papel, con el infame pegamento de barra que ni-pega-ni-ná, algunos ya se han animado a cantarla.

A Manuel Picón volví a verlo, muchos años después, cuando trabajaba en Anaya. Vino, junto con otros cantautores, a ofrecer un miniconcierto. Y, por segunda vez, fue un privilegio escucharle. Poco tiempo después, leí en los periódicos que se había ido para siempre.

Supongo que os hacéis una idea de lo que me hubiera gustado que él hubiera estado en clase hoy. Veinticinco años después, "Tu risa", de Olga Manzano y Manuel Picón, queda escrita en unos pocos cuadernos, y escuchada por unos pocos alumnos.

15 de abril de 2008

El congreso de Atapuerca

Hace varios millones de años, un grupo de Neandertales que vivían en la provincia de Cuenca se reunieron para organizarse. Todos tenían problemas parecidos, y por tanto a todos les interesaba buscar alguna solución. Pensaron que quizá compartiendo sus experiencias podrían encontrar soluciones; hasta entonces cada uno había tratado de encontrarlas por separado, sin éxito. La caza escaseaba, la pesca requería grandes desplazamientos, y su transporte hacía que se pudriera antes de consumirla, el consumo de frutos del bosque a veces les producía severos trastornos intestinales, e incluso la muerte, etc. Para sobrevivir, había que tener en cuenta cada vez más cosas, cosas que tenían que ver con la climatología, con la fauna, con la flora, con todo lo que rodeaba su pequeña comunidad. Y todas esas cosas se transmitían de generación en generación por el único método eficaz que funcionaba de forma natural: la imitación. Los hijos aprendían de sus padres. Con el tiempo, cada una de estas pequeñas comunidades, gracias a la imitación y al estudio cotidiano de su medio, fueron aprendiendo más cosas, y esto hizo que cada grupo tuviera cada vez más conocimientos de su medio (ellos no sabían que, millones de años después, todas esas cosas que aprendían de sus padres los Homo Sapiens lo llamaríamos Conocimiento del Medio). Y aunque la imitación funcionaba razonablemente bien, tenía una pega: los hijos sólo podían aprender lo que veían y escuchaban de sus padres. Había, por tanto, comunidades especializadas en pescar, otras en cazar pequeños mamíferos, otras muy versadas en hierbas y frutos, otras que sabían construir viviendas confortables (en lo que ahora es Seseña), otras conocían multitud de hierbas, tubérculos y raíces que mitigaban sus problemas de salud...

En aquella primera reunión en Cuenca decidieron dos cosas importantes: comenzar a comercializar sus productos. Volverían todos los meses allí, y cada pequeña comunidad tendría un espacio -un stand- para exponer todo aquello que quisiera intercambiar: caza, pesca, hierbas medicinales, etc.

Fue todo un éxito. A partir de entonces los conocimientos del medio ya no se limitaban a su pequeño entorno, sino que conocían muchas más cosas que quedaban muy lejos. Conocían el mar, aunque muchos de ellos no lo habían visto.

Y en aquel congreso decidieron también que habría dos cosas con las que nunca comerciarían: la educación y la sanidad. Surgieron entonces dos nuevos empleos: los médicos y los maestros. Ellos no cazarían ni pescarían; unos y otros se dedicarían a cuidar de la salud del resto, y a enseñar a los pequeños neandertales los fundamentos básicos de la vida en comunidad. Acababa de nacer, en aquel gran salón de Atapuerca, el servicio público.

Lo sé porque tengo un amigo Neandertal que me lo ha contado.

14 de abril de 2008

La educación es un bien público

Estoy tratando de escribir sobre ello, escribiendo un pequeño relato sobre la sanidad y la educación. Y sobre lo que significa "servicio público". Al menos para mí. Pero como aún no lo he terminado, y hoy ya no me da tiempo, pido disculpas y os emplazo para mañana. Tengo que corregir los exámenes de mis alumnos sobre la Comunidad de Madrid. Al menos, lo único que deben hacer es aprender sus datos geográficos.

(Hoy ha venido a darnos una charla a los maestros un sindicalista de CCOO, a contarnos lo que parece que se pretende hacer en la Comunidad de Madrid con la educación. Me he quedado anonadado.)

10 de abril de 2008

El filántropo

filántropo, pa.
(Del gr. φιλάνθρωπος).
1. m. y f. Persona que se distingue por el amor a sus semejantes y por sus obras en bien de la comunidad. U. t. c. adj.

Muy distinguido señor:

Como ya es de su conocimiento, me permito ponerme en contacto con usted para comentarle mi situación, con la esperanza puesta en que, dado su interés por la educación pública de calidad, y vistos los escasos medios con los que la escuela cuenta, tenga a bien tratar de satisfacer nuestras necesidades, si no totalmente, sí al menos en lo que concierne a la dotación de herramientas multimedia para el aula.

No queremos sustituir la pizarra por una pantalla. Lo que queremos es tener una pizarra más grande, una pizarra que ocupe toda la pared, desde el suelo hasta el techo. Además, en la misma pared, queremos tener una pantalla de proyección que podamos subir y bajar, siempre que la tarea en cuestión lo requiera.

Además, necesitamos un videoproyector colgado del techo, con un mando a distancia para poder encenderlo, y cuya conexión esté situada en la mesa del profesor. Eso me permitiría proyectar la imagen de mi ordenador en cualquier momento, sin tener que ir mesa por mesa mostrando a mis alumnos la imagen.

Por otro lado, también necesitamos tener cuatro altavoces autoalimentados, de calidad suficiente, situados en cada esquina del aula. Como en el caso del videoproyector, la conexión de audio estaría también disponible en la misma regleta de conexión que la mencionada para la señal de video, en la mesa del profesor.

Como ya habrá imaginado, dada su amplia experiencia en actividades filantrópicas de este estilo, nada de esto tendría sentido sin una conexión a Internet de banda ancha, con velocidad suficiente para poder ver sin dificultad una señal de video on-line.

Los mapas, el proyector de diapositivas, las filminas del Padre Jaime, el proyector de Super8, el retroproyector, el proyector de opacos, y el resto de equipamiento del siglo pasado podrían pasar a formar parte del Museo del Cole que usted tiene previsto crear.

Como habrá comprobado, no le solicito ningún ordenador, ni para mí, ni para mis alumnos. Aunque sería deseable, entiendo perfectamente la limitación del presupuesto, incluso teniendo en cuenta su desahogada economía. Yo podría seguir trabajando con mi mac, y mis alumnos con sus lápices, sus libros y sus cuadernos.

Tampoco incluyo en esta carta ninguna solicitud en cuanto al software. El motivo no es que no valore el trabajo de los desarrolladores. No lo hago porque, estando obligado a elegir, no me cabe ninguna duda. Prefiero un videoproyector a 20 paquetes del Office. No se preocupe usted, ya me las apañaré. Y no estoy sugiriendo, aunque lo parezca, mi intención de hacer copias ilegales. Yo mismo, como sabe, también fui desarrollador de software, y nunca cobré derechos de autor. Pero no puedo sacar partido de ningún software sin el mínimo equipamiento adecuado. Ni siquiera del software gratuito, o libre de derechos.

Como ya le comenté, todo este equipamiento sólo tendría un objetivo: mejorar la calidad de la enseñanza, desde el punto de vista objetivo de la eficacia. Como a usted mismo le he oído decir, la eficacia es la base de la economía. Y tengo claro que no hay nadie mejor que usted en eso.

Quedo enteramente a su disposición para ampliar cualquier detalle.

Atentamente,

Mújol, maestro de Primaria.

9 de abril de 2008

Mix y su cascabel

Hoy quiero hablar de las cosas que aprendemos de memoria, pero no de las obligadas, como los ríos de España, sino de las cosas que aprendemos por puro placer, por pura diversión. Esas cosas quedan grabadas en la memoria, en nuestro disco duro, de forma indeleble. Podría poner varios ejemplos; pero uno de los que más me gustan es un cuento troquelado que leí... a la edad de mis alumnos. Los cuentos troquelados eran pequeñas publicaciones que se vendían en los quioscos, o en las pequeñas librerías, que tenían la forma del personaje protagonista. Mix era un gato, y el cuento del que os hablo tenía, en la parte derecha, el perfil recortado de la cabeza de Mix. Luego, en el interior, preciosas ilustraciones en cada página y un pequeño texto, en verso, que contaba la historia: la historia de Mix, su cascabel, y su mamá Gata.

Ni conservo el cuento, ni conozco los autores de texto e ilustraciones. Mi hermana mayor, que en mi familia es la única que guarda cosas, sí lo tiene. Alguna vez cuando he ido a su casa me lo ha enseñado, y he comprobado con satisfacción que se encuentra aún en buen estado, a pesar de la debilidad del papel, y de los muchos años. Siempre he pensado que aquel autor desconocido no tuvo el reconocimiento que merecía, ni él, ni el ilustrador. No puedo reproducir aquí las ilustraciones, pero, gracias a la memoria, sí puedo intentar contaros el cuento, aunque no recuerde exactamente todas las estrofas.

Como hoy es tu santo, hijito,
-dijo a Mix su mamá Gata-
te compré un cascabelito,
hace un tilín muy bonito,
no lo pierdas, que es de plata.

La maestra se desvela
para darte educación,
si no quieres que me duela,
pórtate bien en la escuela, Mix,
no seas trapalón.

¡Bah! Fácilmente se engaña a la maestra
¡es tan buena!
Yo prefiero alguna hazaña,
en el bosque o la montaña,
¡el colegio me encadena!

Entretenido en jugar,
perdí el cascabel,
¡Atiza, y me van a castigar!
¿Qué excusa puedo inventar
para ahorrarme la paliza?

(Mmm, no me acuerdo. Un momento, que voy a llamar a mi hermana por teléfono)

Caminando hacia el colegio, sale el enano del bosque.

-Excusas no, la verdad,
mal vas si engañar intentas.
Tómalo, desde hoy
será guardián de tu lealtad.
Te culpará cuando mientas.

Y piensa Mix vanidoso:
"A todos quiero enseñar
mi cascabel primoroso
que, al verlo, algún envidioso,
de rabia va a reventar".

(Llega al colegio, en un dibujo precioso de todos los animales del bosque en sus pupitres)

Mix -la maestra se queja-
¿Dónde ha estado, díganos?
-En casa, doña Coneja,
es que mamá ya es muy vieja,
y tuvo un ataque de tos.

¿Veis brilar la maravilla
de este cascabel de plata?
Antes sí, -dice la ardilla-
pero ahora ya no brilla
y parece de hojalata.

¿Cómo te atreves, pilluelo,
a decir que es de quincalla?
Has de saber que mi abuelo,
general de mucho vuelo,
lo ganó en una batalla.

Mix vuelve a casa y mamá Gata dice:

¡Cómo lo traes, pillín,
casi es negro!
- Quise hacer de saltarín
caí en un hoyo de hollín
y el cascabel se ensució.

Con un trapo lo he frotado
y no reluce el metal
¡Alguien te lo habrá embrujado
porque te portaste mal!

(Aparece de nuevo el enano del bosque)

Gato embustero, suspira,
como no me has sido fiel
has de llorar tu justa ira.
Al decir cada mentira
¡vuelves negro el cascabel!

- Mamá, ayer dije una mentira
te quise engañar.
-Tu sinceridad me admira
y el premio tienes ya.
Mira, el metal vuelve a brillar.

Mix, ante el colegio entero
con humildad se conduce
confiesa que fue embustero,
y al ser más bueno y sincero
el cascabel más reluce.

Y aquí se acaba la historia
de Mix y su mamá Gata.
Fue feliz, jamás mintió,
y el brillo nunca empañó
de su cascabel de plata.

____________________________________

Al autor de Mix y su cascabel. Un homenaje en internet, cuarenta años después.

Gracias, Piluca. Entre los dos, y sin leerlo de nuevo, hemos conseguido acordarnos. Pero, por si acaso, cuando tengas un rato, búscalo.

8 de abril de 2008

La humildad

humildad.
(Del lat. humilĭtas, -ātis).
1. f. Virtud que consiste en el conocimiento de las propias limitaciones y debilidades y en obrar de acuerdo con este conocimiento.

No soy escritor, pero todas las noches de mi vida me he ido con un libro a la cama.
Rafael Azcona


Hay algunas personas, pocas, cuya vida y obra suponen para todos nosotros una lección de humildad, como el caso del recientemente fallecido guionista. Como hay muy pocos casos así, cuando te los encuentras lo menos que debes hacer es aprender de ellos; si además eres maestro, también deberías mencionarlo a tus alumnos, o al menos animar a la reflexión sobre lo importante que es la humildad, sobre lo difícil que resulta ser humilde. Da la impresión, cada vez más alimentada por la televisión -cada vez más enemiga del maestro-, que es mucho más importante tener la capacidad de convencerse de que uno es muy bueno en algo: tú sí que vales. Y podemos llegar hasta tal punto en esa afirmación, que nuestro egocentrismo sea la única razón de nuestra existencia. Yo valgo mucho, soy el mejor en esto, y no hay nadie que pueda enseñarme nada sobre ello. Vemos y escuchamos casos así todos los días, pero es muy raro escuchar a alguien decir: "No soy muy bueno, pero aprendo rápido." En la empresa privada, en la que he estado tantos años trabajando, te defiendes mejor si eres egocéntrico que si eres humilde. Necesitamos, todos nosotros, que los demás nos reafirmen, alimentar nuestra seguridad en nosotros mismos, sin darnos cuenta que, la verdadera seguridad, viene dada por el conocimiento, cada vez más profundo, de nuestras limitaciones, no de nuestros logros.

A algunos de mis alumnos les sorprende que les diga que nunca se para de aprender. Que lo que uno hace en esta vida, constantemente, es aprender; que después, cuando termine el colegio, se sigue aprendiendo; que sólo paramos de aprender cuando morimos. Y, muy posiblemente, ni siquiera así. Quizá entonces el aprendizaje sea otra cosa, quizá entonces aprendamos, por ejemplo, lo que es el infinito.

Y que es mucho mejor aprender rápido que saberlo todo.

7 de abril de 2008

Efmamjjasond

Bien, por fin llueve sobre el pantano. Ya era hora. Aquí estoy, delante del teclado, con el bocadillo de la merienda -recuperemos esta fantástica costumbre- y dispuesto a charlar un poquito con vosotros.

Lo hemos visto por primera vez en el libro de Cono hoy, y se lo he explicado a mis alumnos. Cuando yo era como ellos -a la edad de mis alumnos...- vi esta palabra también por primera vez: EFMAMJJASOND (rápidamente se han puesto a buscarla en sus diccionarios, y rápidamente les he explicado que no venía en el diccionario, que no era exactamente una palabra). Lo recuerdo porque, en aquel momento, no me atreví a preguntar a mi maestro qué significaba. Y acabó el curso, y yo no supe por qué, en algunos gráficos del libro, principalmente en aquellos relacionados con el clima, aparecía siempre en la parte inferior esa palabra, siempre escrita con mayúsculas. Aunque estoy seguro que ninguno de mis alumnos se quedaría sin preguntármelo, me ha parecido interesante contar la anécdota. Siempre que puedo, trato de relacionar lo que estamos estudiando con mi propia experiencia; intento contar alguna anécdota, o algún dato curioso que me venga a la memoria. Ellos no saben que me encanta contar anécdotas, y además no me llaman abuelo cebolleta...

Por eso hemos estudiado las temperaturas y las precipitaciones que se suelen dar en la Comunidad de Madrid durante todo el año. Hemos sacado el cuaderno, y he dibujado en la pizarra, sin Excel ni nada, un gráfico de barras. En vertical, las temperaturas de 0 a 40 º. En horizontal, EFMAMJJASOND.

3 de abril de 2008

La caligrafía

caligrafía.
(Del gr. καλλιγραφία).
1. f. Arte de escribir con letra bella y correctamente formada, según diferentes estilos.
2. f. Conjunto de rasgos que caracterizan la escritura de una persona, de un documento, etc.

Cuando entro a dar Inglés en la clase de los de sexto y hay algo escrito en la pizarra, siempre pienso lo mismo: qué maravilla de letra tiene Manuel, mi compañero de 6º. Es perfecta, las efes, las zetas, todo. Es tan bonita que, antes de borrar, lo comento siempre a los alumnos: qué envidia me da no tener una letra tan bonita. No quiero disculparme, ni buscar excusas, pero Manuel, que es de mi quinta, lleva toda su vida de maestro, y yo he estado veinte años en un paréntesis. Aún así, en mis primeros años de maestro mi letra era tan fea como la de ahora. Todos estos años escribiendo en el teclado no han empeorado mi caligrafía, pero, claro, no ha mejorado nada. A pesar de que me esfuerzo, principalmente porque tengo dos alumnos que acaban de aprender a leer, cuando escribo en la pizarra y luego miro lo escrito desde el fondo del aula, compruebo con cierto desasosiego que debería mejorarla. Exactamente lo mismo que les digo a mis alumnos cuando compruebo sus cuadernos.

Este año estoy aprendiendo mucho. Aprendo cosas que aplicaré el año que viene. No hace falta que venga mi jefe a decírmelo, noto rápidamente lo que funciona y lo que no funciona, o lo que debería funcionar mejor. Y una de esas cosas es mi caligrafía. Y recuerdo a mi señorita Victoria, estando en Párvulos. Mi mamá me mima era la expresión pictórica de la perfección. Te mimase o no tu mamá -la mía me mimaba mucho, y aún lo sigue haciendo- aquella caligrafía, con curvas y rectas tan bien formadas, se proyectaban desde la pizarra hacia todos nosotros. Así comenzamos a aprender lo que estaba bien, y lo que estaba mal.

¿Quién se acuerda de esta imagen?

2 de abril de 2008

Una historia de miedo

Hoy en Lengua nos tocaba hacer un ejercicio de expresión oral. Por parejas, teníamos que contar a nuestro compañero alguna anécdota autobiográfica, para que él después pudiera contarla al resto de la clase. No ha estado mal, pero he tenido que corregir multitud de errores (formas verbales incorrectas, dicción ininteligible, vocabulario inadecuado, etc.). Casi todas las anécdotas tenían como tema principal el miedo, o el miedo que finalmente se transforma en risa, o en alivio. Lo que es evidente es que a esta edad les gustan mucho las historias de miedo, como quedó claro en los últimos artículos que han escrito en El Correo de Cadalso (la historia de Verónica Jaja, La chica de la curva, etc.).

Como yo no he podido jugar, porque me tocaba hacer de maestro, voy a contar mi anécdota aquí. Es también una historia de miedo, mis alumnos me han hecho recordarlo, aunque, en el fondo, una experiencia así nunca se olvida. Allá voy.

Fernando (el intérprete), Santiago, Chito y yo conseguimos permiso de nuestros padres -aún no me explico cómo- para poder pasar dos días de camping, en el río Alberche. Curiosamente, es el mismo río que veo ahora por la ventana, formando el pantano del Burguillo (al 20% de su capacidad...). El río quedaba a pocos kilómetros de nuestras casas (la cultura del chalet de fin de semana, tan presente en la historia de muchos de nosotros), de manera que podíamos ir andando. Cuando llegamos al río, decidimos, en vez de acampar, seguir andando río arriba, para ver qué había después. No lo recuerdo bien, pero supongo que subimos un par de kilómetros más, siempre pegados a su orilla, y bañándonos en él de vez en cuando. Una maravilla de río, que incluso nos permitía nadar sin hacer pie. Después de caminar toda la mañana, vimos un sitio que a los cuatro nos pareció perfecto. Un sitio con sombra, cerca del río, y con una pequeña zona llana para poder montar la tienda. Era la primera vez que estábamos solos, y ninguno de nosotros tenía experiencia alguna en conceptos como hornillo de camping-gas, objetos de aseo personal (cepillo y pasta de dientes, etc), o cómo elegir el lugar adecuado para montar una tienda.

Al caer la tarde, el nivel del río comenzó a subir de forma alarmante, y tuvimos que desmontar la tienda: estábamos en una isla.

Llegó la noche, y los cuatro nos juntamos junto al fuego. Para mí, y no me importa decirlo a pesar de ser un tópico tan utilizado, las palabras reunirse junto al fuego me siguen sonando muy dulces.
Santiago, el más mayor, y el más raro, comenzó a contar historias de miedo. Aunque a mí nunca me han gustado las historias de miedo -y mucho menos las películas de miedo-, entiendo que a esa edad esas historias fluyan. Nos estamos preparando para no pasar miedo, para superarlo escuchándolas y pensando que "menos mal que no me tocó a mí". Y entonces, en aquella noche de verano más negra que el carbón, alguien lo escuchó primero.

- Me ha parecido oír un gruñido. Pero no de una vaca ni nada de eso. Un gruñido como de león.

Todos, Santiago más, teníamos un humor un poco absurdo. Hacíamos y decíamos cosas que sólo nosotros entendíamos. Era, supongo, una forma de identificarnos, y de distinguirnos de los demás.

(Ya de mayores, los tres en Vespa por Madrid. Santiago y Fernando se bajaban, de repente, en un semáforo, y empezaban a darme golpes, como si nos estuviéramos peleando. Inmediatamente los coches empezaban a pitar para defenderme).

Seguimos charlando, y otro, creo que yo fui el segundo, pero no podría asegurarlo, escuchó también el rugido. Indudablemente de un animal salvaje. Un león, un tigre, un tigre dientes-de-sable, un tiranosaurio, ¡yo qué sé!. Pero lo escuché. Perfectamente. El volumen que produce un animal así, aunque sólo lo hayas escuchado en el circo, es inequívoco. Un sonido que no entra sólo por los conductos auditivos, sino por la piel. Lo oyes por la piel.

Entonces, conseguimos que los demás nos prestaran atención. Hicimos muchas pausas de silencio, para poder escuchar algo. Nada. No se oía nada de nada, sólo algunos pájaros. Santiago, un tío muy inteligente que se ganaba rápidamente la atención de todos, nos habló de la capacidad que tenían algunas personas de convencerse de algo, aunque no estuviera sucediendo, y conseguir, a base de pensarlo, que sucediera de verdad. Yo al menos, -Fernando no lo sé, porque no hemos hablado de eso-, estaba ya aterrorizado. Pero, aunque hubiera venido el mismísimo Tiranosauro a darme un lametón en la cara, no lo habría reconocido. Reconocer eso delante de los demás era el fin, la pérdida total de todo tu crédito, si es que te quedaba alguno.

Y, en pocos minutos, no era un rugido. Eran varios enormes rugidos rodeándonos. Y los cuatro los oíamos por todas direcciones. Y cada vez más alto, cada vez más cerca. Tan cerca que podían estar detrás de aquellas ramas, donde alcanzaba la luz del fuego. Y los cuatro tuvimos miedo. Tuvimos muchísimo miedo. Los cuatro no sólo reconocimos públicamente que estábamos aterrorizados, sino que comenzamos a pensar en nuestras familias. Qué pensarían al ver, al día siguiente, nuestros cadáveres.

Pero amaneció. Habíamos acampado cerca del Safari Park de Aldea del Fresno. Cerca de la valla que separa a los leones.

A mis alumnos, con todo mi cariño.

1 de abril de 2008

Los ríos de España

Curiosamente, el primer software que hice, hace muchísimos años, era sobre los ríos de España. Sobre un mapa dibujado en Mac Paint -el bisabuelo de Photoshop-, dibujé a mano los ríos españoles más importantes. Luego, con una serie de "botones" invisibles, aquel viejo mac que tenía mi hija decía (con mi voz) "Hija, ¿cómo se llama este río?". Si escribías bien el nombre respondía "Muy bien, hija". Si no escribías bien el nombre, respondía "No, fíjate bien". Si volvías a escribirlo mal, respondía "Ya me estás cansando, ¡otra vez!". Lo curioso es que cuando mi hija hacía demos del programa a sus amigas, lo primero que hacía era hacerlo mal, para que todo el mundo escuchara mi voz regañándola. Era un programita hecho en Hypercard, una maravilla de Bill Atkinson, uno de los genios que entonces formaba parte del equipo de Apple. Entre otros importantes avances, Hypertalk (el lenguaje de programación de Hypercard) fue el primer lenguaje que incluía el concepto de hipertexto.

Quién me iba a decir a mí que, veinte años después, iba a tener que enseñar los ríos de España, con un mapa colgado en la pared, y con la pizarra como herramienta principal (y casi única). Pero no pretendo aquí lamentarme por la falta de medios. Hace veinte años yo ya estaba convencido de que los ordenadores supondrían una aportación al proceso educativo muy significativa (algún día me gustaría reflexionar aquí cómo era la informática antes de internet). Mi responsabilidad, mi labor, y mi objetivo es que mis alumnos sepan identificar los principales ríos de la Península Ibérica (en Baleares, torrentes, y en Canarias, barrancos). Y, como es obvio, no me importa cómo conseguirlo. La cuestión es que lo aprendan.

No quiero lamentarme aquí por no tener Google Earth en clase para ver los ríos. Lo que me inquieta, es que muchos de esos ríos ahora los puedes cruzar andando. Los ríos más importantes de España.

31 de marzo de 2008

La alegría de vivir

Este sábado he estado en Madrid, viendo la exposición de Picasso en el Museo Reina Sofía. También estuve con mi hijo, hablando de todo un poco, de la facultad, de su grupo de música, de su beca Erasmus... Con mis alumnos, además de preparar el examen de Cono de mañana, hemos estado comentando los temas del próximo número del mejor periódico del mundo, El Correo de Cadalso. He mencionado en alguna ocasión que tenemos unas fotocopias preparadas -el papel oficial del periódico- y dispuestas en una bandeja, en la clase. Tienen la cabecera del periódico, un espacio para poner el título y el autor del artículo y los necesarios renglones para escribir a mano sin torcerse. Lo único que falta es el tema. ¿Sobre qué escribir?

Hablando de las nuevas canciones del grupo de rock de mi hijo, yo trataba de animarle a que escribiera las letras. Hasta ahora, parece que sólo uno de sus amigos se atreve a escribir, y a mí me gustaría que él también lo hiciera (porque estoy convencido, cómo no, de que lo haría muy bien). Pero ¿sobre qué escribir?

Si analizo rápidamente las diversas obras de arte que me han emocionado (emocionar y ser útil...) a lo largo de mi vida (literatura, cine, pintura, canción) todas han surgido, de una u otra manera, de una experiencia intensa en la vida del autor, una experiencia vital. Paseando por delante de los cuadros de Picasso, uno puede experimentar fácilmente -mis alumnos también lo harían, y a mí me gustaría mucho que lo hicieran- los diferentes estados de ánimo por los que atraviesa el autor. El horror, la desesperación, la tristeza y, en la cuarta sala, (Picasso 4), la alegría de vivir.

Le decía a mi hijo que cuando uno escribe bien es cuando está muy triste, o cuando está enamorado. Quizá los genios también son capaces de hacerlo en cualquier otro estado de ánimo, pero eso queda reservado para ellos.

El tema del próximo número de El Correo de Cadalso es la alegría de vivir. En Cadalso, en El Tiemblo, en Cenicientos, o donde sea.

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Foto de una pared de mi casa. Una ventana que tengo para poder salir por ella.

27 de marzo de 2008

Palabras para Julia y el Chiki-Chiki

Hoy quiero hacer aquí dos reflexiones sobre estas dos canciones. Sin compararlas, sólo atendiendo a lo que sucede en clase, sobre lo que nos pasa a nosotros, los de la clase.

El último día antes de las vacaciones estábamos terminando una lección de Lengua (una unidad didáctica, en el argot). Estaban todos deseando que fuéramos a jugar al fútbol, así que no quise empezar una nueva lección. Se me ocurrió entonces hacer un dictado, que no venía en el libro. Abrí el ITunes y puse la canción Palabras para Julia, con Paco Ibáñez cantando en directo. Adelanté la canción para no escuchar la presentación que hace en francés, y fui repitiendo cada verso, pulsando el botón de pausa. Como resultó un dictado algo más largo de lo que están acostumbrados -y ya tenían las botas de fútbol puestas...-, les dije que seguiríamos después de las vacaciones. El martes pasado lo terminamos. Como es lógico, tuvimos que escuchar la canción varias veces para que diera tiempo a escribirlo todo. Luego, dado que no venía en el libro, y para que pudieran corregir la ortografía, escribí la canción entera en la pizarra. Una vez más, volvimos a escuchar la canción al mismo tiempo que leíamos lo que habíamos escrito. Hasta ahí todo normal. Lo curioso es que algunos empezaron a cantarla, una vez que yo también me animé a hacerlo. Tratad de imaginar a un maestro cantando "Tú no puedes volver atráaaaas porque la vida ya te empujaaaaaa, como un aullido interminableeee, interminableeeeee...." Supongo que empezaron a cantar debido a la cantidad de veces que tuvimos que escuchar la canción para poder escribir la letra (tened en cuenta que la velocidad de escritura no es la misma que la de un adulto). Así que de pronto me vi rodeado de niños y niñas cantando Palabras para Julia, como en aquellas lejanas reuniones de jóvenes amigos.

Ayer, miércoles, teníamos Expresión Plástica. Volví a poner Palabras para Julia en el Itunes. Como hago siempre, escribí una palabra significativa para la búsqueda -una palabra, digamos, googleliana-, en este caso, "Julia". Además de la Julia de los Beatles, y de otra cosa de Jerry González y los Piratas del Flamenco, y la de Paco Ibáñez, también apareció una versión de la misma canción, pero por Los Suaves. Y eso sí que fue alucinante. En un nanosegundo, se dieron cuenta que era la misma canción, pero con guitarras eléctricas, y el tono de voz inconfundible de alguien cantando rock and roll en español. Y les moló mucho más. "Entonces siempre acuérdateeee, de lo que un día yo escribí, pensando en ti, pensando en ti, como ahora piensoooooo...."

Como maestro de la escuela pública, agradezco desde aquí la aportación al proceso educativo de José Agustín Goytisolo, de Paco Ibánez, y de Los Suaves.

Por otro lado, también antes de las vacaciones, puse la canción del Chiki-Chiki. (Os lo conté, lo hice sólo por ver su reacción). Pocos eran entonces los que sabían lo del cruzaíto, el maikelyakson, etc. Entonces -tan sólo una semana antes- aún no lo habían repetido mil veces por televisión. Ayer, mis dos alumnos marroquíes y yo nos fuimos a la sala de ordenadores, mientras los demás tenían clase de Religión. Ya os he comentado que tienen algunas dificultades para la expresión oral -y ya no digamos la escrita- en español. Y los dos me hicieron una demostración, baile incluido, de la canción del Chiki-Chiki. Se la saben de memoria. No sé si saben quién es Michael Jackson, ni Robocop -yo no tengo intención de enseñarlo-, pero han aprendido la letra de memoria. Y les mola muchísimo.

¿Debería agradecer también a Rodolfo Chikilicuatre su aportación?

26 de marzo de 2008

Mi primera entrevista de trabajo

Fue en 1984. Las paradojas, que me han acompañado toda mi vida, hicieron que ese año terminara Magisterio, conociera el mac y a Steve Jobs -aunque nunca personalmente-, se acabara aquel magnífico cómic y muchos recordáramos el título de la novela de Orwell. Y mi primera entrevista de trabajo. Todo junto. En aquel año, el anuncio más caro de todos -el intermedio de la final de la Super Bowl- mostró al mundo lo que Apple se proponía hacer, y en lo que fracasó, según se supo años más tarde. En la novela, escrita muchos años antes, la acción totalitaria de un gobierno obligaba a los ciudadanos a cumplir todo tipo de leyes y normas. Y Apple se disponía a demostrar que 1984 no sería como 1984. IBM era el "gran hermano" y la gente de Apple quienes encabezarían la liberación. Después, poco después, un tipo gafotas encontró una tercera vía (ahora acaba de decir que se jubila).

Mientras tanto, yo leía a Piaget, a Erich Fromm, a Saint Exupery... y también los cómics de Carlos Giménez. En esas estaba cuanto mi profesora de Lengua, interesada en ayudarme dada mi precaria situación económica, me recomendó para una plaza de maestro. Aún no había terminado Magisterio, pero me quedaba muy poco. Pronto podría abandonar aquel maldito taller donde mi padre se dejó la vida, y ejercer de maestro. Aquello se convirtió en la primera oportunidad de conseguirlo. Una plaza de profesor de Lengua en el colegio del Pilar, en la calle Castelló. Después de una serie de preguntas y respuestas sin ningún fundamento, aquel cura me preguntó:

- Bueno... ¿Ángel me has dicho que te llamas, no?

-Sí.

- Bien, Ángel. ¿Tú que opinas de la disciplina?

(Intenté una respuesta mixta. No quería mostrarme como un ser totalitario, pero sabía que tenía que decir también algo a favor. )

- Mira, Ángel. Cuando entres en clase, debes ser capaz de hacer callar a todos sólo con tu mirada. Eso es lo que debes aprender.

Allí se acabó la entrevista. Creo que no he vuelto a pasar por esa calle nunca más. Ni por casualidad.

Para futuros maestros:
Os escribo desde la escuela pública. Pero, si algún día tenéis que hacer una entrevista de trabajo en la escuela privada, no se os ocurra, ni por lo más remoto, intentar una respuesta mixta. Si la cagáis, que sea al menos con estilo.

25 de marzo de 2008

La caza de las mariposas

Buenas, ya estoy de vuelta. Las vacaciones muy bien, estupendas. Y la vuelta hoy al cole también. Hace tiempo os hablé de una canción; algunos de vosotros me pedíais que la pusiera aquí. Como creo -aunque no estoy seguro- que a Georges Brassens no le importará, ni a los hermanos Alberto y Claudina Gambino tampoco, hoy os la pongo. Son fotos de mi reciente viaje a París. Me fui con mi chica a cazar mariposas.

13 de marzo de 2008

Me gusta el fútbol

Nos han metido un seis-dos rotundo, más que una manita, un set. Como no creo que a ninguno de mis alumnos le apetezca escribir un artículo sobre el partido en El Correo de Cadalso, será mejor que lo cuente yo, que hacía de seleccionador.

Último día antes de las vacaciones, gran partido de fútbol entre 5ºA y 5ºB (5ºB son los míos, aunque también 5ºA son un poco míos, la verdad). Como no habíamos entrenado, he creído que un buen seleccionador debe dejar a cada jugador que juegue en la posición que más le convenga, siempre que estén cubiertas todas las posiciones (eso es lo que haría yo, D. Luis Aragonés; bueno, eso y también irme si digo que me voy). Así que he puesto de portero a quien quería estar de portero, de defensas a unos cuantos, de centrocampistas a otros y de delanteros... ahí no tenía duda. De delantera a Ronaldiña. La mejor de todas. A pesar del resultado, en eso no me he equivocado, porque es un hecho admitido por todos: ella es la mejor jugadora de fútbol de nuestra clase, de toda la clase. Yo, que tengo mucha experiencia en ver fútbol -y no tanta en jugar al fútbol-, puedo decir que es la niña que mejor juega al fútbol que he visto en mi vida. Pero, como quizás esto llegue a sus oídos, también he de decir que no se calla ni debajo del agua. (Esto, una cosa. Es que lo hemos dado en clase hoy. Calla. Del verbo callar. Allí hay un viejo con un cayado que está muy callado. ¿Entendido? Perdonad los demás...)

La cuestión, no lo voy a negar, es que hemos perdido. Como seleccionador, felicito desde aquí a 5ºA y a su seleccionador (que ha hecho también de cámara, no tenemos más presupuesto). Nosotros al final no lo hemos hecho tan mal. Íbamos cinco-cero, y estaba convencido de que iba a ser una sangría. Al final hemos marcado dos goles. Admito que el árbitro -que hace además de profesor de Educación Física, cuestión también de presupuesto- ha dejado el silbato antes del final del partido y se ha puesto a jugar con 5ªB. Pero también es cierto que 5ºA ha jugado toda la segunda parte con un gran portero -que hace además de Profesor Especialista en Audición y Lenguaje... , el presupuesto-. Ha parado al menos tres goles cantados (si miento, que el seleccionador de 5ºA lo diga).

Al final, hemos vuelto a clase porque nos esperaban las madres (y un padre, menos mal) para entregar las notas. Ha hecho una mañana magnífica. Genial para pasarla al aire libre. Y para jugar al fútbol, aunque se pierda.

He vuelto a casa, y he pensado (aunque no debería decirlo, y mucho menos para futuros maestros):

Hoy, al aire libre, jugando al fútbol en un magnífico día. Y mañana, más de siete días de vacaciones. Gano la mitad que el año pasado, pero trabajo la mitad que el año pasado (y que los últimos veinte años, también). En días así, víspera de vacaciones, uno se alegra de ser maestro. Pero no sabría deciros muy bien por qué.

12 de marzo de 2008

El festival de Eurovisión

naíf o naif.
(Del fr. naïf, ingenuo).
1. m. Estilo pictórico caracterizado por la deliberada ingenuidad, tanto en la representación de la realidad como en los colores empleados.


Cuando era pequeño, a la edad de... bueno, a esa edad, era la primera vez que veía en la tele hablar en extranjero. Aprendí muy pronto a decir "United Kingdom, seven points..." etc, etc. En mi ITunes, hay varias canciones del festival; entre otras, una rara y simpática versión de La, la, la con Massiel cantando en inglés, Marionetas en la cuerda, de Sandie Shaw, Eres tú, de Mocedades, Vivo cantando, de Salomé -nunca falla en el clímax de una fiesta cuando hago de pinchadiscos-, el grupo ABBA, etc. Pensaba anoche que quizá el estilo de aquella Eurovisión era naif, y nunca lo he sabido. La verdad es que, también en el Itunes, tengo hasta la música de Eurovisión -la música de la cabecera- cantada en inglés por Miguel Ríos -si eso no es naif, ya no sé qué es-.

Y esta mañana, como era miércoles, había preparado una canción para leer y escuchar en inglés con los de sexto. Como es habitual, he conseguido un nivel de atención decepcionante -pero no para mí-, aunque la hemos escuchado hasta el final. Sobraban dos minutos... y, desde ayer, mi Itunes también tiene Baila el chiki, ckiki, de Rodolfo Chiquilicuatre. La he puesto, y el nivel de atención ha sido del 100%. Los pocos que siempre molestan a los demás, eran esta vez los que pedían silencio.

Luego, en mi clase, teníamos Expresión Plástica. Uno de los pocos momentos en que se me permite poner música en clase. Al principio de curso, sacaba el Itunes y le decía a mi amigo Aleatorio -cada vez lo hace mejor- que pusiera música él. Pero desde hace meses la pongo yo. Hoy, por ejemplo, he puesto una magnífica canción en francés de Charles Aznavour, Tous les visages de l'amour, porque mi mujer y yo la hemos elegido -entre otras obras de arte- para amenizar nuestras fotos del viaje a París (con el Iphoto, y un amigo de Aleatorio, que se llama Ken Burns. (Chiste sólo para gente del mac).

Luego, para observar su reacción -los estoy observando constantemente, me lo permite mi profesión- he puesto el Chiki, Chiki. Y lo he tenido que poner otras seis veces seguidas.

Yo también bailo el Chiki, chiki, porque yo también tengo sentido del humor. Es una broma. Lo de los pajaritos iba en serio. Y lo de la Macarena también. Esto es una broma, surgida del humor -cada vez más representado- de los internautas. ¿Será verdad que somos, -como dicen los digital homeless- una especie rara?

11 de marzo de 2008

Un minuto de silencio

Hoy, después del recreo, en clase de Cono. Aunque yo no lo he mencionado -pero lo sabía, voy escuchando la radio por las mañanas-, una de mis alumnas:

- Profe, ¿y por qué no guardamos un minuto de silencio?

- Es una buena idea. ¿Sabes por qué?

- Por lo del terrorismo.

- Hoy hace cuatro años que Madrid sufrió el mayor ataque terrorista de toda su historia. Hubo muchos muertos. Muchas familias que se quedaron sin hijos, sin hijas, sin hermanos, sin hermanas, sin padres, sin madres, sin abuelos, sin abuelas

Uno de ellos:
- Sin bisabuelas, sin bisabuelos...

- ¿Queréis que lo hagamos? ¿Lo decís en serio? Es una cosa muy seria, no se pueden hacer bromas con algo tan trágico.

Una de ellas:
- Sí, profe, yo cuento, que tengo reloj.

- De acuerdo. Vamos a ponernos de pie todos, y estaremos un minuto sin decir ni hacer nada. Sólo pensando en todas esas pobres familias. En todas.

Sólo en algunos campos de fútbol (de Inglaterra, no de España) se guarda un minuto de silencio como lo hace mi clase. Pero, lo mejor de todo, es que no he sido yo quien lo ha propuesto.

10 de marzo de 2008

Los tests

Nunca me han gustado los tests. Desde que era muy pequeño, siempre se me ha dado muy mal. Incluso la misma palabra, test, no me gusta nada; todo lo contrario que la palabra calafatear, que me encanta. Aunque está demostrado que es la forma más eficaz (por ser la más rápida) de comprobar la adquisición de conocimientos, también es una de las formas más eficaces de ignorar los valores; lo que pasa es que, al final, lo-que-cuenta-para-nota, no son los valores. Pero hay otra razón económica más poderosa: la corrección de tests, esto es, la comprobación de adquisición de conocimientos, se puede llevar a cabo de forma mecánica: hace años que los ordenadores corrigen los tests (y en plural, me gusta menos todavía). Por eso, entre otras muchas cosas, en el examen de conducir ponemos cruces, en vez de responder a preguntas como "Dígame qué opinión le merece un paso para peatones", por poner un ejemplo.

El primer test al que me enfrenté en mi vida fue en la "prueba de ingreso" para aquel colegio privado, de mal recuerdo. Con los años, comprendí que la "prueba de ingreso" estaba más bien sujeta a la solvencia económica de mis padres, no a los resultados del test. Fue mi primer fracaso escolar. He de decir, en mi defensa, que también fue una trampa. Un ardid vil y cobarde, propio de una mente cobarde. Y, a los seis años, eso no se hace.

Salí de aquel primer día de cole, y mi madre me preguntó:

- Bueno, ¿qué tal? ¿qué te han preguntado?

Yo contesté:
- Buah, era fácil (supongo que en realidad diría algo parecido a "estaba chupao"). Me han preguntado: "Las vacas blancas dan la leche blanca... ¿y la vacas negras?" ¡Pues negra!.

Eso no vale. No vale poner trampas. Siempre he pensado que deberían repetirme aquel examen.

7 de marzo de 2008

El autor

Hace días escuché a Iñaki Gabilondo -veo y escucho con atención lo que dice y muestra- contar una noticia emocionante. Metidos en una lata, habían aparecido varios carretes de fotografías valiosísimas. Fotografías de nuestra guerra civil. Fotografías, no historias, sobre nuestra vergonzosa guerra, de hace tanto tiempo. Digo que hace tanto tiempo, porque -ya os lo he contado- mis alumnos dicen que Franco es un personaje de... la palabra prohibida (Presin Cach).

Un día, alguien metió en aquella lata los carretes. Metió en una lata a alguien que quiso contarnos algo, y que no se perdiera. Pudo pintar un cuadro para que recordáramos el horror, y también simplemente pudo escribir su propia historia; pero lo que hizo fue hacer fotos. Hacer fotos de la gente. Sólo eso. De gente desconocida. De nosotros. Utilizó la tecnología que tenía a su alcance para contarnos lo que pasaba, lo que pasaba en aquellos momentos, hace ya tantos años. Puso a su favor a la tecnología. Votó por la tecnología, por el progreso. Y también nos dijo claramente, con aquellas fotos, que uno no puede aprender del futuro. Sólo puede aprender del pasado.

¿Quién fue aquel hombre? No lo sabremos (o tardaremos en saberlo infinito tiempo). Como en otras ocasiones, sólo nos queda su obra. Alguien le obligó a elegir, y él eligió su obra.

Ahora está en una exposición. Espero verla pronto por aquí, porque aquí es donde debería estar. Para que se copie en todos los discos duros (y la SGAE saque pasta) de todos los ordenadores del mundo. Para que se copie la obra. Se copie y se pase gratis. En discos duros, en CD's, en MP4's, en lo que sea. Si viéramos las obras de arte como una especie en extinción, lo mismo nos iba mejor a todos.

El autor de este artículo.

6 de marzo de 2008

La bici

Tengo un cuento -que espero que unos amigos míos me digan cuánto me costaría imprimirlo en forma de librito... de unos 100 ejemplares...- que narra la historia de un niño, muy parecido a mí, y sus paseos en bicicleta. No voy a contar ahora ese cuento, ya lo leeréis cuando tenga forma de libro... Lo que pasa es que mi reciente viaje a París, el blog de un gran bloguero, el Ayuntamiento de Madrid y, principalmente, la actitud de mi hijo, universitario de 4º año de Física, me han hecho pensar en ello, aún más de lo habitual.

La historia, la verdadera historia del ser humano, la de cada uno de nosotros, empezamos a contarla a partir de montar en bici sin ruedines. Una vez conseguido este objetivo, sobrevienen una serie de acontecimientos en la vida de uno que más vale que estés prevenido: mirando palante, en vez de mirar a la rueda. No nos acordamos -yo sí, ya véis-, pero el cerebro nos decía que miráramos abajo, al suelo, en vez de mirar al frente. Y nuestra madre, nuestro padre, o algún amigo -en mi caso, un chico que se llamaba Berna, mucho más mayor que yo-, nos decía que hiciéramos lo contrario de lo que decía nuestro cerebro. Hay cerebros que se resisten más que otros. Porque son cerebros más fuertes. Pero una vez que nos hemos desembarazado -desembarazado- de los inútiles, vergonzosos y malditos ruedines, comienza la etapa más seria de la evolución: la etapa de la autonomía. Se puede ir despacio, se puede parar, se puede ir deprisa (pero te cansas), se puede dar la vuelta y, lo más importante, se puede ver qué hay después. Mucho más tarde -en mi caso, poquitos años más tarde-, viene otra fuente de energía que sustituye a las piernas: la gasolina. Y uno se monta en un cacharro, parecido a aquella vieja primera amiga -en mi caso, con barra y de color azul-, pero mucho más gorda -en mi caso, y desde hace diez años, mucho más, y no os he mencionado aquí nunca la marca de mi moto-.

Después, lamentablemente mucho después, después de mi Cota 49 -si un día os hablo de ella...-, después de mi Cobra, después de ser mod, después de haber traído la Vespa a España -bueno, vale, a España no, pero que os diga mi amigo Fernando cómo bajábamos la Cuesta de La Vega-, después de ir a Los Pingüinos, después de saludar SIEMPRE, durante más de 20 años que llevo en moto, después, hace poco...

Mi hijo me dice que él no quiere una moto. Que lo que quiere es que le dejen ir en bici. Que le dejen ir en bici a la facultad, que le dejen ir en bici a jugar al fútbolsala con sus amigos, que le dejen ir en bici a tomar una caña por la noche, que le dejen ir en bici, que le dejen ir en bici a casa de su abuela, que le dejen ir en bici, que le dejen ir en bici a buscar a su chica, que le dejen ir en bici y quedar con otra chica, que le dejen ir en bici, que le dejen ir en bici a ver un concierto, que le dejen ir en bici a tocar en un concierto, que le dejen ir en bici. Que le dejen ir en bici, por favor.

Como todos vosotros comprendéis, no se lo pide a sus padres.

En los años de la tardoposguerra, aquellos amigos franceses de mis padres eran supermodernos. Además de ser muy cultos, los dos, vivían en un país claramente más evolucionado que el mío. Me di cuenta muy pronto. Luego, cuando pude viajar, desplazarme a ver lo que había después -en este caso, de los Pirineos- poco a poco me he ido engañando, pensando que ya estamos cerca. La gente de París, en bici, paseando por el Sena o tomando una caña -une presiòn- en el barrio latino, va en bici. Pero lo que quería contaros aquí, desde el principio, es que me fijé en sus caras. No estaban paseando. Estaban desplazándose. Iban sonriendo. A trabajar. A ver un amigo. A tomar una caña. A ver un concierto. A tocar -guitarra a la espalda- en un concierto.

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Diego, ¡el casco!.

5 de marzo de 2008

La explosión de la orina

Fue el otro día, en clase de Cono. Estábamos preparando el examen de hoy -acabo de terminar de corregir... y ya son las 7:30-. Pero tenía apuntado aquí en mi papelito el título para contarlo aquí. Para charlar un ratito con vosotros.

Como además, seguro que ninguno de vosotros lo sabéis, aprovecho para seguir haciendo de maestro, que es lo único que sé hacer, y explicaros que la excreción en los riñones se lleva a cabo en tres etapas:

A ver, Ricardo. ¿Primera etapa?.

Ricardo (con el maldito pero necesario aparato dental):
- Filfrafón fe la orina

Exacto, filtración de la orina. Luis, tú, ¿la segunda etapa?

Luis:
- Formación de la orina.

Muy bien. Formación de la orina. ¿Y la tercera etapaaaa...... (espero ver las manos levantadas... de los que nunca la levantan) Pedro?

Pedro:
- Explosión de la orina.

Casi todos:
- JAJAJA, JAJAJA, ¡explosión de la orina!!!....

Uno de ellos, de los de casi todos:
- ¡¡¡¡¡¡Una bomba de meaos!!!!!

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A ver. Ya sé que hacer reír es mucho más difícil. En lugar de "explosión" en el libro pone "Expulsión".

4 de marzo de 2008

Mis alumnas

Leía el otro día un artículo sobre una peli que cuenta la historia de una niña que quiere ir al colegio, pero los talibanes se lo impiden. Una historia que a casi todos, afortunadamente, nos pilla muy lejos. Pero, si pensamos por un momento cuántos años han pasado desde que las clases son mixtas, tampoco han sido tantos. En mi caso, ya os he comentado mi edad, toda mi infancia, incluso aún peor, mi adolescencia, la pasé rodeado de niños. Exclusivamente niños. Primero, en el colegio público General Moscardó, había dos edificios separados para niños y niñas. Luego, en el otro colegio privado donde estuve, de muy mal recuerdo, sólo admitían niños. Era un colegio religioso, de educación católica. Mi primer curso mixto fue en COU, y tampoco soy tan mayor.

(Hoy, en una hora libre, me he subido al campo de fútbol a jugar con los de sexto. A la tercera carrerita por la banda, he sentido un pinchazo un poco más abajo de la ingle. Creo que lo llaman abductor. En fin, menos mal que hoy hay champions...)

Cuando terminé Magisterio -nada más terminar- mi primer trabajo fue en un colegio de monjas. Necesitaban un profesor de Inglés y de Lengua para 6º, 7º y 8º de EGB. Y allí estuve durante mi primer curso como maestro. Niñas perfectamente uniformadas -aunque no de clase alta-, perfectamente peinadas y perfectamente iguales a todas las demás niñas. Además, ni un solo profesor varón en toda la EGB. Todas monjas, o todas profesoras. Por eso recibía notitas como "eres muy guapo", o "nuestro profesor preferido". Puedo decir sin temor a equivocarme que fui el profesor más guapo de la EGB. Y el único.

Aunque no ha pasado tanto tiempo, no sé si valoramos bien aquel error. Yo ahora, no sé qué haría en clase sin mis alumnas.

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Foto del cole de El Tiemblo. Un edificio precioso, que conserva los dos carteles. "Clases de Niños" y "Clases de Niñas".

28 de febrero de 2008

El flecha de Teruel

Esta mañana ha venido una especialista de animación a la lectura, una profesional del tema, no como yo. Hemos juntado las tres clases para poder asistir a su sesión (los de sexto... y las dos clases de quinto), y hemos escuchado su charla con un nivel de atención aceptable. Aceptable ya es mucho, aunque no sé qué pensará ella, porque no he tenido oportunidad de preguntárselo. Sólo he podido decir "gracias" y "adiós". Cuando estás pendiente de que toda tu clase no sea la que más jaleo arme al entrar o salir de un aula, en la que están muchos más niños, no tienes ni un segundo. Ni uno. Por no sé qué extraño elemento competitivo, me daba cierto miedo que le preguntaran a mis alumnos; era como si el que fuera a quedar mal fuese yo, y no ellos. Pero, ante una de las preguntas de Ana -así nos ha dicho que se llamaba-, he visto por el rabillo del ojo -como aquel famoso árbitro de fútbol- a Oualid con la mano levantada. Ni más ni menos que Oualid. En fin, he mirado para otro lado, con la débil esperanza de que no le viera nadie... pero le han visto:

Ana (la animadora-a-la-lectura):
- ... y, al abrir un libro, uno puede llegar a sentir muchas cosas, cosas muy diferentes, muchas cosas... A ver, ¿alguien quiere ponerme un ejemplo?

Uno de los de sexto:
- Aburrimiento

Ana:
- Bien. Es verdad. Como cuando tienes un cd, pero sólo te gustan dos canciones, ¿verdad?
(punto para la animadora)

- ¿Y tú? ¿Cómo te llamas?

Oualid:
- Oualid.

Ana:
(incapaz, como yo al principio, de repetir el nombre)
- Muy bien, ¿y tú, qué puedes llegar a sentir cuando abres un libro?

Oualid:
- Llorar.

Ana:
- Muy bien, claro que sí. Se puede llorar con un libro.

(La charla ha seguido, y yo he respirado tranquilo).

Y, claro, me viene a la cabeza la discusión de siempre. Las historias para niños (o la literatura para niños), ¿deben ser tragedia o comedia?. A mí, particularmente, siempre me han gustado las historias tristes. No sé si por mi condición de culpable nato, o por masoquista (que también podría ser). O, simplemente, porque no tuve la suerte de escuchar o leer otras... a la edad de mis alumnos.

Lista de las cosas más tristes:
(en corto orden cronológico)

1) Cuando mi madre me contaba la historia del Flecha de Teruel.

2) Cuando la pobre mamá Dumbo, alargando al máximo la trompa a través de la reja, no podía acariciar a su pobre hijo.

3) Cuando Oliver Twist duerme la primera noche en aquel agujero de Londres. Y el tío ese tan malo que luego, cuando fui mayor, volví a ver en la portada de Aqualung.

4) La canción El canario, de Jorge Cafrune y Marito. "En lenta y triste agonía, su fiel canario moría, sin comprender la razóoooon..."

5) Luis Enrique, con la nariz ensangrentada por aquel codazo impune -y eso sí que quedó impune- y mi hijo llorando.

6) Las demás, ya me las reservo.

Ah, una última cosa. El Príncipe Feliz, aquel cuento de Oscar Wilde por el que me dieron el premio, es también una historia triste.

27 de febrero de 2008

Hacer pellas

Para futuros maestros:

Uno no se puede permitir hacer reír a los niños. Además de ser un recurso fácil -muy fácil-, pierdes el tiempo en un programa apretado de adquisición de conocimientos (conocimientos, habilidades y destrezas, como se dice en el argot magisteril). Casi siempre, lo que resulta fácil no es interesante, o no es conveniente, o no es aprovechable, o no es bueno. Una sola sesión en la que, por poner un ejemplo, te tires el rollo y juegues con ellos al fútbol en vez de dar Cono, puede suponerte luego semanas extras de trabajo. ¿Por qué? Porque sencillamente, quieras o no quieras, no eres su amigo; ni siquiera eres un colega, aunque quizá os gustaría serlo. Y te cuesta mucho esfuerzo volver a la disciplina necesaria. (Uff, disciplina necesaria). También quizá otro día se te puede ocurrir usar la sesión entera de Lengua para leer, sólo para leer, en vez de continuar con el programa de adquisición de conocimientos, y habilidades, y destrezas. Y encima un periódico escrito por ellos, con errores comprensibles de redacción. (En vez de leer, por ejemplo, a Julio Cortázar).

De todas formas, si un día lo hacéis (convendría que fuera al final de curso), aprovechad vosotros también. El sueldo es una mierda, pero ese día decides tú ser el jefe. El jefe de verdad. Y ese día haces, por fin, unas pellas pagadas por el Estado.

Cuando era pequeño... a la edad de mis alumnos... lo que más me gustaba del Parque de Atracciones de Madrid -y curiosamente lo más barato- eran Los Espejos y El Laberinto.

Hoy, a la hora de Lengua, hemos estado leyendo en papel nuestro 4º número de El Correo de Cadalso (ya maquetado y fotocopiado). He sacado el IMovie y los he grabado a todos leyendo. Lo han hecho genial -mucho mejor que cuando no grabo- y luego hemos visto -y escuchado- el video.

Como era mi cumpleaños -otra vez la mesa llena de regalos. Otra vez. Otra vez el cartel de "Felicidades" en la pizarra. Otra vez todos "escondidos" detrás de la puerta-, me he tirado el rollo. Nos lo hemos pasado tan bien, que nos ha tenido que llamar la atención el profe de al lado. (Le he pedido disculpas después).

He sacado el Photo Booth del mac, y nos hemos puesto a jugar con los efectos. He tenido que dejar que Luisa fuera al baño. Se meaba -literalmente- de la risa.

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Madres, padres, gracias. Me da nucha vergüenza. Intenté evitarlo, pero han insistido. Lo que más me ha gustado ha sido el libro. Las obras completas de Julio Cortázar. No lo tenía, y me encanta.

25 de febrero de 2008

Mi amigo Fernando

Can you hear the drums, Fernando?

Hace muchos años que no te veo, y no sé nada de ti. Lo último que supe es que vivíais en Barcelona, tus dos hijos, tu mujer y tú. Supongo que seguiréis siendo vegetarianos (los cuatro) y que seguiréis viviendo allí. Ayer me acordé de ti -sí, ya sé que era fácil, era tu voz en la tele-, pero, como no me da vergüenza, he decidido escribirte un email aquí.

Aunque mis alumnos quizá no se acuerdan -ojalá se acuerden, no ya de esto, sino de algo-, hace tiempo les hablé de ti. Estábamos en clase de Inglés (en la fase de My taylor is rich, para que te hagas una idea), y les dije que tenía un amigo que era intérprete. Expliqué también la diferencia, para que lo entendieran, entre traductor e intérprete. Y expliqué que trabajabas en la Comisión Europea. Y expliqué que cuando, durante un rato hablando, alguien se reía, que medio segundo después tú te reías también. Que imaginaran lo dificilísimo que era eso. Les expliqué también que, cuando veían en la tele a personas importantes reunidas, y con auriculares en sus cabezas, eras tú quien hablaba. Eras tú quien hacías posible la comunicación. Que eran personas importantes, eso seguro, pero que había también otras personas, igual de importantes, que trabajaban en unas cabinas de cristal, delante de un micrófono.

Lo que no les expliqué, pero lo haré, es que todas esas personas, unidas, formando un corro, constituyen el ordenador más perfecto que los seres humanos hemos sido capaces de fabricar. Les diré que piensen por un momento que, por fin, viene alguien a visitarnos de otro planeta. Ni Bush, ni Zapatero podrían hacer nada sin vosotros. Que lo sepan. (Y que se acuerden).

A mi amigo Fernando, a quien hace años que no veo pero sigue siendo mi amigo -porque fue mi amigo... a la edad de mis alumnos- lo escuché anoche en la tele, en la ceremonia de los Oscars. Iba medio segundo después. De cualquier acento, del norte, del sur. Interpreta en inglés -y en otras lenguas- a cualquier persona del planeta.

Infinito

"Yo soy un hombre sincero,
sin cero y sin infinito
."
J. Sabina

Ya puedes explicar como quieras -un buen reto para futuros maestros- el concepto de infinito, que no lograrás hacerte entender (como lo de ponerse en fila, pero peor). La razón por la que resulta algo muy difícil de explicar es la misma por la que resulta muy difícil de entender: es el concepto abstracto más abstracto que existe (siempre que admitamos que el infinito existe).

Todavía recuerdo a mi profesor de Matemáticas, a la edad de mis alumnos, hablando de ello (no sé cuántas veces sale en este blog la expresión "a la edad de mis alumnos", pero muchas, seguro). Recuerdo que, cuando teníamos oportunidad, le pedíamos que volviera a hablarnos de "lo del infinito". Me encantaba que me hablaran de aquello, y no me importaba no entenderlo: me resultaba fascinante de todas formas. Es más, si lo pienso, creo que me resultaba -y me resulta- fascinante precisamente porque eso no hay dios que lo entienda. Algo puede ser muy, muy grande, pero infinito...

Nosotros usábamos la expresión incluso para responder a un insulto: "Tú eres el más tonto del mundo", "Pues tú, infinito". Podíamos estar repitiendo una misma palabra muchas veces. Pero muchas. (Cuando os hablé de los curiosos procesos mentales que se ponen en marcha a esta edad, me olvidé deciros que un día, a la edad de mis alumnos, estuve casi una hora repitiendo sin parar la palabra "calafatear". Desde Tobarra hasta Murcia. Y mis padres soportándolo.). Pero, aunque repitiéramos muchas veces algo, había una fórmula mágica, tipo Harry Potter, para resolverlo todo. Infinito. ¿Cuántos millones de euros te gustaría tener? Infinito. Un término total, la palabra definitiva. A Ariel Rot le gusta la palabra "gratis" (que no está nada mal, la verdad). A mí me gusta infinito.

¿Cómo es el universo? Infinito.
¿Cuántos años tardaremos en saberlo? Infinito.

_________________
¿Cuántos lectores te gustaría tener?

22 de febrero de 2008

Los sonidos del silencio

¿Qué es lo que os cuento hoy? Lo que me ha pasado hoy. (Está bien, no siempre es así, pero hay muchas veces que sí).

Ya os he comentado -porque admito que quizá me repito un poco-, que empecé a aprender inglés, prácticamente yo solo, con Simon y Garfunkel. Si tenemos en cuenta mi pobre nivel -y más ahora, que hace años que no hablo-, puedo afirmar que ellos, junto con otros músicos, han sido mis mejores profesores en lengua extranjera (Vaya término... Oualid también está estudiando conmigo lengua extranjera, y no es la suya...).

Podría recitar, de memoria -apostándome lo que queráis-, muchas letras completas de sus canciones. Para mí, aquellas dos voces que se mezclaban dentro de mi cerebro, hasta no saber distinguir quién era Simon y quién era Garkunkel, me han resultado muy emocionantes desde aquel primer casete de Decomisos. Además, contaban historias. Historias de amor, de soledad, de melancolía, de un cóndor que pasaba...

Os pongo aquí, -sólo para los que sabéis inglés- , una de las cosas que recito de memoria:

Many is the time I've been mistaken
And many times confused
Yes, and often felt forsaken
And certainly misused
Oh, but I'm alright, I'm alright...

Creo que es la primera vez que escribo claramente un comentario político. Pero no me importa hacerlo. Me ha sentado muy mal que el PSOE tragara con el canon. Sé que tendrán sus razones quienes lo aprueban (y no me refiero a Ramoncín), y estoy seguro que habría gente que sabría convencerme. Pero, lamentablemente, aún no me ha convencido nadie.

Cuando yo grababa aquellos casetes no era un delincuente (ni siquiera yo, que soy culpable nato, tenía la más ligera sospecha). Lo único malo es que la calidad de la grabación era peor. Sonaba peor. Pero claro, si no hay pasta, no hay artistas. De la misma forma que si no hay pasta, no hay maestros.

Ese canon debería pagarlo la iglesia. La Iglesia Católica, me refiero. Y no es, aunque lo parezca, un ataque repentino de un laico; siempre he tenido, y demostrado, mucho respeto. Desde el punto de vista del artista, -me lo imagino, claro, yo no lo soy-, me hubiera gustado cobrar por derechos de autor. Si Simon o Garfunkel leyeran esto, estoy seguro que estarían de acuerdo.

(mientras terminan los ejercicios para que no se conviertan en deberes, saco el ITunes y pongo el concierto en el Central Park).

Algunos:
- Profe, es un concierto. Se oyen las voces de la gente.

- Sí, es un concierto. Mientras coloreáis el esquema, lo escuchamos.

Una de ellas:

- Profe, ¡esa es de misa! ¡Es el Padrenuestro!

21 de febrero de 2008

Yo también soy un culpable nato

Dice Juan José Millás, en El mundo, que él es un culpable nato. Anoté esa frase en su libro -no, en su libro no, en el mío, que lo pagué yo-, porque yo también soy un culpable nato. Hay personas que no, y no son mejores ni peores; en todo caso, los que no son culpables natos, quizá sean un poco más felices. Si no sabéis si sois culpables natos o no, o si nunca os lo habéis planteado, no es difícil saberlo.

Si vais conduciendo y veis a la Guardia Civil, ¿os... preocupáis?. Aunque tenga todo en regla, da igual, yo sí me preocupo -nótese mi manifiesta y demostrada incapacidad para escribir sin palabrotas-. Aunque haya sido muy escrupuloso -como soy- con las normas de tráfico, siempre me preocupo. (A ver si un día me sale por fin un artículo sobre normas y valores de tráfico). No es sólo el temor a que te puedan confundir con un delincuente porque te parezcas a él -porque seas, por ejemplo, calvo...-. Es el temor a que tú mismo seas un delincuente y no lo sepas. De todas formas, tengo amigos que no son culpables natos, y ellos me conocen a mí. Saben que sí lo soy. A los que no sois culpables natos os sorprende nuestra actitud. Pero no somos exactamente cobardes; se trata de otro asunto, algo mucho más profundo. Algo que, tal vez, empieza a fraguarse... a la edad de mis alumnos.

A los diez años empiezas a ser miembro del clan de los culpables natos. Incluso Millás lo cuenta así: él lo es desde que tenía esa edad. Es posible que en la adolescencia -cuando todo se va a la mierda- la cosa cambie, y ya no te sientas un culpabe nato, pero, en el fondo, los que lo somos de verdad lo somos para toda la vida. Cuando te haces la pregunta "¿qué habré hecho mal?" y no obtienes una respuesta clara -clara y contundente-, tienes muchas posibilidades de ser como nosotros, los culpables natos.

(Falta media hora para salir, y Pedro tiene un hipo tan escandaloso que no nos deja leer. Todos se ríen cada... ¿20 segundos?)

BASTAAAA YA, VAAAMOS, SEGUIMOS LEYENDO...

(Pedro no lo puede evitar, y toda la clase, incluido él mismo, a carcajada limpia)

Pedro, dame la agenda. Voy a escribir a tu madre que te has quedado sin recreo durante un mes.

(Silencio total. To tal. Pero no me mola. Es el silencio de Charles Chaplin y su bigotito. Dos o tres segundos donde todos me miran. Y Pedro me mira aún más. Saco mi dedo índice haciendo como que le disparo, y sonrío muy despacio. Como... Indiana Jones, por ejemplo.)

Todos se ríen aún más:

¡¡¡¡¡Ja, ja, ja, ja, ja, ja!!!!! Pedro, ¿a que se te ha quitado el hipo?

Pedro, sonriéndome, y con ese acento tan especial que proporciona el aparato dental:

Sí, profe. ¡Sema quitao!

19 de febrero de 2008

Mi paseo espacial

Es muy difícil, pero lo voy a intentar. Me resulta tan difícil que siempre he pensado que, lo que voy a tratar de contar ahora, sería el tema de mi novela. La que nunca escribiré. Como, al menos de momento, me veo incapaz, quizá sea bueno empezar a contarlo aquí, que al fin y al cabo hay confianza.

Todos los veranos íbamos a un pueblo, a orillas del Mar Menor, llamado Los Nietos (la ese final, en murciano, no suena). Y todos los días, desde que llegaba hasta que, después de dos meses, me iba, estaba en la playa, o cerca de ella (y, por las noches, jugando a la botella...). Y desde cualquier punto, miraras donde miraras, estaba allí. Mucho antes que la Puerta de Alcalá. Aún está allí.

Un día, a la edad de mis alumnos, mi padre compró un pequeño bote. Nuestro primer barco. Era una zodiac, con un pequeño motor fuera-borda de 4 caballos (para que os hagáis una idea, un Vespino. Ah, perdón, que Vespinos ya no hay. Bueno, un ciclomotor). Y otro día, decidimos intentar dar la vuelta a la isla, y volver a casa. Lo decidió él. Tomó la misma decisión que Cristóbal Colón, o las misiones Apolo... incluida el Apolo XIII. Y era más parecido -mucho más- a la nave Apolo. Teníamos que llegar y dar la vuelta. En vez de a la Luna, a la Isla del Barón. Después de estar contemplándola, año tras año, día tras día, noche tras noche, iba a poder ver lo que había detrás. Lo que había detrás es una variante de lo que había después, como alguno de mis amigos comprenderá. Se me hace difícil contarlo con detalle, no sólo por la emoción, sino también por la dificultad de contarlo bien. De explicar con todo detalle cómo me sentí.


7 de la mañana. Mi padre me dijo que había que madrugar si queríamos intentarlo. El mar como un plato. Como un plato de verdad. Y el que no conozca el Mar Menor no sabe lo que estoy diciendo. Y yo, sentado en la proa -la parte de delante-, con la mirada fija en esa torre. La Torre del Barón. Aún está allí.

Y no hubo que llamar a Houston, porque no tuvimos ningún problema. Supe, desde aquel momento, que había sido el paseo espacial más importante de mi carrera.

Y era verdad.

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Esta no es la Leyenda de la Isla del Barón. Quizá algún día seré capaz de escribirla. Quién sabe.

18 de febrero de 2008

Peras y manzanas

Hace días, estaba echando un vistazo a los pocos blogs que suelo leer. Son algunos que he conocido a través de algunos que ya conocía: así se conocen los amigos. He pensado que quizá debería conocer la experiencia de algún maestro/a que también escriba, pero lamentablemente no conozco a nadie. Los temas de los blogs que leo -si es que alguno de ellos, como el mío, tiene algún tema- son muy heterogéneos. Las edades, las profesiones, incluso los países desde donde escriben son también muy distintos entre sí. Sólo somos gente a los que nos gusta escribir y, por tanto leer. O gente a la que nos gusta leer, y, por tanto, escribir. Al menos tenemos claro algo que nos une, y eso ya resulta una asociación. Una pequeña comunidad con intereses comunes. Después de cierto tiempo, y de ciertos comentarios que nos cruzamos, también llegamos a pensar que somos iguales en muchas más cosas. Igual de raros.

Como tengo el coco comido con esto de animar a la lectura -los resultados de velocidad y comprensión lectora son decepcionantes-, estoy pensando en todo esto. En lo de la comunidad de intereses comunes. Ya sé que son pequeños aún, pero... no estaría nada mal que tuvieran la posibilidad de ir empezando a crearla... Y me pregunto si sería posible que naciera así. Sin saber casi la edad, raza, religión ni orientación sexual, de casi nadie. Sólo con nuestro interés por la lectura y por la escritura (o al revés).

Y me acordé de algo que me pasó hace mucho tiempo. En Cannes.

(Sí, era un congreso en Cannes. Donde los famosos del cine, pero no en la misma fecha. Un congreso que se llamaba MILIA. Era, por decirlo de una manera vulgar, el congreso de las novedades en multimedia de Europa. Los primeros años del software. Sólo pc 's y algunos, pocos, macs. No existían aún las videoconsolas. Ni los móviles. Y no me llamo Abuelo Cebolleta, pero os lo voy a contar. Con todo detalle -como estoy haciendo-.)

Habíamos ganado el I Premio Multimedia en París hacía pocos meses. Al día siguiente de llegar a Cannes, teníamos una demo con la directora de una compañía americana (no diré su nombre). Esta mujer decidía cada año los títulos que iban a estar en el mercado USA. Y si, por casualidad, te preguntaba por una posible compra de derechos... tus jefes iban a quedar más que satisfechos. Así que, con toda la concentración y empeño en hacerlo bien, mi mejor traje y mi mejor corbata -todas con dibujos de Mickey Mouse- fui enseñando a la señora directora en qué consistía el programa. Era una versión de dibujos animados de El Príncipe Feliz, de Oscar Wilde. Además de poder elegir entre todas las lenguas del Estado Español, y el inglés, también podías conocer unos pocos datos biográficos de Wilde. En esos datos, como es lógico, no figuraba su orientación sexual.

Termina la demo -una demo de luxe, en el argot, una demo de más de una hora-, y termino de hablar. Ya no sé qué decir. Lo he contado todo, con mi pobre inglés.

Me miró, y dijo:

- Es muy interesante, y técnicamente bien resuelto -era multiplataforma, el mismo CD para mac y windows..3.1-. Además, ya veo que habéis incluido las lenguas de toda Europa -con el nombre de la lengua y la banderita de icono-

(miro a mis compañeros, sigo sin saber qué decir, y empiezo a sudar)

Bueno, son sólo las lenguas de España. Y el inglés. Pero podríamos hacerlo en otras lenguas...

(Me pone algunas pegas absurdas... mientras yo sólo pienso en cómo ha llegado esta tía a ser directora. Entiendo que es raro que un país más pequeño quizá que el estado donde vive, tenga tantas lenguas. Pero es una auténtica metedura de pata. Casi tan grande como las mías.)

- Además, -siguió- no creo que pudiéramos distribuirlo en los Estados Unidos.

(ya derrotado, y decepcionado, pregunto:)

¿Por qué?

- Porque Oscar Wilde no es un autor para niños.


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A estos locos les ha dado por ponerse a leer un libro al mismo tiempo. Cada uno en su casa. Van a leer -están leyendo- De Nuevo, el amor, de Doris Lessing. Lo digo por si a alguien le interesa. Yo, como vivo en el campo, lo compraré el sábado que viene, que voy a Madrid.

15 de febrero de 2008

No tiene palabrotas

escatología2.
(Del gr. σκῶρ, σκατός, excremento, y -logía).
1. f. Tratado de cosas excrementicias.

Debería decirlo aquí con la misma naturalidad con que lo hago en clase. De modo que voy a decirlo, sin más. Hoy voy a hablar de leer haciendo caca.

Fue ayer, en un ataque desesperado -me desespero frecuentemente con ellos- de animación a la lectura. Desde que estudié Magisterio -para que os hagáis una idea de hace cuánto, una tarde, estando ya en el segundo año, nos dijeron que nos fuéramos a casa, que había un golpe de estado...- siempre he escuchado la expresión "animación a la lectura". La verdad es que, como diría el ex-presidente de Anaya, "está muy bien traído". Une la palabra "animación" con la palabra "lectura". Fantástico. ¿Y ahora qué? ¿Cómo se anima a la lectura? Se supone que, una vez terminado Magisterio, aunque no seas un experto, sabes algunas cosillas sobre cómo animar a la lectura. Ahora que son cuatro años en vez de tres, espero que sepáis más cosas sobre cómo animar a la lectura. Cuando mis hijos eran pequeños, mis hijos aprendieron, perdón, se animaron a la lectura (trabajé muchos años en Anaya) con una revista para niños, la colección Leo, leo. (Que creo que es de SM, en fin, las paradojas).

Quizá, para algunos que no hemos llegado nunca a ser Licenciados -y, por tanto, a no poder aspirar a un puesto de Licenciado en la empresa privada-, es decir, para nosotros los maestros, sólo nos de para una cosa. Quizá no sepamos, algunos, no todos, animar a la lectura. Para ser maestro quizá sólo es necesario saber lo importante que es leer.

Leemos en voz alta todos los días. Leemos todo lo que podemos (que no es nada). Y hoy me he visto diciendo (gritando):

¡¡¡¡HAY QUE LEER SIEMPRE!!!! ¡¡¡¡¡TODOS LOS DÍAS!!!! ¡¡¡¡ME DA IGUAL, EL MARCA, EL CALENDARIO, EL LIBRO DE LA BIBLIO!!! ¡CUANDO VAYAS A DORMIR, DESPUÉS DE COMER, DA IGUAAAL

¡¡¡HASTA HACIENDO CACAAAA!!!

14 de febrero de 2008

Una letra de memoria

Hoy, como no os escriba mi árbol... yo no puedo. Tengo que corregir mogollón de exámenes (o exámenes a cascoporro). Pero se me ha ocurrido una cosa (para no escribir). Ya os he contado que un alumno me preguntó por qué quise ser informático... y respondí por escrito porque no supe qué decir. Pensaba el otro día lo siguiente.

- Tenéis diez minutos para hacer los ejercicios. No son deberes, pero si no aprovecháis el tiempo, ya sabéis...

Todos (bueno, casi todos):
- Yaaaa, se convertirán en debereeees...

(Saco el Itunes y pongo...)

Una de ellas:
- Profe, pon las Nanas de la Cebolla, porfa.

- Vale, pero si no hay silencio, no podemos escuchar música

(La busco y la pongo. No tengo altavoces externos. Uso siempre, para todo, los altavoces del mac. Se acaba la canción, y busco otra rápidamente. Es más, para futuros maestros: si la canción está acabando, y están escuchando música al tiempo que trabajan, más vale que tengas preparada la siguiente. Y escuchamos una muy rara que ya conocen ellos: El Parque, de Víctor y Diego. Y en esos dos minutos de paz -dos minutos, como mucho- , me da por pensar qué diría si algún día les da por preguntarme que cuál es mi canción preferida. Por supuesto, no podría -no debería- decir "muchas". Responder "muchas" a un niño de esta edad es perder una oportunidad quetecagas.)

Por si acaso, respondo por escrito a esta pregunta. Ya sé, y vosotros también, que es dificilísimo. Que lo suyo sería poner una lista de veinte. Pero no se puede. Nos piden una. Nuestra canción más preferida de todas.

George Brassens, una de las formas de ser más dulces que he conocido, escribió una canción que tituló "La caza de las mariposas". Un compañero en 3º de BUP tenía un elepé de unos hermanos argentinos, Alberto y Claudina Gambino, que hicieron la traducción -perdón, no sólo la traducción, la recreación exacta- de sus canciones. Aquí os dejo la letra en español.

Por eso decía que se me había ocurrido no escribir hoy. Os dejo con George Brassens.

(Tengo que escribir de memoria. No viene en el Google).

Los pasos ligeros y el ojo avizor,
un diablo de chico en la edad hermosa,
llenaba su boca con una canción
y se iba a la caza de las mariposas.

Al borde del pueblo, hilando en su rueca,
vió a la cenicienta triste y pesarosa.
Le dijo -Buen día, que Dios te conserve.
Si querés te llevo a cazar mariposas-.

Cenicienta, alegre de dejar su jaula,
se puso zapatos y una blusa rosa.
Los dos, de la mano, se fueron contentos
al bosque a cazar a mariposas.

Ellos no sabían que el amor estaba
oculto en la fresca sombra silenciosa,
para traspasar el alma inocente
de los que en el bosque cazan mariposas.

Cuando él se declara, ella dice:
-Creo, no es en el escote de mi blusa rosa,
ni bajo los pliegues de mi falda nueva,
donde encontraremos a las mariposas-.

En su boca dulce que dice "Cuidado"
Él puso la suya, joven y ardorosa.
Y aquel fue el más lindo de los batifondos,
en la historia de las mariposas.

Con fuego en el alma, volvieron al pueblo,
y se prometieron un millón de cosas.
Volver muchas veces al claro del bosque
a cazar de nuevo lindas mariposas.

Pero, mientras se amen, y los nubarrones,
no les traigan penas, tristes, dolorosas,
podremos tranquilas volar en el bosque,
porque ellos no van a cazar a las mariposas.

Esta canción (este poema) debería ser el Himno de GreenPeace.

13 de febrero de 2008

El cuarto número de El Correo de Cadalso

Llevo más de una hora poniendo las fotos... y corrigiendo faltas tremebundas de ortografía.

Ya está listo. El cuarto número del mejor periódico del mundo: El Correo de Cadalso.

Aunque recomiendo su lectura íntegra, es de destacar en este número lo siguiente:

1º Sigue siendo gratis. Pero ellos quieren cobrar 50 céntimos de euro. Lo mismo Polanco empezó así...

2º Cada uno ha elegido libremente el tema de su artículo. Por lo tanto, hay artículos interesantes... y otros artículos también interesantes.

3º En dos de ellos, se menciona el nombre de un personaje que parece proceder de una leyenda urbana... de pueblo. El fantasma de una chica llamada Verónica Jaja, que según me han contando se aparece de vez en cuando envuelta en niebla. Lo mismo J. K. Rowling empezó así.

4 º También hay una magnífica entrevista -y lo digo muy en serio-, a D. Eugenio Muro. El maestro que pone el nombre a nuestro cole. Tuve oportunidad de saludarlo en la fiesta de Navidad. Me gustaría mucho que alguien tuviera el detalle de imprimir la entrevista, y hacérsela llegar. Si, después de jubilado, alguien me trae una entrevista así... apoyaré la nuca en el sofá y pensaré que "lo hice muy bien".
Lo mismo -mi admirado- Iñaki Gabilondo empezó así.

5º Hay también recetas de Polonia. Con todos los ingredientes. Y lo lees y te da hambre. Lo mismo... ¿quién?.... Sí, lo mismo el maestro Arguiñano empezó así.

6º En la sección de deportes, información completa -de varias páginas....- de los resultados de la liga de España y la de Perú. Si os interesa cómo ha quedado algún equipo peruano, no creo que haya mejor publicación en todo el mundo. Lo mismo... jejeje, Manolo Lama. ¡Dale Manolo!

7º Y fiestas de Rumanía, y Oualid que dice que ya escribe y que ya no pinta, y los Carnavales, y...

Mejor que lo leáis.

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Una cosa, se me olvidaba. Sólo falta, de toda la clase, el que nunca ha escrito. Ya sabéis quien es (pero no cómo se llama). Pero hoy ya me ha pedido que le escriba en un papel su nombre de usuario y su password, jejeje...

12 de febrero de 2008

Impasible al alemán

Lo he leído hace poco en Libertad Digital, y no me puedo quedar con las ganas de contarlo.

Hay cosas que uno aprende de memoria, simplemente por el viejo método de repetirlas. Y cuando uno tiene la edad de mis alumnos, es un método particularmente eficaz. Es a esta edad cuando uno comienza a desarrollar una serie de patrones internos de comportamiento que le acompañarán para el resto de sus días; aunque abandonemos algunos al llegar a la edad adulta, -como lo de ir andando evitando pisar las rayas de las baldosas- hay otros que se quedan residentes en alguna parte de nuestro cerebro. Generalmente, este tipo de manías tienen que ver con las matemáticas -hacer multitud de cábalas con los números de las matrículas, contar los pisos del ascensor, etc, etc.- pero otras veces tienen que ver con otras áreas del conocimiento. Lo que resulta más paradójico es que no tienen ningún sentido práctico, al menos aparentemente. Cuando uno ve las cosas desde la perspectiva de los diez años, no sabe por qué aprende las cosas, ni por qué no las aprende. Hay una única forma de que la chispa surja, de que nuestro mundo interior, que no para de analizarlo todo, vea la gran oportunidad de navegar a sus anchas: leyendo. Es así cuando uno comienza a darse cuenta de que no estamos locos, que no somos distintos, que hay otros que también les da por pensar cosas muy raras, de magia, de terror, de fantasía, de drama, de tragedia,... Y es así como uno aprende. Esos otros datos, los que se quedaron allí por aquellas manías, lo único que hacen es ocupar espacio en la memoria (unos pocos bytes), nada más.

En el colegio General Moscardó, barrio de Usera, no había ni un solo chino. Bueno, ni en Usera ni en España. Los únicos chinos que había eran los de la familia china. El padre chino, la madre china, el niño chino y la niña china (creo que también estaban los de el abuelo chino y la abuela china, pero no podría asegurarlo). Y la familia bantú. El padre bantú (con una tibia en el flequillo), etc, etc.

Tengo 4.. bueno, estoy a punto de cumplir 47 años. Y yo he cantado el Cara al sol en el colegio. (Ojalá me sintiera orgulloso de haberlo hecho, pero no lo estoy).

Y sólo he recordado, durante toda mi vida, las palabras "impasible al alemán". Eso era lo que cantábamos (o lo que sólo cantaba yo, nunca lo sabré). Siempre he entendido, y lo sigo haciendo, que equivale a "a los alemanes, ni mirarlos".

Lo digo en serio, de verdad.

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Siempre he contado esta anécdota (aunque no me llamo Abuelo Cebolleta). Y ahora va un periodista de Libertad Digital (César Vidal), y cuenta lo mismo. ¿Habrá estado en el mismo cole que yo?

10 de febrero de 2008

Mi dueño

Mi dueño no escribe hoy, y he decidido aprovechar la ocasión para presentarme. Él os escribe todos los días, pero nunca os ha hablado de mí, nunca ha mencionado en su blog a su mascota. Ya sé lo que estaréis pensando ahora, que las mascotas no hablan, y que, por tanto, tampoco escriben. Pero sí hablamos; hablamos de una forma distinta a los seres humanos, pero también hablamos, porque también somos seres vivos. A largo de los años, muchos seres humanos han estado investigando en nuestra forma de hablar, han intentado diseñar tecnología para traducir nuestro lenguaje, pero lamentablemente siempre en la dirección equivocada. Como resultado de este fracaso tecnológico, ha sido imposible la comunicación entre vosotros, los seres humanos, y nosotros. ¿Cómo es posible, entonces, que lo estemos haciendo en este momento? Os lo explicaré.

Lo más curioso de todo, es que, aunque no os lo creáis, no siempre ha sido así. Lo sé porque me lo contó mi bisabuelo. Es muy mayor, pero todavía le funciona muy bien la cabeza; me contó que su bisabuelo le contó que su bisabuelo le contó que su bisabuelo le contó que al principio de vivir juntos en el planeta, la comunicación entre vosotros y nosotros sí existía. Además, dado que podíamos hablar, nos llevábamos muy bien. Lo que nos interesaba a nosotros era prácticamente lo mismo, y estuvimos habitando nuestro planeta como si fuera nuestro, quiero decir, como si fuera vuestro y nuestro al mismo tiempo. ¿Cómo hemos llegado a esta situación? ¿En qué momento se cortó la comunicación? y, lo más importante, ¿quién cortó la comunicación? Yo sólo puedo responder a esta última pregunta: fuisteis vosotros. No es que yo quiera echaros la culpa ahora, aprovechando que mi dueño no escribe hoy, pero es la pura verdad.

Pero se trata de una emergencia, por eso os escribo. Estoy usando una máquina para poder comunicarme con vosotros. Una máquina que es capaz de traducir nuestro lenguaje al vuestro, pero nunca, ninguno de nosotros, que yo sepa, la hemos usado hasta ahora. Desde que nacemos, una de nuestras principales normas es "No hablarás, ni tratarás con humanos". A diferencia de vosotros, nosotros adoramos a tres dioses: el sol, el agua y el tiempo. Gracias a los tres elementos, hemos estado viviendo aquí desde hace miles de millones de años. He roto la regla para pediros una tregua, y firmar con vosotros un acuerdo de paz. Hablo en nombre de todas las mascotas del mundo. Aunque aún tenemos sol, cada vez tenemos menos agua, y cada vez menos tiempo.

Os enseño aquí una foto de mi dueño. Aunque yo no le pertenezco, a él le gusta que le llame así, y a mí no me importa complacerle. Si nos ponemos de acuerdo, muchos años después de que él haya desaparecido, aún estaré aquí. Venid a verme cuando queráis. El sol, el agua y el tiempo.

8 de febrero de 2008

Por qué quise ser informático

El otro día me lo preguntó un alumno (para madres y padres que leen esto, no soy su tutor. Perdón, para madres sólo. No tengo constancia de que ningún padre lea esto). Aunque lógicamente su nivel de utilización de nuestra lengua es aún limitado, me preguntó:

- Profe, ¿por qué quisiste ser informático?

No dijo "por qué has querido", ni tampoco "por qué quieres". Y, aunque no sepan qué es un lexema, (ni nosotros tampoco), sí sabe, como casi todos los demás, usar la forma verbal adecuada para preguntar lo que quería saber. La verdad es que me lo preguntó hace tiempo, y tuve que improvisar una respuesta. Y cuando en clase improviso una respuesta, hay muchas posibilidades de que me salga una mierda de respuesta, como la que me salió. Tengo un montón de papeles (que reciclo de la impresora), aquí al lado, a la derecha del mac. En ellos, de vez en cuando, escribo a lápiz una frase, o una palabra. Es la lista de posts. (A ver, para todos los demás: un post es un artículo. Da lo mismo llamarlo artículo que llamarlo post. No estoy contra las jergas, ni contra los anglicismos. Pero tampoco soy un talibán.). Y hace ya tiempo que en este papel pone "por qué quise ser informático... y aún no está tachado. Aunque sigo en estos momentos en los que escribo sin tener claro que ya sé responder a eso, creo que puedo intentarlo. El otro día, preparando un viaje a París que haremos mi mujer y yo muy pronto -mi hija me regaló unos billetes de Ryan Air por Navidad-, ella estaba buscando el hotel donde nos alojaremos en internet. Ella en su ordenador (lamentablemente para ella, un windows), y yo aquí con el mac. Y sacó Google Earth. Y vimos la calle donde está el hotel. Y dimos un paseo desde el hotel, en barco, por el Sena. Sólo estaremos el fin de semana, pero Google Earth nos permitió el otro día alargar nuestro viaje. Y que la emoción -ya os hablé de emocionar y ser útil-, no sólo esté en ver a los impresionistas, con ella de la mano. La emoción ya ha empezado.

Eso me ha dado la pista para responder, o tratar de hacerlo. De todas maneras, antes de contároslo, está claro que es mucho más fácil lo que estoy haciendo ahora, responder por escrito, una vez que has pensado sobre ello.

Me ha pasado muchas veces desde aquel día, con mi padre, en 1984, pero aquella fue la primera vez. Él mismo se apuntó a un "curso de ordenadores" para adultos en el cole de mi hermana, y sufrió lo indecible con el BASIC. Y un día vimos a aquel tío dibujar con el ratón. Ni siquiera sabíamos que se llamaba ratón. No es que quisiera ser informático. Me volví loco -tal como reza la cabecera de este blog-, y abandoné mi condición de funcionario para trabajar en Apple (luego, cuando ya había pasado la eterna selección, me dijeron que era para vender ordenadores...). Y como no quería vender ordenadores, empecé enseñando a manejarlos. Volvía a ser maestro. Y cuando mis compañeros ya sabían, mejor que yo, manejar el Quark, pedí permiso a mis jefes para dedicarme a hacer programas. Programas educativos.

Pero, si lo pienso, fue por un libro que leí, en inglés, aquel verano. Un libro que se titula "De Pepsi a Apple". La historia de un tío, que tiene la misma edad que yo, que lo que le molaba era cambiar el mundo.

Pues eso, yo quise ser informático para cambiar el mundo.